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El problema no es tener deudas, es no tener margen

El aumento de la cartera vencida y la inflación evidencian los retos financieros de los hogares mexicanos y la importancia de conservar un margen económico para enfrentar imprevistos sin comprometer su estabilidad

Hay dos cifras recientes que vale la pena mirar con atención cuando hablamos de las finanzas de los hogares mexicanos. Hace unos días, un medio mexicano reportó que la cartera vencida de los créditos bancarios otorgados a las familias alcanzó los 117 mil 530 millones de pesos en agosto, un incremento real anual de 22.3 por ciento y el nivel más alto desde que comenzó ese registro.

El aumento fue particularmente pronunciado en los créditos al consumo, cuya cartera vencida creció 38.3 por ciento en términos reales. Las cifras incluyen tarjetas de crédito, préstamos personales, créditos de nómina e hipotecas.

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Días después, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) informó que la inflación anual se ubicó en 3.45 por ciento en septiembre, después de registrar 3.42 por ciento durante la primera quincena de ese mes.

Estas cifras no significan que todas las familias mexicanas estén sobreendeudadas ni que atraviesen la misma situación financiera. Sin embargo, sí nos invitan a prestar atención a algo que suele pasar inadvertido hasta que surge un problema: nuestra capacidad real para sostener las finanzas personales cuando las circunstancias cambian.

Porque una cosa es poder pagar nuestras obligaciones hoy y otra muy distinta es contar con margen para responder cuando algo no sale como lo planeamos.

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Pensemos en una persona de 35 años que tiene un buen empleo, paga una hipoteca, mantiene un automóvil financiado y utiliza su tarjeta de crédito para cubrir algunos gastos cotidianos. Sus ingresos son estables, cumple con sus mensualidades y, desde fuera, parece tener una situación financiera ordenada.

El aumento de la cartera vencida y la inflación evidencian los retos financieros de los hogares mexicanos y la importancia de conservar un margen económico para enfrentar imprevistos sin comprometer su estabilidad

Sin embargo, una parte importante de sus ingresos ya está comprometida. La hipoteca no puede esperar, la mensualidad del automóvil tampoco y, además, hay gastos familiares, servicios, colegiaturas y otros compromisos que se repiten cada mes.

Mientras el dinero llega puntualmente, la estructura funciona. Pero ¿qué sucede si pierde su empleo, necesita cubrir un gasto médico inesperado, debe hacerse cargo de un familiar o sus ingresos disminuyen durante varios meses?

El problema no necesariamente comienza cuando aparece el imprevisto. Quizá empezó mucho antes, cuando todos los ingresos quedaron comprometidos y dejó de existir espacio para absorber cualquier cambio.

La fragilidad financiera no siempre se manifiesta en cuánto debemos. A veces se encuentra en todo aquello que ya no podemos dejar de pagar, incluso cuando una vida aparentemente estable deja poco margen para reaccionar.

Durante mucho tiempo hemos asociado el progreso financiero con la posibilidad de acceder a más cosas: comprar otra casa, cambiar de automóvil, mudarse a una mejor zona o mejorar nuestro estilo de vida.

Y muchas de esas decisiones pueden ser razonables. El crédito, utilizado de manera adecuada, permite adquirir bienes, distribuir los pagos y acceder a oportunidades que no siempre podríamos financiar de contado.

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