El repartidor toca timbre, espera unos segundos y nadie responde. Esa escena, repetida miles de veces por día en las principales ciudades de la región, dispara un engranaje logístico poco visible para el comprador, pero con costos operativos relevantes para el comercio electrónico y para toda la cadena de distribución que sostiene cada envío.
Se trata de la logística inversa, el conjunto de procesos que se activa cuando un envío no llega a destino en el primer intento. Lejos de ser una excepción, este fenómeno afecta a uno de cada cinco pedidos de comercio electrónico, según estimaciones de centros de estudios logísticos.
Qué pasa cuando el destinatario no está
Ante una entrega fallida, los operadores logísticos aplican un protocolo estandarizado que contempla entre dos y tres intentos de reparto. El primer fracaso, motivado por la ausencia del destinatario, obliga a que el paquete regrese a la nave o depósito más cercano para su reprogramación.
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Desde ese punto, el sistema intenta contactar al comprador por mensaje de texto, correo electrónico o llamada telefónica para coordinar un nuevo horario de entrega o derivar el envío hacia un punto de retiro alternativo, una modalidad que crece en las grandes ciudades latinoamericanas.
Si los reintentos vuelven a fracasar, el paquete permanece en guarda transitoria dentro del depósito durante un período que, según el operador logístico y el tipo de servicio, puede extenderse entre cinco y quince días hábiles antes de generar de forma automática una etiqueta de retorno.
El costo oculto de la última milla
Cada intento fallido implica un nuevo desplazamiento del vehículo, combustible, horas de trabajo y espacio de almacenamiento ocupado. Especialistas en cadena de suministro calculan que la gestión de estas devoluciones puede representar hasta un 4% de la facturación total de una plataforma de venta online.
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El impacto no se limita al plano económico. Cada envío devuelto obliga a un proceso de clasificación de mercadería en el centro logístico, donde se evalúa si el producto puede reingresar al stock disponible, si requiere reacondicionamiento o si, directamente, pierde valor comercial por el tiempo transcurrido.
En rubros como indumentaria, electrónica o productos perecederos, esa demora resulta especialmente sensible. Un artículo que estuvo varios días circulando entre depósitos y camionetas de reparto puede llegar dañado, desactualizado en su ciclo de stock o, en el caso de alimentos, directamente inutilizable.
Tecnología para reducir los reintentos
Frente a este escenario, los operadores logísticos incorporan sistemas de trazabilidad y notificaciones proactivas que permiten al comprador seguir el recorrido del envío en tiempo real y anticipar el horario estimado de llegada, reduciendo así la probabilidad de ausencias en el domicilio.
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La multiplicación de puntos de retiro y casilleros inteligentes en supermercados, estaciones de servicio y locales comerciales se consolida como una de las alternativas más efectivas para achicar la brecha entre el horario laboral de los compradores y la ventana de reparto de los couriers.
A la par, la integración entre sistemas de gestión de transporte (TMS) y plataformas de planificación de recursos (ERP) permite a los operadores anticipar patrones de ausencia por zona geográfica y ajustar las rutas de reparto según horarios de mayor probabilidad de encontrar al destinatario en su domicilio.
Un desafío que crecerá con el comercio digital
El comercio electrónico regional continúa expandiéndose a un ritmo sostenido, lo que multiplica el volumen absoluto de envíos y, en consecuencia, de entregas fallidas. Ese crecimiento presiona a los operadores a rediseñar sus esquemas de última milla para sostener la rentabilidad del negocio.
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En ese contexto, la eficiencia de la logística inversa deja de ser un aspecto secundario y se convierte en una variable central de competitividad. Los operadores que logren reducir los reintentos fallidos y agilizar la reincorporación de mercadería al circuito de venta ganarán una ventaja de costos difícil de igualar en un mercado cada vez más sensible al precio final y a los tiempos de entrega.
Para el comprador final, el mensaje es concreto: informar correctamente la dirección de entrega, mantener el teléfono actualizado y elegir puntos de retiro cuando el horario laboral no permita esperar al repartidor son gestos simples que reducen la carga sobre una infraestructura logística cada vez más exigida por el ritmo del consumo digital.