Muchos lo ponen en la ofrenda, pero pocos saben su origen: el verdadero significado del copal y el incienso en Día de Muertos

Según la tradición mexica esta resina llamada “dios blanco” guiaba a las almas de los difuntos y se quemaba dos veces al día en Tenochtitlan

Sahumador de barro negro con copal, flores de cempasúchil, pan de muerto, un vaso de barro y un retrato enmarcado sobre una mesa de madera.
El diseño del sahumador prehispánico permitía sostener brasas y resina de forma simultánea. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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El copal, resina que los mexicas llamaban iztacteteo o “dios blanco” por el humo que desprende al quemarse, funciona, según la ideología prehispánica, como puente entre el mundo de los vivos y el de los muertos.

El Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI) señala que su humo purifica el ambiente y aleja a los malos espíritus, lo que permite que el alma del difunto entre a su antigua casa sin peligro.

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El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) documenta que la palabra proviene del náhuatl copalli, que significa “que huele” o “que tiene aroma”.

Ilustración en acuarela con una ofrenda de muertos a la izquierda, un sahumador de copal al centro y la pirámide del Templo Mayor a la derecha.
Según la tradición mexica, el humo del copal guía a las almas de los difuntos de regreso a casa. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El término nombra tanto a la resina como a los árboles de la familia Burseraceae que la producen, entre ellos el copal blanco, el copal santo y el linaloe.

Los mexicas quemaban copal dos veces al día y dejaban restos en el cráter de un volcán

Los mexicas consumían la resina con una frecuencia cotidiana, según registros históricos citados por el INAH.

La ciudad recibía esa cantidad de pellas —equivalentes a un puño de copal envuelto en hojas de mazorca— cada ochenta días, y la gente lo quemaba al menos dos veces por jornada, en la mañana y en la noche.

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Una iglesia de cúpulas amarillas y blancas sobre una colina verde. Un volcán nevado con una columna de humo blanco se levanta al fondo bajo cielo azul con nubes
En diversos cráteres se encontraron restos de copal. (Gobierno de Puebla)

Prácticamente no existía ceremonia mexica sin copal de por medio. El INAH reporta hallazgos de la resina dentro de bolsas de papel amate en el Templo Mayor de Tenochtitlan, además de restos localizados en la laguna de La Luna, en el cráter del Nevado de Toluca, donde se depositaban ofrendas antiguas.

Los dioses “comían” copal: lo moldeaban como tortillas y tamales de resina

El INAH documenta que el copal funcionaba como vector de comunicación entre los humanos y las divinidades que regían la naturaleza.

En los registros arqueológicos aparecen piezas de la resina moldeadas en forma de tortillas, tamales o granos de maíz, lo que llevó a los especialistas del instituto a identificarlo también como un alimento ofrecido a los dioses.

Ilustración de manos sobre un altar de piedra con piezas de resina, un envoltorio, humo de incienso y una pirámide.
El copal en forma de tamal o grano de maíz se ha documentado en ofrendas del Templo Mayor. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Piezas con esa misma función aparecen documentadas en las ofrendas del Cenote Sagrado de Chichén Itzá, en Yucatán, y en el Templo Mayor de los mexicas, en la Ciudad de México, de acuerdo con los registros del propio INAH.

Con el humo del copal pedían lluvia, detenían tormentas y bendecían las cosechas

La Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) define el acto de sahumar como “dar humo aromático a una cosa con el fin de purificarla o para que huela bien”.

Bajo ese principio, el copal se ofrecía a los cuatro puntos cardinales y al Sol para garantizar la protección del pueblo y agradecer las cosechas.

Ilustración de un sacerdote prehispánico con penacho y sahumerio entre maizales, pirámides, una nube de lluvia y el sol.
El sahumador se utilizaba para dirigir el humo de copal hacia los cuatro puntos cardinales. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El uso ceremonial del copal se extendía más allá del culto a los muertos.

Servía para bendecir las semillas, pedir por las lluvias y detener tormentas, prácticas documentadas por el INAH como parte del calendario agrícola mesoamericano.

Diferencias entre el copal y el incienso

El copal y el incienso no comparten origen, aunque hoy convivan en el mismo altar.

El INPI precisa que el copal era ofrecido por los pueblos originarios a sus dioses cuando el incienso todavía no se conocía en el territorio; esta segunda resina llegó con los españoles durante la colonización.

Cestos de mimbre con trozos de resina ambarina de copal y paquetes envueltos en hojas de maíz sobre una mesa de madera.
El copal es una resina aromática que se extrae de árboles de la familia Burseraceae, según el INAH. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El INAH ubica el origen del Día de Muertos como festividad en un sincretismo religioso novohispano, entre el Día de Todos los Santos y el Día de los Fieles Difuntos del calendario católico europeo y las celebraciones otoñales mesoamericanas posteriores a la cosecha.

De la tradición indígena permanecieron el cempasúchil, el maíz y el copal; de la europea se integraron las velas, las veladoras, el incienso y las imágenes de santos.

Usos tradicionales adicionales del copal en México

El gobierno del Estado de México documenta que las comunidades indígenas emplean distintas variedades de copal con fines terapéuticos desde la época prehispánica.

El tratamiento abarca dolores de cabeza, afecciones causadas por frío o humedad, entre otros.

El copal se extrae principalmente de árboles ubicados en Michoacán, Oaxaca y Chiapas, que miden entre 4 y 30 metros de altura. Al árbol se le conoce en náhuatl como copalcuáhuitl, a su ceniza como copalli, y a su uso sagrado como iztacteteo.

Un sahumador de barro negro sobre una mesa de madera, rodeado de vasijas, cestos y tejidos de colores en el puesto de un mercado.
El sahumador tradicional de barro negro se usa en los altares de Día de Muertos para quemar copal. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El copal figura hoy junto al agua, la sal, las velas, el cempasúchil y el pan de muerto como elemento imprescindible del altar de Día de Muertos, de acuerdo con el INPI.

Su función dentro de esa composición tradicional permanece como la original: abrir un canal de comunicación entre los vivos y las almas que regresan durante los primeros días de noviembre.

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