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Búlgaros de leche o kéfir: cómo espesarlo para conseguir una textura similar al yogur griego

El kéfir suele consumirse como una bebida líquida, pero hay una forma de conseguir una textura más espesa

Un cuenco con kéfir de leche decorado con frutos rojos y almendras se presenta junto a un recipiente de vidrio con nódulos de fermentación sobre madera. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Preparar kéfir en casa no se limita a obtener una bebida fermentada a partir de los búlgaros de leche. Aunque suele consumirse líquido, también es posible modificar su consistencia para conseguir una textura más espesa y cremosa, similar a la del yogur griego. Esta alternativa permite darle otro uso al fermento casero, pero hay algunas diferencias entre ambos productos que conviene conocer antes de prepararlo.

Los búlgaros de leche, también conocidos como nódulos de kéfir, son agrupaciones de bacterias y levaduras que fermentan la leche y producen una bebida de sabor ligeramente ácido. Su consistencia puede variar según el tipo de leche y las condiciones de fermentación, por lo que no todas las preparaciones quedan igual de líquidas o cremosas.

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Para quienes prefieren una textura más densa, existe una manera de aprovechar el kéfir sin necesidad de añadir espesantes ni cambiar los nódulos utilizados para fermentarlo. El resultado puede emplearse en preparaciones similares a las que llevan yogur espeso, aunque no se trata exactamente del mismo producto.

Cómo espesar el kéfir de leche en casa

Una bolsa de tela escurre una gota de suero transparente sobre un recipiente de cristal durante el proceso de filtrado de kéfir. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El primer paso es preparar el kéfir como de costumbre: colocar los búlgaros en la leche y dejar que fermenten durante el tiempo necesario, que suele variar entre 12 y 24 horas según la temperatura ambiente y la actividad de los nódulos.

Una vez que la bebida ha fermentado, se cuela para separar los búlgaros del líquido. Los nódulos pueden utilizarse en una nueva preparación, mientras que el kéfir obtenido se reserva para espesarlo.

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Para conseguir una consistencia más cremosa se necesita una tela fina apta para alimentos, una bolsa especial para filtrar preparaciones o un filtro adecuado, además de un recipiente limpio para recoger el líquido que escurra. El kéfir se coloca en el filtro y se deja escurrir dentro del refrigerador, de modo que parte del suero se separe de la porción más espesa.

El tiempo de escurrido depende de la consistencia que se busque. Después de un periodo corto, el kéfir puede quedar más cremoso, aunque todavía fácil de servir; si se deja escurrir durante más tiempo, puede adquirir una textura más compacta, adecuada para comer con cuchara. Lo recomendable es revisar la preparación periódicamente hasta alcanzar el punto deseado.

Un frasco de kéfir de leche fresco y granos de kéfir se muestra con un reloj analógico, una cuchara y leche en un fondo luminoso, simbolizando el proceso de fermentación. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La leche utilizada también influye en el resultado. Su contenido de grasa y proteínas puede modificar la consistencia, al igual que las condiciones en las que se desarrolló la fermentación. Por eso, no existe un tiempo único que garantice el mismo espesor en todas las preparaciones caseras.

Es importante mantener la higiene durante todo el proceso, utilizar utensilios limpios y evitar dejar el kéfir durante horas a temperatura ambiente mientras se escurre. Una vez que tenga la consistencia deseada, debe guardarse en un recipiente limpio y tapado dentro del refrigerador.

¿Es lo mismo que el yogur griego?

Aunque ambos pueden tener una consistencia cremosa, el kéfir colado y el yogur griego son productos diferentes. La principal distinción está en los microorganismos que intervienen en su elaboración y en el proceso de fermentación.

Un cuenco de yogur griego casero acompañado por arándanos, frambuesas, nueces y miel reposa sobre una mesa de madera junto a frascos de preparación. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El kéfir se produce mediante la acción conjunta de bacterias y levaduras presentes en los nódulos. El yogur tradicional, en cambio, suele elaborarse con cultivos bacterianos específicos, entre ellos Streptococcus thermophilus y Lactobacillus delbrueckii subsp. bulgaricus. Estas diferencias hacen que ambos productos tengan características propias, incluso cuando su apariencia es similar.

En el caso del yogur griego, la consistencia espesa se consigue al escurrir el yogur para retirar parte del suero. Al reducirse la cantidad de líquido, queda una preparación más densa. El kéfir también puede someterse a un proceso de escurrido para obtener una textura parecida, pero eso no lo convierte en yogur griego tradicional, ya que los cultivos utilizados siguen siendo distintos.

La consistencia tampoco permite asumir que ambos productos tengan el mismo valor nutricional. La composición final depende de factores como la leche utilizada, el proceso de fermentación y la cantidad de suero que se retire.

Una vez listo, el kéfir espeso puede consumirse solo o combinarse con frutas, avena y otros ingredientes. También puede utilizarse en preparaciones que requieren una base cremosa, siempre teniendo en cuenta que su sabor ácido y su consistencia pueden variar respecto a los del yogur.

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