El feminicida que escribió su tesis sobre inimputabilidad mental, se escondió en un psiquiátrico y fue aplaudido en el Congreso

Se escapó de la cárcel por dos años donde trabajó como maestro en Oaxaca; se le consideró un ejemplo de reinserción social al ser indultado por un presidente

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Tras ser indultado y salir de la cárel estudió derecho, Gregorio Cárdenas hizo su tesis sobre un tema que conocía muy bien ya que él aplicó la estrategia de ingresar a un psicquiátrico tras matar acuatro mujeres para no ser juzgado Fotoarte: Jovani Pérez Infobae México

Gregorio Cárdenas usó su formación en Derecho y el debate sobre la inimputabilidad mental para reconstruir su vida pública después de haber asesinado a cuatro mujeres en 1942, un caso que décadas más tarde terminó con su liberación, su titulación en la Uiversidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y un homenaje en la Cámara de Diputados como ejemplo de supuesta rehabilitación social.

El dato que más retrató esa paradoja apareció años después de su salida de prisión: en 1982 se tituló en la entonces Escuela Nacional de Estudios Profesionales Aragón, hoy FES Aragón, con la tesis Insuficiencia de nuestra legislación en la inimputabilidad por ausencia o disminución de capacidad mental. El tema tocó el mismo vacío legal que marcó su historia judicial tras los crímenes.

Cárdenas Hernández nació en la Ciudad de México en 1915 y también fue conocido como el Estrangulador de Tacuba o Goyo Cárdenas. Murió el 2 de agosto de 1999 en la misma ciudad, a los 84 años, después de haberse convertido en una figura pública asociada a la idea de readaptación, pese a que su nombre quedó ligado a uno de los casos criminales más conocidos del siglo XX en México.

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El caso comenzó con cuatro asesinatos cometidos en menos de un mes

Desde la infancia mostró conductas descritas como anormales. Una encefalitis temprana le habría dejado daño neurológico, y desde los 15 años manifestó crueldad contra animales; además, tuvo enuresis hasta los 18 años y dificultades para controlar el esfínter.

Aun con ese cuadro, fue un alumno destacado desde la educación básica y mostró alto coeficiente intelectual. En su familia también habría existido antecedente de trastornos neurológicos o mentales: su padre sufría migrañas intensas hasta los 31 años y dos de sus hermanas padecían ataques de epilepsia.

Sus compañeros lo describían como un niño tímido, con una relación enfermiza con su madre. También lo señalaban por conductas agresivas y perturbadoras, como quemar el cabello de sus compañeras u ofrecer dulces con excremento.

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A los 27 años estudió química y obtuvo una beca de Pemex por su rendimiento académico para continuar su formación y colaborar con la empresa paraestatal. Después se independizó de su madre y rentó una casa en la Ciudad de México; en ese inmueble fueron enterrados y descubiertos los cuerpos de sus víctimas.

Goyo cárdenas

Los asesinatos ocurrieron entre agosto y septiembre de 1942, por lo que se le consideró un asesino relámpago. El apodo de Estrangulador de Tacuba surgió porque su vivienda estaba en ese barrio de la capital.

El 15 de agosto de 1942 recibió en su casa a María de los Ángeles González, una adolescente prostituta de 16 años apodada Bertha. Después de tener relaciones sexuales con ella, la estranguló con un cordón, envolvió el cuerpo en un impermeable y lo enterró en el jardín en una fosa de un metro de profundidad.

En los días siguientes mató a otras dos prostitutas menores de edad. A la segunda se le identificó primero como Raquel González León, de 14 años, pero meses después se descubrió que esa joven seguía viva y desde entonces la identidad de esa víctima quedó sin aclararse; la noticia errónea provocó que la hermana de González León muriera de un infarto.

La tercera víctima fue Rosa Reyes Quiroz. Ella se negó a acostarse con él, intentó resistirse y fue asesinada; después, Cárdenas practicó necrofilia con el cadáver y se creyó que pudo haber hecho lo mismo con los otros cuerpos enterrados en el jardín.

Lecumberri (Foto: Twitter@mafcultura)

La cuarta víctima fue Graciela Arias Ávalos, de 21 años, alumna de la Escuela Nacional Preparatoria de la UNAM e hija de un abogado penalista. Cárdenas estaba enamorado de una amiga de ella y, tras el rechazo de Graciela y una bofetada que recibió por intentar besarla a la fuerza, la golpeó hasta matarla dentro de su automóvil; luego llevó el cadáver a su casa, durmió con él y lo enterró junto a los otros tres.

También se calculó que pudo haber cometido más homicidios. Entre ellos figuró el de una prostituta hallada estrangulada en un hotel de la colonia Guerrero, cerca de la casa de su madre, sitio que él frecuentaba y donde varias personas habrían visto por última vez a la víctima con un cliente parecido a Cárdenas.

Después de los asesinatos les inyectaba sustancias colorantes a los cadáveres para dificultar su identificación. Algunas versiones sostuvieron que experimentó con procesos de momificación, aunque las investigaciones no hallaron signos de ello.

Se ocultó en un psiquiátrico y después alegó inimputabilidad

Lecumberri (Foto: Twitter@mafcultura)

Tras la desaparición de Graciela supo que sería interrogado, porque varias personas la habían visto por última vez con él durante la cita previa al homicidio. El 7 de septiembre se internó en un centro psiquiátrico de la calle Primavera, en Tacubaya, y explicó a los médicos que había perdido la razón.

Un día después llegó un oficial al hospital para preguntarle por la joven. En 15 minutos de interrogatorio admitió el asesinato y dijo que el cuerpo estaba en el jardín de su casa.

Cuando las autoridades entraron al inmueble vieron un pie que sobresalía de la tierra. Ahí encontraron no solo el cadáver de Graciela, sino otros tres cuerpos más; después fue llevado a la delegación bajo arresto y redactó su propia declaración.

En ese documento aceptó los cargos, aunque años más tarde negó su responsabilidad y aseguró que todo había sido una conspiración de enemigos del sindicato petrolero. Durante el juicio, su defensa sostuvo que era inimputable por problemas mentales.

Lecumberri (Foto: Twitter@mafcultura)

Los detectives encontraron un diario con notas en las que se arrepentía de haber matado a Graciela, además de descripciones de los homicidios y de actos de necrofilia. También localizaron fotografías de Cárdenas vestido de geisha, imágenes que más tarde se intentaron usar para probar una supuesta enfermedad mental.

Le dictaron auto de formal prisión y fue enviado al Palacio de Lecumberri en el pabellón para enfermos mentales. Un día después, sus abogados lograron que lo trasladaran al manicomio general de La Castañeda, donde psiquiatras lo sometieron a terapias electroconvulsivas y después lo declararon mentalmente competente.

Dos años más tarde escapó del manicomio y huyó a Oaxaca. Ahí fue reaprehendido mientras trabajaba como maestro rural y quedó encarcelado por segunda vez en Lecumberri.

Dentro de prisión comenzó la carrera de Derecho. Su madre le llevó 200 libros y un órgano a su celda; además, ayudó a otros reos con problemas legales, pintó más de 70 obras, realizó un mural en el Reclusorio Oriente y vendió revistas en las que relataba crímenes de otros internos.

En prisión también conoció a su segunda esposa y tuvo cuatro hijos con ella. Esa etapa alimentó la imagen pública de un preso dedicado al estudio, a la producción artística y a la asesoría legal.

El presidente Luis Echeverría lo indultó para que saliera de la cárcel y lo puso como ejemplo de rehabilitación social

El indulto presidencial lo convirtió en símbolo de supuesta rehabilitación

El 8 de septiembre de 1976 el presidente Luis Echeverría Álvarez le concedió el indulto presidencial. El juez Raúl Gutiérrez Márquez resolvió que Cárdenas no había sido legalmente responsable de sus delitos por enfermedad mental 34 años antes, y con esa determinación recuperó la libertad.

Después terminó su licenciatura en Derecho. Más tarde fue invitado a la Cámara de Diputados, donde lo presentaron como ejemplo de reintegración social y fue homenajeado y ovacionado; incluso existieron planes para dedicarle una estatua.

También fue invitado a exponer y vender sus obras. Su caso llegó al teatro con El Criminal de Tacuba, una puesta en escena que él demandó por incluir escenas de los asesinatos y referencias a su sexualidad a partir de las imágenes de geisha halladas en su casa en 1942; ganó esa demanda.

Su trayectoria pública quedó atravesada por una contradicción que no desapareció: el mismo hombre responsable de cuatro asesinatos construyó después una carrera en torno al estudio del derecho penal y la inimputabilidad mental, el argumento que había rodeado su proceso y que marcó la forma en que el Estado mexicano terminó tratándolo.

  • Gregorio Cárdenas asesinó a cuatro mujeres entre agosto y septiembre de 1942 y escondió los cuerpos en el jardín de su casa en Tacuba.
  • Tras años en prisión y en instituciones psiquiátricas, obtuvo un indulto presidencial en 1976 y después se tituló en Derecho en la UNAM con una tesis sobre inimputabilidad mental.
  • Fue homenajeado en la Cámara de Diputados como ejemplo de rehabilitación social, pese a que su nombre quedó ligado a uno de los casos criminales más conocidos de México.