6, 7, 8. Se inició el conteo. El día de la bestia se aproxima. ¿Qué catástrofe asoló a la Argentina que en un siglo y medio la educación pasó de las manos de Sarmiento a las de Roberto Baradel?

6, 7, 8. Se acerca el día más aciago. El 6 de marzo deberían comenzar las clases. Sin embargo, esa será la fecha del inicio de la campaña presidencial de Cristina Kirchner, quien, a no dudarlo, se presentará como candidata en las elecciones de octubre.

6, 7, 8 son los tres números que sintetizan el relato de una década. 6, 7, 8 son las fechas con las que Baradel amenaza inaugurar la huelga en el inicio mismo de las clases.

6, 7, 8. Intentemos en tres pasos reconstruir la cronología de la tragedia nacional. En el siglo XIX Domingo Faustino Sarmiento pensó un país antecedido por un proyecto educativo. La educación venía no solo a alfabetizar, sino a hermanar en una cultura común a los hijos de los inmigrantes con los hijos de las poblaciones rurales y urbanas. La identidad del país estaba determinada por la matriz de la educación como la principal política de Estado. Eran tiempos de civilización. Pero —6, 7, 8—, notable diferencia, a comienzos del siglo XX, la balanza volvió a inclinarse para el lado de la barbarie. Durante el kirchnerismo la política no estaba subordinada a la educación, sino que la primera política de Estado fue el saqueo.

Durante la presidencia de Sarmiento se crearon escuelas, jardines de infantes (Argentina fue uno de los primeros países del mundo en adoptarlos), escuelas normales y de oficios. Desde el primer censo que llevó a cabo Sarmiento como presidente hasta mediados del siglo XX, el porcentaje de analfabetos bajó del 87% de la población al 13 por ciento.

Sarmiento fue el precursor de una generación que habría de impulsar sus ideas en contra del poder eclesiástico. Los exponentes de la generación del 80, detrás de sus pasos, creyeron en la capacidad transformadora de la educación. Julio A. Roca logró promulgar la ley 1420 de educación laica, gratuita y obligatoria que no había podido sancionar Sarmiento por la oposición de la Iglesia. Aquella generación nos dejó escuelas que son verdaderos palacios para las clases populares, como nunca más se han vuelto a construir.

La decadencia política de este país se inició en 1930 con el golpe de Uriburu. Una de las primeras medidas de aquella dictadura consistió en retrotraer la educación y regresarla a los comienzos del siglo anterior. Se intentó eliminar el laicismo y los sectores más conservadores dominaron el Consejo Educativo, se cambiaron los programas de estudio y se volvió más de cincuenta años en la historia.

El golpe de Edelmiro Farrell, en 1943, en plena Segunda Guerra Mundial, significó el ascenso de Juan Domingo Perón como secretario de Trabajo. Y llega el segundo y brutal retroceso: se restablece en las escuelas públicas la obligatoriedad de la enseñanza religiosa. Luego, durante los gobiernos de Perón, la educación se orienta a la formación del "ciudadano justicialista". Y entonces, 6, 7, 8, la educación es reemplazada por el adoctrinamiento y la veneración del líder y su esposa, tal como hicieron todos los regímenes fascistas de la época.

La idea de moldear la cabeza de los alumnos desde la escuela no es nueva ni fue invento del kirchnerismo. 6, 7, 8, los dibujos de los niños de jardín de infantes adoctrinados en una escuela de Moreno, que mostraba con sus trazos infantiles a gendarmes mientras secuestran y torturan a Santiago Maldonado, se inspiran en esa misma tradición totalitaria.

Mientras el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires implementó el Proyecto Escuelas del Futuro, los sindicatos docentes que siguen a Baradel insisten en destruir la educación pública reduciendo de facto el año lectivo como harán desde el 6, 7 y 8 de marzo próximos.

Recordemos que quienes se oponían a la Escuela del Futuro tuvieron la brillante idea de estimular a sus hijos y alumnos a tomar los colegios durante meses, hasta que, finalmente, debieron levantar las tomas porque en el Nacional Buenos Aires un alumno mayor de edad violó a una chica de 14 años. Este hecho aberrante no contó con el apoyo de ningún colectivo, ni con la condena de las agrupaciones políticas que promovían las tomas. La dirigencia de La Cámpora ocultó este episodio trágico de igual forma que silenció los abusos dentro de esa misma agrupación denunciados por las propias militantes. El Proyecto Escuelas del Futuro, tan resistido por la "progresía", busca preparar a los alumnos de cara a una salida laboral. Desde que se implementó este plan de estudios, los padres hacen colas y exceden los cupos para anotar a sus hijos en este proyecto. Pero estos mismos sindicatos van en contra de las necesidades de la sociedad.

Los científicos en pedagogía intentan sacar conclusiones de las pruebas Aprender, pero, 6, 7, 8, las agrupaciones sindicales docentes llamaron masivamente a boicotearlas con el argumento descabellado de que esas evaluaciones se usarían para cerrar escuelas y privatizar la educación. En rigor, lo único que pretenden es ocultar la falta de preparación de muchos de los propios docentes. Se oponen, también, a un sistema superior universitario de formación docente.

6, 7, 8. El día infausto se aproxima. Analicemos los resultados y las motivaciones políticas de Baradel y compañía. Entre 2006 y 2016 se perdieron 110 días de clase por paros, es decir, el equivalente a medio año lectivo. Los alumnos bonaerenses tuvieron medio año menos de clase en diez años.

Durante el conflicto que protagonizaron Cristina Kirchner y Daniel Scioli en 2014, los sindicatos que responden a Baradel declararon 20 días de huelga. Sin embargo, 6, 7, 8, en el año electoral de 2015, como no era conveniente boicotear al candidato peronista, entonces no hubo ni un solo día de paro. Luego, durante el Gobierno de Mauricio Macri, Baradel se convirtió en el elegido para limar la popularidad de María Eugenia Vidal: 17 días de huelga en 2017. Y 2018 tuvo el récord con más de un mes, contando los días lectivos de paro.

Ayer hemos sido testigos del nivel de educación que exhibieron los legisladores de la oposición. Los insultos, los gritos y la falta de respeto a las instituciones de la República demuestran de manera palmaria cuál es el modelo educativo que proponen.

Ahora bien, ¿quiénes son las principales víctimas de la prepotencia del señor Baradel y el sector político al que pertenece? Ni Vidal, ni Macri, ni ningún otro funcionario. Las únicas víctimas son, como siempre, los chicos. En síntesis: 6, 7, 8. El número de la bestia se aproxima.