El avance silencioso del hígado graso asociado a disfunción metabólica (MASLD) representa un desafío creciente para la salud pública en América Latina.
Según datos difundidos por Siemens Healthineers, cerca del 44% de la población mexicana convive con esta enfermedad, que muchas veces evoluciona sin síntomas y puede derivar en problemas graves como fibrosis, cirrosis o cáncer hepático si no se detecta de forma temprana.
Principales factores de riesgo y progresión de la enfermedad
Este trastorno hepático, lejos de ser solo una acumulación de grasa, surge por una combinación de factores metabólicos. La alimentación inadecuada, el sedentarismo y la predisposición genética pueden desencadenar la acumulación de lípidos en el hígado.
Cuando esta acumulación progresa, puede aparecer una inflamación conocida como MASH (esteatohepatitis asociada a disfunción metabólica), que, mantenida en el tiempo, favorece la aparición de fibrosis.
El grado de fibrosis, es decir, la formación de tejido cicatricial, es hoy el principal indicador del riesgo de progresión a complicaciones mayores como cirrosis y cáncer. Por ello, identificar este estadio a tiempo resulta determinante para la toma de decisiones clínicas.
Diagnóstico del hígado graso: de la biopsia a métodos no invasivos
Hoy, existen alternativas menos riesgosas que la biopsia para el diagnóstico y seguimiento del hígado graso. Los análisis de sangre permiten identificar biomarcadores asociados con el proceso de fibrosis, facilitando la estratificación del riesgo.
Por su parte, los ultrasonidos avanzados pueden medir tanto el porcentaje de grasa acumulada como la rigidez del tejido hepático.
Estas herramientas han permitido que personas con factores de riesgo puedan identificar el daño hepático sin necesidad de procedimientos traumáticos, transformando el enfoque de la atención clínica.
¿Cómo frenar el avance del hígado graso?
Adoptar cambios en el estilo de vida es la principal estrategia recomendada por los especialistas para revertir el hígado graso en sus etapas iniciales. De acuerdo con el National Institute of Diabetes and Digestive and Kidney Diseases, se ha demostrado que una pérdida de entre el 5% y el 10% del peso corporal puede reducir la grasa en el hígado y, en algunos casos, favorecer la reversión de la enfermedad.
Asimismo, una alimentación equilibrada, como la dieta mediterránea, juega un papel clave. Esta dieta prioriza verduras, frutas, legumbres, pescado, grasas saludables como el aceite de oliva y limita el consumo de carnes rojas, embutidos y azúcares añadidos.
Por su parte, la enfermera Marta Cervera, del Hospital Clínic de Barcelona, subraya la importancia de eliminar las bebidas azucaradas y el alcohol, ya que ambos favorecen la acumulación de grasa hepática y pueden acelerar la progresión de la enfermedad.
El control de las porciones y la distribución de las comidas a lo largo del día también se consideran medidas beneficiosas. Se recomienda aumentar la ingesta de alimentos en las primeras horas del día y disminuirla por la noche para evitar almacenar el exceso de calorías en forma de grasa hepática.
El papel del ejercicio físico en la reversión del hígado graso
La actividad física regular es otro pilar fundamental para el manejo de la MASLD. Estudios han mostrado que tanto el ejercicio aeróbico como el de fuerza contribuyen a reducir la cantidad de grasa acumulada en el hígado, aun sin cambios drásticos en el peso corporal, según el portal Healthline.
Lo ideal es realizar entre 3 y 4 sesiones semanales, combinando ejercicios de resistencia y sobrecarga, adaptados a las condiciones físicas de cada persona.
La evidencia también sugiere que la constancia es más relevante que la intensidad: incluso actividades de baja o moderada intensidad, si son regulares, pueden aportar beneficios sustanciales.
Tratamientos médicos y el rol de los suplementos
Actualmente, no existen medicamentos específicos aprobados para tratar el hígado graso de origen metabólico en fases iniciales.
Solo en los casos con fibrosis moderada o grave, algunos fármacos como el resmetirom o la semaglutida han demostrado reducir la grasa hepática y la formación de cicatrices, aunque no están indicados en pacientes con cirrosis avanzada.
Respecto a los suplementos alimenticios, la evidencia es limitada. De acuerdo con información de Healhline y Mayo Clinic, compuestos como la vitamina E, el cardo mariano o los ácidos grasos omega 3 han mostrado cierto potencial para mejorar parámetros hepáticos, pero su uso debe evaluarse caso por caso y siempre bajo supervisión médica, ya que pueden tener efectos adversos o interacciones con otros tratamientos.
Prevención y recomendaciones para la población en riesgo
Mantener un peso saludable, realizar actividad física regularmente y evitar el consumo de alimentos ultraprocesados son medidas efectivas para reducir el riesgo de desarrollar la enfermedad
Las personas con factores de riesgo —como obesidad, diabetes, hipertensión o síndrome metabólico— deben considerar evaluaciones periódicas que incluyan pruebas de laboratorio y estudios de imagen no invasivos.
Identificar la enfermedad en etapas tempranas es clave para evitar su progresión y las complicaciones asociadas.
El conocimiento sobre las enfermedades hepáticas permite que la población tome decisiones informadas sobre su salud, incluso antes de que aparezcan los síntomas.
La adopción de hábitos saludables y la consulta médica regular constituyen la base para frenar el avance del hígado graso y mejorar la calidad de vida.