La serie Timbiriche se estrenará este 9 de octubre en ViX tras una semana marcada por la polémica. El primer episodio tendrá una transmisión especial el 8 de octubre por Las Estrellas, y a partir de ese momento se sumararán los dos primeros capítulos a la plataforma de streaming, con un episodio nuevo cada viernes hasta completar ocho entregas.
La producción, a cargo de Pablo Cruz y dirigida por Beto Hinojosa —responsable también de Luis Miguel, la serie—, se presentó como una ficción inspirada en hechos reales sobre el grupo pop que marcó los años ochenta. Cruz confirmó en conferencia de prensa que el caso entre Sasha Sokol y Luis de Llano era “la columna vertebral” de la trama.
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El estreno llega después de que seis de los siete integrantes originales se deslindaran públicamente del proyecto, y horas después de que De Llano anunciara acciones legales por el uso de su imagen. Estas reacciones antecedieron a las primeras críticas especializadas, divididas entre el elogio técnico y el rechazo frontal.
Luis de Llano anunció acciones legales
Luis de Llano Macedo fijó postura el 8 de octubre, horas antes de la transmisión especial del primer episodio. En un comunicado publicado en Instagram, informó que notificó por vías notariales y judiciales su “oposición formal al uso lucrativo e inconsentido” de su imagen y derechos en la producción.
De Llano aseguró que había ingresado promociones ante el Juzgado Sexto Civil de la Ciudad de México relacionadas con el cumplimiento de los seis resolutivos de la sentencia dictada por la Séptima Sala Civil del Tribunal Superior de Justicia de la CDMX. “No habrá más sobre el tema hasta que concluya el trámite judicial en curso”, escribió.
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El productor definió su postura como de “cumplimiento judicial, silencio procesal y deslinde de terceros” y calificó su comunicado como “la única y definitiva declaración oficial” que emitiría sobre el expediente. La publicación se dio en el marco del proceso civil que Sokol inició en 2022, confirmado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que además declaró imprescriptibles las acciones por abuso sexual contra menores.
Seis exintegrantes de Timbiriche se deslindaron antes del estreno
El 6 de octubre, Alix Bauer, Diego Schoening, Mariana Garza, Erik Rubín, Benny Ibarra y Sasha Sokol publicaron un comunicado conjunto en el que negaron haber participado en la creación de la serie. “Ninguno de nosotros participó en la creación de esta serie ni fuimos consultados sobre las historias que en ella se cuentan. Tampoco autorizamos el uso de nuestra imagen, voz o identidad”, señalaron.
Los seis artistas aclararon que, hasta la fecha de su comunicado, no habían sido invitados a ver la producción. “Sabemos, sin embargo, que se presenta como una historia ficcionada que puede mezclar hechos reales con situaciones que nunca sucedieron. Y eso importa”, escribieron.
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El grupo reconoció la libertad creativa de los realizadores, pero marcó una distinción: “Existe una enorme diferencia entre inspirarse en una época y construir una ficción alrededor de personas reconocibles y vivas, sin haberlas escuchado ni involucrado”. Cerraron con una advertencia sobre una eventual versión propia de la historia, “con respeto por quienes la vivimos y en nuestra propia voz”.
Al ser cuestionado sobre si contaba con autorización de Sokol para abordar el tema del abuso, Cruz respondió en la misma conferencia: “No hay nada legal aquí”.
¿Está buena? Esto dijeron los críticos tras ver los primeros episodios
El comunicador Óscar Madrazo confirmó que la serie abordaba de forma directa la relación entre De Llano y Sokol, y advirtió que el tratamiento “esperemos que esto no lastime más a Sasha” y que el estreno podría avanzar las demandas en curso. Madrazo también señaló que la historia tocaba el tema de ser artista adolescente y la explotación laboral dentro del espectáculo mexicano.
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Sobre la factura técnica, Madrazo fue elogioso: “Está maravillosamente bien realizada, el director es el que hizo Luis Miguel para Netflix, entonces sabe retratar bien el fondo de las historias y lo que el público quiere ver”.
La valoración opuesta vino del crítico Álvaro Cuevas, en su columna de Milenio. Calificó a la producción como “esa cochinada inmunda” y “un imperdonable acto de odio”, y sostuvo que se trataba de “un acto de oportunismo sensacionalista, un error desde todas las perspectivas”. Cuevas comparó el proyecto con un escenario hipotético: “Es como si la Iglesia Católica produjera una serie sobre sacerdotes pederastas”.
Cuevas también cuestionó la calidad narrativa. Escribió que la serie “está escrita con las patas”, con “cero dimensión estructural” y “pésima construcción de personajes”, y lamentó que se intercalaran imágenes reales de figuras como Miguel Bosé y René Casados junto con las actuaciones de ficción.
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La periodista Susana Moscatel, también en Milenio, planteó una pregunta distinta: quién tiene autoridad para narrar una historia cuando sus protagonistas siguen vivos y se deslindan públicamente. Moscatel recordó que Luis Miguel “comprendió el poder de controlar su propia narrativa y por eso fue productor de su propia serie”, algo que no ocurrió con Timbiriche.
Para Moscatel, “prescindir de las voces de los protagonistas resulta, cuando menos, cuestionable”, aunque admitió que “la serie tiene derecho a existir” y que la libertad creativa es indispensable, pero insistió en que esa libertad “también implica responsabilidad”.
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