
A comienzos de la pandemia del coronavirus sorprendía el bajo nivel de infectados por el Covid-19 en el continente africano. No obstante, en las últimas semanas el número de infectados fue creciendo rápidamente. La gran mayoría de ellos importados de China y Europa.
Al 20 de marzo son más de 30 los países que han reportado casos -con muertos en algunos de ellos- y cuyos gobiernos han tomado diferentes medidas de aislamiento, cierres de frontera y prohibiciones.
El impacto del virus en el continente se sigue con mucha atención, ya que su expansión, particularmente en el África subsahariana -con más de 1000 millones de personas-, puede acarrear consecuencias muy severas.
Muchos de estos países cuentan con sistemas sanitarios extremadamente débiles y una gran cantidad de población afectada por el HIV, tuberculosis y otras afecciones.
Por otra parte será muy difícil mantener la distancia social. ¿Cómo se les pedirá a las pobrísimas poblaciones rurales lavarse las manos cuando no tienen agua o lavarse con gel cuando no cuentan con recursos para comprar comida?
Conforme a lo expresado por el director del Programa de HIV de la provincia de Kwazulunatal, al Sur de Sudáfrica (la que enfrenta el más alto índice de HIV), todavía no existe un número significativo de infectados, pero solo puede tomar algo de tiempo para que el virus ataque las poblaciones más vulnerables. Por lo cual opina que será inevitable una epidemia substancial. Al respecto, la semana pasada la Academia de Ciencias de Sudáfrica alertó que las personas que viven con HIV tienen ocho veces más posibilidades de contraer neumonía causada por el virus.
El director general de la OMS, el etíope Tedros Adhanom, lanzó un llamado a los países africanos el pasado 19 de marzo para que “despierten”, alertando que probablemente hay numerosos casos no detectados.
En relación a la pandemia que mundialmente nos aflige y particularmente respecto a países africanos, cabe recordar la experiencia del Ébola que seis años atrás devastó África Occidental con significativos costos humanos y económicos, que podrían haber sido menores.
Como lo expresó la Dra. Adaora Okoli, médica nigeriana superviviente del Ébola, a causa del virus fallecieron aproximadamente 12000 personas. En un principio las Naciones Unidas movilizaron 15 millones de dólares a través del Fondo Central de Respuesta de Emergencia (CERF). Para agosto de 2014 el costo era de 70 millones y con 700 nuevas muertes ascendió a 1000 millones. Finalmente, en septiembre de 2014 la ONU creó la Misión de Respuesta de Emergencia del Ébola (UNMEER). Para febrero de 2015 se habían desembolsado solo 1000 millones de dólares de los 2,89 mil millones prometidos.
Conforme la Dra. Okoli, la epidemia dejó en evidencia que raramente funciona la recaudación de fondos, por lo cual propone un “fondo separado de ayuda de emergencia” separado del CERF para afrontar brotes de enfermedades y con financiación continua de países donantes, ONG y agencias de las Naciones Unidas.
Expresa la Dra. Okoli que su propuesta no es un asunto de caridad sino de autopreservación.
Esta propuesta parece válida y no solo en relación a África.
Es muy importante que la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA por sus siglas en inglés) de la ONU, responsable de la coordinación de las respuestas a emergencias, que gestiona el CERF y que cuenta con oficinas regionales en muchos países acuerde e implemente con urgencia, en conjunto con la OMS, el Programa de las Naciones Unidas sobre el HIV/SIDA (ONUSIDA) y otras Agencias de la ONU competentes, las medidas más apropiadas para combatir el Covid-19 y sus consecuencias. Sabemos que los virus no respetan fronteras nacionales y se desplazan con extremada rapidez.
Cabe recordar por otra parte, que la Comisión de las Naciones Unidas para África (CEPA) estima que el impacto del Covid-19 podría afectar gravemente el sostenido crecimiento económico que viene experimentando el continente africano; por la alteración de las cadenas de suministros mundiales, la interconexión con las economías europeas, de China y de Estados Unidos, socavadas por el coronavirus, la caída de las exportaciones de petróleo, el envío de remesas y el turismo.
En este escenario, África, según la CEPA, deberá revisar sus presupuestos para aumentar sus partidas de salud en 10.600 millones de dólares.
El autor es diplomático argentino, fue embajador en Nigeria y Filipinas y es director del Comité de Asuntos Africanos del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI)
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