El asesinato de Paco Stanley, el conductor más visto de la televisión mexicana en los años 90, generó una crisis política para Cuauhtémoc Cárdenas, entonces jefe de Gobierno del Distrito Federal, a quien una televisora pidió la renuncia a cinco horas del crimen ocurrido el 7 de junio de 1999.
El ataque se produjo en el restaurante El Charco de las Ranas, ubicado en Periférico Sur, cuando Stanley salía junto a Mario Bezares y Jorge Gil tras grabar su programa Una tras otra. El tiroteo también hirió a Gil y provocó la muerte de otro comensal.
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Horas después del homicidio, el entonces procurador de Justicia del Distrito Federal, Samuel del Villar, ofreció una conferencia de prensa junto a Cárdenas. Descartó que el móvil fuera un robo o un secuestro y abrió la hipótesis de un ajuste de cuentas como línea de investigación.
Del Villar explicó que la necropsia preliminar mostraba heridas concentradas en el rostro y el cráneo de Stanley, lo que, según el procurador, indicaba un grado de profesionalismo en la ejecución del ataque. Cárdenas respaldó públicamente esa versión desde el primer momento.
Una televisora pidió la destitución de Cárdenas y del procurador
El respaldo de Cárdenas a la hipótesis del ajuste de cuentas desató la reacción de TV Azteca, la empresa donde trabajaba el conductor Paco Stanley. La televisora exigió la renuncia tanto del jefe de Gobierno como de Del Villar, en lo que la opinión pública interpretó como un golpe directo contra la administración de izquierda que apenas cumplía año y medio en la capital.
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Cárdenas calificó después ese episodio como “una tempestad en un vaso de agua”. El entonces jefe de Gobierno sostuvo que su administración no tuvo ninguna injerencia en el asesinato y que se limitó a investigar las causas detrás del crimen.
El caso marcó un antecedente para los gobiernos de izquierda en la capital
Cuauhtémoc Cárdenas había llegado al cargo en 1997 como el primer jefe de Gobierno del Distrito Federal elegido por voto popular, tras décadas de designaciones directas desde la Presidencia. El asesinato de Stanley ocurrió dos años después, en un momento en que su figura ganaba proyección rumbo a la elección presidencial de 2000.
La presión mediática sobre su gobierno coincidió con un reclamo más amplio sobre la inseguridad en la capital, que las televisoras capitalizaron en su cobertura. El respaldo que Cárdenas dio a la Procuraduría capitalina quedó, sin embargo, sin un correlato judicial: ninguna de las personas detenidas por el crimen —entre ellas Mario Bezares, la edecán Paola Durante y el señalado autor material Erasmo Pérez— terminó condenada.
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Pese a la tensión generada por el caso, Cárdenas continuó al frente del gobierno capitalino hasta que dejó el cargo para buscar la candidatura presidencial. La gestión de la Ciudad de México quedó entonces en manos de Rosario Robles, quien se desempeñaba como su secretaria de Gobierno.
El caso resurgió en 2023 con el estreno de la docuserie El Show: Crónica de un asesinato, dirigida por el periodista Diego Enrique Osorno, que reconstruyó el expediente a partir de testimonios de los involucrados y de los propietarios de las dos televisoras más importantes del país, Emilio Azcárraga Jean y Ricardo Salinas Pliego.
La producción reunió unas 40 exposiciones a lo largo de cinco capítulos, con testimonios de personas directa o indirectamente relacionadas con el caso.
Entre los entrevistados figuraron los entonces inculpados Mario Bezares, Paola Durante y Erasmo Pérez Garnica, alias “El Cholo”. Cárdenas se sumó a esa lista como la principal voz política del expediente.
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La declaración de Cárdenas en el documental apuntó de forma directa a una interferencia de origen político en el curso de la investigación, sin que haya precisado en ese testimonio quiénes la habrían ejecutado ni con qué objetivo.
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