Algunos sostienen en estos días que el dilema es "ajuste o crecimiento". Veamos. En situaciones en las que se gasta de más (déficit) en relación con lo que se produce (PBI), el equilibrio puede lograrse bajando el gasto o subiendo la producción. No hay manera de decir a priori cuál de los dos caminos es mejor porque depende de las circunstancias. Para llegar al mejor resultado se puede hacer una cosa, la otra o ambas, dependiendo de las circunstancias.

Hay quien sostiene que siempre que se aumenta el gasto, aumenta la producción. Eso no es siempre así, obviamente, pero además hay circunstancias en las que gastar más que lo que se produce no es posible, como cuando el país no tiene crédito, como le pasó a la Argentina en 2018, cuando el crédito se cortó. En ese caso es inútil teorizar sobre si conviene endeudarse más para hacer mayores gastos.

Otras veces no conviene tomar crédito aunque esté barato en el presente, si se considera que los intereses van a ser más altos e impagables en el futuro, cuando se prevea refinanciar vencimientos de capital, por ejemplo.

Distinta es también la situación cuando hay estabilidad, inflación o deflación. Con deflación (caída del nivel general de precios), Keynes aconsejaba aumentar el crédito o emitir billetes. Pero la medicina no puede ser la misma si en lugar de deflación hay inflación. En este último caso, los nuevos billetes sólo desvalorizan a los viejos y el resultado es que la cantidad de moneda real baja en vez de subir y eso genera recesión y más inflación.

Keynes fue un duro crítico de las políticas llamadas "de austeridad", esto es, de baja de gasto, cuando ellas destruían riqueza. Eso pasaba con las penas que los países victoriosos de la primera guerra le impusieron a Alemania. Keynes sostenía que destruir la economía alemana con penalidades impuestas desde el exterior no sólo iba a perjudicar a Alemania, sino también a los países victoriosos que debían comerciar con Alemania. El secreto era y es poner todas las fuerzas y recursos del lado de la producción, aunque para eso hay que tener recursos.

Cuando no se pueden emitir billetes porque hay inflación, ni aumentar los impuestos porque hay una presión impositiva y un gasto público no productivo récord y no se tiene crédito, como es el caso argentino, la alternativa no es "ajuste o crecimiento". La alternativa sigue siendo, como decía Keynes, poner todos los recursos disponibles del lado de la producción, pero eso puede implicar bajar gastos no productivos del Estado para pasarlos al sector más dinámico y productivo. Esa baja de gasto no genera entonces un "ajuste", sino una expansión económica. Que un político gaste más contratando un ñoqui no genera riqueza; que un señor tome un empleado para producir, sí. No todo mayor gasto implica crecimiento.

Pero esos no son los únicos recursos disponibles. Cuando hay inflación alta, muchos recursos quedan inactivos. Esos son los ahorros que se guardan "debajo del colchón" o se depositan fuera del país y que son producto de la decisión de huir de los pesos que se desvalorizan para cambiarlos por dólares. ¿Cómo crecer con estos recursos? Sólo creando confianza, para que la gente vuelva a ahorrar en pesos. Eso disminuye la inflación (aumenta la demanda de pesos), aumenta el crédito productivo bajando las tasas de interés, genera inversión y empleo. Entonces, el dilema austeridad o producción, ajuste o crecimiento, en una situación inflacionaria, con altos impuestos y sin crédito externo, como en nuestro caso, creo que sólo se resuelve en favor del crecimiento si volvemos a construir una moneda en la que se pueda ahorrar en el largo plazo; una moneda que no se desvalorice. El mayor crecimiento posible viene así de crear expectativas firmes sobre una baja dramática y sostenida de la inflación.

La estabilidad, además, motoriza rápidamente inversiones reprimidas, de gente que no invertía en producir porque se escapaba hacia el dólar o porque no podía prever el futuro. Una desinflación creíble y sostenida no es ajuste. Es crecimiento. También es crecimiento complementar lo anterior con otras políticas que ya se están implementando, tales como construir infraestructura para bajar el costo argentino, abrir mercados externos para que los argentinos puedan vender sus productos, bajar impuestos, combatir mafias de todo tipo, fortalecer el estado de derecho y simplificar trámites o quitar trabas estatales innecesarias. ¿Eso sería ajustar? No. Eso es crecer.

* El autor es el Presidente Provisional del Senado de la Nación