El precio del euro en Colombia cerró la jornada del 12 de marzo de 2026 en un promedio de $4.263,86, lo que representó una caída de 1,71 frente al día anterior, equivalente a una variación diaria de -0,04%. Durante la sesión, la divisa europea alcanzó un máximo de $4.296,1 y un mínimo de $4.239,55, reflejando una volatilidad moderada en el cruce EUR/COP.
Si bien no se registraron máximos históricos, el alza en su valor responde a una combinación de factores internacionales, como las expectativas sobre la política monetaria en Estados Unidos y la inestabilidad en los mercados globales, junto con elementos locales que influyen en la oferta y demanda de divisas. En las casas de cambio, el euro se cotizó en un rango de $4.360 para la compra y $4.530 para la venta.
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En la última semana, el euro anota un descenso 1,55% y en términos interanuales mantiene aún una bajada del 9,38%.
Comparando este dato con el de días previos, invirtió el resultado de la sesión previa, cuando finalizó con un incremento del 0,14%, demostrando que es incapaz de establecer una tendencia. En los pasados siete días la volatilidad es superior a los números conseguidos para el último año (16,8%), así que el valor experimenta mayores variaciones que la tendencia general.
Análisis de mercado cambiario
Las presiones sobre el Euro se intensifican en un escenario global marcado por el encarecimiento abrupto de la energía. El repunte del petróleo, con el Brent nuevamente cerca de los USD100 y el WTI rondando los USD95, altero las previsiones inflacionarias en Europa y reconfigurado las expectativas de política monetaria. La Agencia Internacional de Energía redujo de forma significativa la proyección de crecimiento de la oferta global de crudo, reflejando la magnitud de las interrupciones en el suministro. Para la eurozona, este shock energético elevó la inflación prevista por encima del 3%, lo que obliga al Banco Central Europeo a considerar un sesgo más restrictivo, con altas probabilidades de incrementos de tasas hacia mediados y finales del año.
En paralelo, el crecimiento europeo mostró señales de fragilidad. Alemania, motor industrial del bloque, ajustó su estimación de expansión económica hasta alrededor del 0,8%, condicionada principalmente al comportamiento de los precios energéticos. La combinación de costos de producción más altos y demanda externa moderada alimenta el riesgo de un crecimiento cercano al estancamiento. Sin embargo, un ambicioso paquete fiscal orientado a infraestructura y defensa cercano a un billón de dólares podría amortiguar parte de la desaceleración al estimular la inversión pública y sostener el consumo interno.
La coyuntura en el Reino Unido refleja tensiones similares. El impacto del conflicto en Oriente Medio sobre los precios de la energía elevó las expectativas inflacionarias y reactivó las apuestas de endurecimiento monetario. El mercado anticipó un incremento de tasas hacia finales del año, aunque la debilidad del consumo doméstico limita el margen de acción. Esta fragilidad se hace evidente en el sector inmobiliario, donde el balance de precios de vivienda cayó significativamente, reflejando un deterioro en la confianza de compradores y promotores.
Mientras tanto, la economía estadounidense enfrenta su propio conjunto de desafíos. El aumento persistente de los precios energéticos y la continuidad de presiones inflacionarias reducen la probabilidad de recortes de tasas por parte de la Reserva Federal. A esto se suma un clima comercial más agresivo, con investigaciones arancelarias orientadas a contrarrestar lo que Washington considera sobrecapacidad industrial en otras economías. Esta combinación de política monetaria restrictiva y fricciones comerciales refuerza la volatilidad global, condicionando el comportamiento de monedas y flujos financieros.
En Asia, China mantiene un dinamismo comercial considerable. Durante el primer bimestre del año, las exportaciones y las importaciones registraron incrementos significativos, lo que demuestra la resiliencia del aparato industrial frente a amenazas arancelarias externas. Sin embargo, el debilitamiento del yuan frente al dólar refleja la presión inflacionaria global y la necesidad de equilibrar competitividad exportadora con estabilidad financiera. Japón, por su parte, enfrenta la depreciación de su moneda hasta niveles mínimos en más de un año, situación que podría acelerar la normalización monetaria del Banco de Japón para evitar un aumento sostenido de las expectativas inflacionarias.
En América Latina, el foco se desplaza hacia el peso colombiano, que opera bajo la influencia de factores tanto externos como domésticos. El encarecimiento global de insumos energéticos y agrícolas incrementa la presión inflacionaria en una economía que depende en gran medida de fertilizantes importados. Al mismo tiempo, el Gobierno colombiano proyecta un crecimiento del PIB cercano al 2,6% para 2026, acompañado de una inflación estimada en 5,8%, lo que supera la meta oficial y complica el proceso de convergencia de precios.
Las finanzas públicas también representan un desafío relevante. El déficit fiscal previsto supera el 5% del PIB, lo que obliga al Estado a buscar financiamiento tanto en el mercado interno como en créditos externos. La deuda neta se sitúa por encima del 60% del producto, mientras el recaudo tributario reciente muestra una desaceleración que ha forzado ajustes en el gasto. Frente a este panorama, las autoridades han impulsado medidas de alivio financiero para sectores afectados por emergencias climáticas, buscando preservar la estabilidad económica y social.