A dos años del inicio formal de la sucesión gubernamental en Hidalgo, una de las principales incógnitas políticas no está en Morena, sino en la oposición.
La elección de 2022 marcó un punto de inflexión para la entidad. Por primera vez en casi un siglo, el PRI perdió el control político del estado y Morena logró una victoria contundente que modificó el equilibrio de poder que había prevalecido durante generaciones.
Desde entonces, el sistema político hidalguense ha atravesado un proceso de reacomodo. Mientras Morena gobierna con una posición dominante, los partidos de oposición han enfrentado el reto de redefinir liderazgos, reconstruir estructuras territoriales y recuperar espacios de representación ante una ciudadanía cada vez más distante de las siglas partidistas tradicionales.
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El fenómeno no es exclusivo de Hidalgo. En diversas entidades del país, la crisis de identidad de los partidos tradicionales ha provocado salidas de cuadros históricos, disputas internas y una creciente discusión sobre la necesidad de construir proyectos políticos más amplios que trasciendan las estructuras partidistas convencionales.
En Hidalgo, esa conversación ha comenzado a reflejarse en distintos sectores políticos, empresariales y sociales. La pregunta ya no es únicamente qué partido puede competir con Morena, sino qué perfil tendría la capacidad de articular una alternativa con presencia territorial, experiencia de gobierno y capacidad de generar consensos.
En ese contexto, diversos nombres han comenzado a aparecer en las conversaciones públicas y privadas sobre el futuro político de la entidad. Uno de ellos es José Antonio Rojo García de Alba.
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Miembro de una familia con larga presencia en la vida pública hidalguense, Rojo ha ocupado cargos legislativos, posiciones de gobierno y responsabilidades partidistas a lo largo de varias décadas. Su reciente distanciamiento de la dirigencia nacional del PRI fue interpretado por diversos actores políticos como una muestra adicional de las tensiones que atraviesan actualmente los partidos tradicionales.
Más allá de nombres específicos, el debate parece concentrarse en un tema de fondo: si la oposición hidalguense será capaz de construir una propuesta competitiva para 2028 o si Morena mantendrá sin mayores contrapesos la ventaja obtenida en los últimos años.
Para diversos observadores, la próxima elección estatal podría definirse menos por las marcas partidistas y más por la capacidad de ciertos liderazgos para conectar con sectores ciudadanos, productivos y regionales que hoy demandan soluciones concretas en temas como seguridad, crecimiento económico, infraestructura, empleo y desarrollo regional.
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Todavía es temprano para hablar de candidaturas. Sin embargo, el proceso de reconfiguración política ya comenzó y los movimientos de actores con trayectoria estatal seguirán siendo observados con atención conforme se acerque la próxima sucesión gubernamental.