La musicoterapia se consolida como una herramienta respaldada por la ciencia para abordar distintos trastornos de la salud mental, al incidir no solo en el bienestar emocional, sino también en aspectos cognitivos, físicos y sociales, según investigaciones recientes citadas por UNAM Global.
Datos obtenidos en los últimos años muestran que la música clásica puede ejercer efectos antidepresivos en personas con depresión. Bomin Sun, autor principal de un trabajo de la Universidad Jiao Tong de Shanghái, afirma que este efecto se produce cuando las oscilaciones neuronales entre el córtex auditivo y el circuito de recompensa se sincronizan, lo que repercute en áreas como la amígdala extendida, una estructura relacionada con el procesamiento emocional. Esta sincronización favorece una mejoría en el ánimo de quienes padecen depresión.
María Concepción Morán Martínez, maestra de la Facultad de Psicología de la UNAM y pianista ejecutante por el Conservatorio Nacional de Música, destaca que el disfrute individual de la música es clave para el efecto terapéutico, más allá del tipo de emoción que transmita la pieza musical. Subraya la importancia de integrar los avances neurocientíficos en las prácticas de musicoterapia, lo que permitirá diseñar estrategias más efectivas y personalizadas para cada paciente.
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La musicoterapia tiene un impacto medible en los campos físico, emocional y social
La musicoterapia puede clasificarse en dos modalidades principales: la activa, en la que el paciente toca instrumentos, canta o baila, y la receptiva, donde el paciente solo escucha la música. Si bien la modalidad pasiva ha mostrado resultados sobresalientes en diversos estudios, ambas variantes muestran efectos positivos en padecimientos neurológicos y enfermedades físicas.
Entre los beneficios emocionales destacan la reducción del estrés y la ansiedad mediante la disminución de los niveles de cortisol, el aumento del bienestar general y la facilidad para expresar emociones difíciles.
En el plano cognitivo, la musicoterapia apoya la memoria y la función cognitiva en personas con enfermedades como el Alzheimer o lesiones cerebrales, y mejora el procesamiento auditivo.
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En el aspecto físico, se observa que la música estimula el movimiento, facilita la rehabilitación en personas con discapacidades motoras, reduce el dolor y mejora la función cardiovascular al disminuir la presión arterial y la frecuencia cardíaca.
Sobre el ámbito social, fomenta la interacción y el sentido de pertenencia, sobre todo en personas con trastornos del espectro autista o con dificultades comunicativas.
La musicoterapia también puede elevar la resiliencia y proporcionar alivio emocional en contextos de cuidados paliativos, aliviando la carga psicológica y mejorando la calidad de vida en enfermos terminales.
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De acuerdo con la evidencia presentada por UNAM Global, la musicoterapia ofrece un recurso clínico para abordar el estrés, la ansiedad, la depresión y otros problemas neurológicos, siempre que se imparta bajo la conducción de un profesional certificado y con bases científicas.
Desarrollo tecnológico y retos para la aplicación clínica
A raíz de los descubrimientos recientes, equipos multidisciplinarios —integrados por clínicos, musicoterapeutas, ingenieros e informáticos— desarrollan herramientas innovadoras como aplicaciones digitales.
Estas plataformas podrían ofrecer recomendaciones musicales personalizadas, monitoreo y retroalimentación emocional en tiempo real, así como experiencias multisensoriales de realidad virtual para ayudar a gestionar las emociones en la vida diaria.
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Morán Martínez recalca que la musicoterapia no se reduce a escuchar música sin guía. Exige profesionalización y evidencia científica, ya que la intervención debe ser realizada por expertos acreditados que comprendan los mecanismos neurológicos, fisiológicos y emocionales involucrados.