Un atroz crimen que conmocionó en el mes de julio al municipio de Nueva Guinea, en la Región Autónoma de la Costa Caribe Sur de Nicaragua, ha llegado a su resolución judicial.
La autoridad competente ha dictado una condena de 30 años de prisión contra Pedro Juan Angulo Icabalceta, de 56 años de edad, tras declararlo culpable de los delitos de femicidio y violación agravada en perjuicio de María Vanessa González Rodríguez, una joven de tan solo 18 años con quien mantenía una relación informal.
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El fallo condena al agresor a cumplir la máxima pena permitida en el sistema penitenciario de Bluefields, donde permanecerá recluido hasta el año 2056. Las investigaciones de la Policía Nacional y la presentación de pruebas durante el proceso reconstruyeron la fatídica secuencia de violencia, premeditación y saña con la que se cometió el delito.
De acuerdo con las investigaciones policiales, los hechos ocurrieron el pasado viernes 10 de julio. La víctima, María Vanessa González Rodríguez, acudió a la vivienda de Angulo Icabalceta, ubicada en la zona 5 del casco urbano de Nueva Guinea. Dentro del inmueble, se desencadenó una discusión entre ambos por motivos que no se han dado a conocer a la prensa.
En medio de la altercación, el sujeto actuó con extrema violencia física, golpeando fuertemente a la joven con sus puños en el rostro hasta dejarla totalmente en estado de indefensión. Aprovechando su superioridad física y la vulnerabilidad de la víctima, el agresor la desnudó para sometimiento sexual y, posteriormente, le apretó el cuello con ambas manos.
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El intento de ocultar el crimen en una laguna artificial fracasó dos días después del asesinato
La asfixia por estrangulamiento fue determinada por los médicos peritos como la causa principal de la muerte de la joven. Tras quitarle la vida, el imputado ideó un plan para deshacerse de los restos y ocultar el crimen. Alrededor de las 11:00 p.m. de esa misma noche, colocó el cuerpo en un saco y lo amarró con un mecate.
Icabalceta recorrió aproximadamente 1,300 metros hacia el norte hasta llegar a la laguna artificial Las Vegas, situada en la zona 7 del municipio. Una vez en la laguna, sacó parcialmente el cadáver del saco, le cortó una porción de cabello para guardarla en uno de los bolsillos traseros de su pantalón, y posteriormente asestó varios machetazos al cadáver.
Con el fin de evitar que los gases naturales de la descomposición hicieran flotar el cuerpo a la superficie, le causó una herida profunda de lado a lado en el área abdominal antes de lanzarlo a las aguas profundas.
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Sin embargo, la estrategia de ocultamiento falló. La mañana del domingo 12 de julio, dos días después del crimen, transeúntes de la zona divisaron el cuerpo flotando en la superficie del agua y alertaron a las autoridades locales.
La reconstrucción de los hechos contó con un testimonio fundamental: un habitante del sector identificó firmemente haber visto a Pedro transportando un saco de gran peso en dirección a la laguna en los días previos al hallazgo. La prueba testimonial, sumada a los peritajes científicos y el rastreo de evidencias, derivó en la captura del sospechoso y su posterior juzgamiento.
El crimen de la joven María Vanessa en Nueva Guinea causó una profunda conmoción en la comunidad y reavivó los llamados de justicia por parte de la ciudadanía. Tras los estudios médico-legales, sus restos fueron entregados a sus familiares para sus honras fúnebres. Con la emisión de la condena de 30 años de prisión contra Pedro Juan Angulo Icabalceta, la justicia cierra el proceso legal de un caso que evidenció una crueldad extrema.
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