El desafío omnipresente
“No es el más fuerte el que sobrevive, tampoco es el más inteligente el que sobrevive. Es aquel que es más adaptable al cambio”; si bien Charles Darwin empleó esta frase para referirse a su teoría de la evolución a través de la selección natural, bien podemos aplicarla al ámbito de las ideas que estructuran a la Defensa Nacional.
El análisis de la historia militar permite identificar al cambio como una constante que, resultado de la aplicación de los avances tecnológicos en su esfera de incumbencia, permitió la concepción de nuevas y a veces, revolucionarias técnicas, tácticas y conceptos de operaciones militares cuyo empleo dio una amplia ventaja al bando que las puso en práctica.
Existen variados ejemplos que materializan esa constante; como lo acontecido con la sustitución de la infantería legionaria por la caballería luego de la batalla de Adrianópolis (año 378), el uso generalizado de la pólvora a partir del siglo XIV, la aparición del acorazado durante la Batalla de Hampton Roads (1862); en el siglo XX, la aparición del binomio tanque – avión como concepción superadora de la guerra de trincheras de la Primera Guerra Mundial, la electrónica aplicada a los sistemas de armas, el debut del misil antitanque, el antiaéreo y el antibuque durante la guerra de Yom Kipur, el concepto de armas combinadas, el de operaciones de información para influenciar a la opinión pública y las recientes operaciones de multidominio.
En todos los ejemplos expuestos destaca la creatividad del hombre; esa capacidad que, sustentada en la experiencia y en el conocimiento de la tecnología de cada momento histórico, origina una idea, un concepto, una noción o un esquema que parte de una aproximación no convencional al problema a resolver y a partir de la cual, se produce un cambio, una transformación que proporciona, al mismo tiempo, una ventaja relativa. En este proceso creativo adquiere suma importancia el profundo estudio y reflexión de la realidad para poder, ahora sí, emprender el camino de su transformación.
En el contexto presente de la cuarta revolución industrial, caracterizado por los vertiginosos avances en robótica, inteligencia artificial, cadena de bloques, nanotecnología, computación cuántica, biotecnología, internet de las cosas, impresión 3D y vehículos autónomos, las fuerzas armadas enfrentan el desafío perpetuo de adaptarse al vertiginoso cambio tecnológico de hoy haciendo uso de aquellas tecnologías que puedan otorgar la indispensable ventaja, a sabiendas que no hay lugar para modelos que se pretendan perdurables.
Tendencias de conflictos recientes
Ya entrados en la tercera década del siglo XXI, el intensivo uso de la tecnología en los conflictos armados se muestra en forma desembozada. Las campañas que la República de Turquía ha realizado en el norte de Siria y Libia y el conflicto que enfrentó a la República de Armenia y Azerbaiyán por Nagorno Karabaj ejemplifican con nitidez un cambio de paradigma.
En los conflictos mencionados, el empleo de enjambres de drones le ha dado al bando vencedor una clara superioridad militar; en el caso de la defensa de Trípoli (Libia) la combinación drones / defensa aérea / artillería / guerra electrónica le otorgó a las fuerzas turcas una ventaja tal que forzó conversaciones directas entre los presidentes Erdogan y Putin y el posterior establecimiento de un alto el fuego en tiempo abreviado.
El concepto de operaciones y la doctrina empleada por Turquía tanto en Siria como en Libia y la azerí puesta en práctica en Nagorno Karabaj sugiere algunas de las “marcas de éxito del futuro” mencionadas por Steven Metz en su obra publicada en abril del 2000 - Conflicto Armado en el Siglo XXI: La Revolución de la Información y la Guerra Post-Moderna. Son ellas; velocidad (“Las fuerzas armadas que puedan moverse y tomar decisiones rápidamente tendrán ventajas inherentes”), precisión (“la precisión tiene múltiples facetas y dimensiones - físicas y psicológicas”), buscar y esconderse (“Los ejércitos exitosos serán aquellos que sean mejores para encontrar a sus enemigos antes de ser encontrados por ellos”), reorganización (”no sólo se requieren nuevas tecnologías, sino nuevos conceptos de operaciones y organizaciones. Los ejércitos del futuro más exitosos serán aquellos que emprendan una reevaluación sobre “pizarras en blanco” de sus conceptos y preceptos organizativos”), relaciones cívico militares (“estables y saludables para facilitar el mantenimiento del apoyo a las FF.AA”), controlar la asimetría (“Aquellas fuerzas armadas que comprendan las asimetrías -superándolas o moderando sus efectos - lograrán el éxito”), adaptación a los cambios tecnológicos (“La capacidad de aceptar y capitalizar la tecnología emergente será un factor determinante para alcanzar el éxito en los futuros conflictos”). Dada la proximidad temporal de los conflictos mencionados no es posible establecer si lo mencionado por Metz de, anticipar la segunda y tercera ola de efectos (“Cualquier innovación, ya sea el desarrollo de nuevas tecnologías o la creación de nuevas organizaciones y conceptos de operaciones, debe ser evaluada por sus consecuencias políticas, sociales, culturales, éticas y ramificaciones legales”), ha sido concienzudamente analizado.
Una de las principales lecciones aprendidas del empleo de drones en las campañas turcas de Libia y Siria nos muestra que el diseño y producción local de los distintos tipos empleados (resultado de años de I+D solventada por el estado turco, que orienta el desarrollo tecnológico a partir de sus necesidades nacionales) permitió el oportuno incremento de la producción para hacer frente a la demanda de cada conflicto y disponer de piezas de repuesto en forma casi inmediata; sumando a ello, la capacidad de exportación al mercado internacional y el empleo de mano de obra local.
Resulta imperioso resaltar en este punto, un tema técnico; un drone resulta de combinar una aeronave y diferentes sensores y periféricos; esa sumatoria, lo definen como tal. Si consideramos que lo distintivo de un drone está velado a la vista (sistemas optrónicos, radar, guerra electrónica, inteligencia dada por su capacidad de procesamiento y capacidad de comunicación) podremos apreciar la tensión existente entre la capacidad portante y de energía de la aeronave y el tamaño, peso y potencia eléctrica requerida por los sensores (SWAP- Size Weight and Power por su denominación en inglés), buscándose siempre disponer de mayor cantidad de sensores a igual capacidad portante y autonomía de la aeronave.
En la capacidad de disponer de sensores cada vez más pequeños con las mismas o mejores prestaciones es donde transcurre la carrera tecnológica actual y en donde resulta clave, por su aplicabilidad directa, la experiencia obtenida en la construcción, puesta en órbita y operación de satélites, concepto este a ser retenido por el lector.
Primero el análisis de los riesgos, luego el concepto, y finalmente ajustar los medios
A nivel local, la próxima publicación de la nueva Directiva Política de Defensa Nacional (DPDN) dará inicio a un Ciclo de Planeamiento de la Defensa Nacional; ese documento brindará un análisis de las tendencias estratégicas de los escenarios mundial y regional y de su impacto sobre nuestros intereses nacionales permitiendo así, la identificación de los desafíos, las oportunidades, las amenazas y los riesgos de la Defensa Nacional.
Una vez recibida la DPDN, el Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas formulará su Directiva para la Elaboración del Planeamiento Estratégico Militar (DEPEM), documento clave y herramienta indispensable para articular la DPDN con el Planeamiento Estratégico Militar. En él se explicitarán los distintos criterios orientadores, conceptos y directivas necesarias para profundizar estudios. Es en éste último punto en donde se observa la conveniencia de analizar e incorporar experiencias de los recientes conflictos de Siria, Libia y Nagorno Karabaj con el fin de sacar conclusiones útiles que orienten el proceso de creación de un concepto de operaciones propio que emplee y explote el potencial de las tecnologías resultantes de la cuarta revolución industrial.
El empleo de distintas configuraciones de drones junto a sistemas de comando y control y otros sistemas de armas podrá conformar un concepto de operaciones que permita la efectiva vigilancia y control del territorio nacional terrestre, marítimo, aéreo y fluvial; así como las áreas marítimas jurisdiccionales argentinas y espacios de interés del Atlántico sur. La interoperabilidad, la conectividad integral, los sistemas de mando y control conjuntos se vislumbran claves de tal concepto.
La concreción de tal concepto de operaciones requerirá el ejercicio un amplio y profundo debate que, aunado a la posterior experimentación, permitirá lograr el ajuste del proyecto. En ese camino se vislumbra a la Escuela Superior de Guerra Conjunta como artífice de tan ardua tarea cuyo propósito es, en definitiva, disponer de fuerzas armadas modernas. Para ello habrá que despojarse de ideas y doctrinas que nos hacen correr el riesgo de convertirnos en un instrumento militar del pasado. Durante el proceso a desarrollar resultará útil tener presente dos frases siempre vigentes; “Lo único más difícil que obtener una nueva idea en la mente militar es sacar una vieja” (Basil Liddell Hart) y “Los tontos dicen que aprenden de su experiencia. Yo prefiero beneficiarme de la experiencia de los demás” (Otto von Bismarck).
La implementación del concepto de operaciones diseñado, requerirá la formación de personal capacitado y la obtención de medios especializados; todo ello a ser incorporado al Plan Militar de Mediano Plazo a materializarse, con el único propósito de encauzar los esfuerzos para el logro de efectivas capacidades militares que nos permitan defender nuestros intereses vitales.
El futuro en nuestras manos
La Nación Argentina se encuentra hoy ante la oportunidad de erigir una sólida política de estado en torno a la Defensa Nacional. Sobre esa posibilidad confluyen varios factores; la demanda de disponer de sistemas de defensa ajustados al estado de arte al considerar que los disponibles contienen tecnologías de la década de 1970/1980; el impostergable inicio de un nuevo ciclo de planeamiento de la Defensa Nacional con la publicación de la DPDN en donde será clave la determinación de amenazas y riesgos; una matriz de planeamiento consolidada y ejercitada para la generación de planes de corto, mediano (equipamiento) y largo plazo (I+D); la total comprensión de los cuadros militares de las ventajas de la acción militar conjunta, activo resultante de un esfuerzo educacional iniciado hace más de una década; la materialización de un horizonte de financiamiento previsible con la promulgación de la Ley Nº 27.565 (Fondo Nacional de la Defensa), la comprensión plena de la importancia del espacio geoestratégico conformado por la Patagonia Argentina, el sector Antártico, el Atlántico Sur y las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur y la capacidad tecnológica local como la brindada por el Instituto de Investigaciones Científicas y Técnicas para la Defensa (CITEDEF) e INVAP, entre otros.
Esos factores, favorables por cierto, junto a las experiencias foráneas ya mencionadas, permitirían adaptar el empleo de las Fuerzas Armadas (disuasivo o efectivo) al siglo XXI; objetivo que para ser alcanzado requiere la materialización de un concepto de operaciones que, al erigirse sobre tecnologías avanzadas, permita las ejecución de operaciones en todos los dominios (ciberespacio, espacial, cognitivo, marítimo, aéreo y terrestre) donde transcurriría el conflicto armado actual y futuro; una vez delineado tal concepto, se podrá orientar el presupuesto disponible de manera consecuente y así, invertirlo en disponer capacidades hoy inexistentes aunque posibles de obtener en el mediano plazo por nosotros mismos; todo ello, con el beneficio colateral de contribuir al desarrollo nacional a través del empleo de nuestra mano de obra, la promoción del I+D y la producción local, particularmente de proyectos tecnológicos complejos. Sería éste, entonces, un camino posible para lograr una mayor integralidad en la defensa de nuestros intereses.
Abonando lo mencionado y en relación a la tecnología y a proyectos locales, cabe destacar que contamos con INVAP, empresa con logros probados en tecnología satelital y en las obtención de soluciones en sensores y comunicaciones potencialmente aplicables a drones, como los proyectos “Sistema Aéreo Robótico Argentino” (SARA) Clases II y III que, si bien discontinuados, representan una valiosa fuente de experiencia para una eventual reformulación adaptada a la imperiosa necesidad de controlar el Atlántico Sur y RUAS-160 (dron de ala rotativa embarcado, actualmente en desarrollo); todos productos posibles de disponer a la hora de concretar un concepto de operaciones y doctrinario que considere su empleo de manera conjunta. En este camino, no menor es la sociedad mixta INVAP / Turkish Aerospace Industries que puede brindar un valor agregado superlativo a éstos proyectos.
Para finalizar; debemos repensar y crear conceptos de operaciones y doctrinarios que incorporen nuevas tecnologías para lograr una eficaz defensa de nuestros intereses vitales; al abordar esa empresa debemos recordar, de forma motivadora, la validez indiscutida del axioma militar que reza “no hay guerra parecida a la anterior”.
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