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Cynthia Klitbo y sus experiencias sobrenaturales: el fantasma del Teatro Helénico y la brujería que la obligó a abandonar su casa

Mientras sus compañeros jugaban con la ouija en la madrugada, Klitbo no se acercó y evocó diez años de experiencias en su antigua casa

Mientras sus compañeros jugaban con la ouija en la madrugada, Klitbo no se acercó y evocó diez años de experiencias en su antigua casa. (Facebook Cynthia Klitbo)

Cynthia Klitbo se negó a tocar la ouija que Fede Vigevani introdujo a La Casa de los Famosos México 2026 durante la madrugada del martes, y su razón fue tan contundente como perturbadora: durante diez años vivió en una casa en Taxqueña plagada de entidades, portales abiertos y brujería sembrada por personas cercanas a su expareja cubana.

La sesión nocturna ocurrió tras una votación del público que autorizó al influencer infiltrado a ingresar el tablero al reality. Aldo Rendón, Luis Chaparro, Brianda, Arantza, Moisés y el propio Vigevani se sentaron alrededor del objeto. Klitbo observó desde un sillón, sin acercarse.

“Me tuve que acabar cambiando de casa porque no se podía con todos los entes”

La actriz explicó a sus compañeros lo sucedido. Algunas de las anécdotas la actriz ya las había revelado hace un tiempo con Yordi Rosado. En esa entrevista, Klitbo relató que su casa de Taxqueña se convirtió en un escenario de fenómenos que comenzaron después de que su entonces pareja, un cubano cuya ex nunca le perdonó la separación, llevara a la vivienda personas vinculadas a la palería.

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Klitbo no tocó la ouija y no necesitó explicar demasiado: durante diez años vivió en una casa en Taxqueña donde volaban objetos, se escuchaban golpes nocturnos y, debajo de la cisterna, alguien había enterrado un esqueleto humano dentro de una bolsa de tela negra. (Instagram: @laklitbocynthia)

“Me tiraron muchísima brujería que yo tuve que sacar”, dijo la actriz. “Me tuve que acabar cambiando de casa porque no se podía con todos los entes y el portal que habían abierto”.

Los primeros indicios llegaron con ruidos en la escalera de herrería. Una noche, mientras dos amigos la acompañaban por temor a dejarla sola tras una ruptura, los tres escucharon golpes que recorrían los peldaños de metal. El perro doberman de Klitbo ladró al vacío. Los tres terminaron durmiendo juntos en la misma cama.

Las cremas que volaron y el esqueleto en la cisterna

Con el tiempo, los episodios escalaron. Klitbo describió la noche en que todas las cremas y productos del baño salieron disparados hacia el vestidor sin que nada los impulsara. “El mueble intacto”, precisó. Otra vez fueron los vasos de la vajilla los que se rompieron a las tres de la mañana sin que nadie estuviera en la cocina.

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El momento que más la marcó ocurrió en el vestidor, con la luz cortada en toda la colonia. La lámpara que traía se apagó sin corriente de aire ni ventanas abiertas. “Yo sentí una cosa parada aquí atrás de mí”, recordó. “Dije: ‘Yo no voy a voltear. Esa m*rd* sí está ahí’”.

Años después de vender la propiedad, la nueva dueña la llamó para preguntarle si había visto “el tipo del vestido”. Quienes ampliaron la cisterna encontraron una bolsa de tela negra con un esqueleto humano adentro, práctica asociada a la palería, una rama de la santería cubana en la que se exhuman cuerpos de panteones para utilizarlos en rituales.

La actriz reveló que una expareja cubana le dejó brujería sembrada en su casa de Taxqueña durante una década: clavos de olor en las puertas, fotos rituales en el vestidor y un esqueleto humano enterrado en la cisterna que descubrió la dueña que le compró la propiedad. EFE/José Méndez

El fantasma del Teatro Helénico

Las experiencias de la actriz no se limitaron a su casa. En una temporada de la obra Orinoco en el Teatro Helénico, donde ella producía, notó que cada vez que decía su monólogo aparecía una silueta en el palco. El palco estaba cerrado con cadena y candado.

“¿Tú sabías que está cerrado allá arriba con candado, que no hay nadie y que el dueño de este teatro se suicidó?”, le preguntó a su compañera Cela. Las dos actrices vieron la figura todas las noches, hasta la última función.

Klitbo atribuye parte de su sensibilidad a su infancia en Brasil, donde de niña presenció ceremonias de candomblé en las playas. “¿Tú te imaginas una niña de seis, siete años viendo entrar en trance a las baianas en la playa?”, dijo. Fueron diez años en Taxqueña, un viaje a Cuba para recibir un tratamiento espiritual y el nacimiento de su hija los que finalmente la convencieron de abandonar la casa. “Mi hija no puede crecer aquí”, decidió.