En la actualidad, el uso extendido de plataformas de inteligencia artificial redefine tanto la manera en la que aprendemos como el riesgo de depender de una “muleta digital”, lo que puede debilitar la autonomía intelectual y el pensamiento crítico.
De acuerdo con UNAM Global, la adopción masiva de estas tecnologías multiplica la eficiencia y el acceso a la información, pero exige una revisión cuidadosa de los posibles efectos en el desarrollo cognitivo.
El artículo de UNAM Global detalla que aplicaciones como de IA ya permiten automatizar tareas rutinarias que pueden llegar a consumir “hasta 70% del esfuerzo de los usuarios”, liberando tiempo para actividades más creativas. Con la herramienta es posible redactar, organizar ideas y obtener información en segundos.
Sin embargo, también alerta sobre la llamada “descarga cognitiva”, donde al recurrir sistemáticamente a la tecnología, disminuye el ejercicio del razonamiento, la toma de decisiones y otras capacidades esenciales.
La IA no equivale a pensar: diferencias entre procesamiento artificial y humano
UNAM Global describe que, aunque la IA utiliza redes neuronales profundas y procesamiento de lenguaje natural para generar respuestas cercanas al humano, su funcionamiento no implica verdadera comprensión ni razonamiento propio.
El modelo de de la IA solo calcula probabilidades lingüísticas a partir de patrones estadísticos en la información con la que fue entrenado. Su capacidad para contestar preguntas, redactar textos o improvisar ideas creativas depende por completo de estos algoritmos, sin conciencia, intenciones ni emociones.
Efectos de la IA en el pensamiento crítico
Desde la Revolución Industrial, la sociedad ha debatido los posibles efectos de la automatización sobre el trabajo y la creatividad. Hoy, la disponibilidad de asistentes de IA lleva esa discusión a un nivel nuevo. La tecnología en sí ofrece ventajas claras: incrementa la eficiencia, amplía el acceso al conocimiento y estimula la producción de ideas. El problema aparece cuando estas funciones sustituyen la práctica regular del pensamiento crítico.
La UNAM identifica riesgos concretos: la dependencia cognitiva —similar a usar siempre una calculadora y perder práctica mental—, la pasividad intelectual al dejar de formular preguntas originales y buscar distintas fuentes, y la difusión de información errónea si no se contrasta lo generado por la IA con publicaciones especializadas o fuentes académicas.
El texto recuerda que “la verdadera fortaleza radica en combinar lo mejor de ambos mundos: la eficiencia de la IA y la riqueza del pensamiento crítico humano”, advirtiendo que ceder la iniciativa intelectual debilita la confianza, la creatividad y la capacidad de análisis ante dilemas éticos cada vez más frecuentes en la vida diaria.
Para contrarrestar la “descarga cognitiva”, la UNAM recomienda estrategias como leer regularmente sin intermediarios digitales, participar en actividades creativas —como escribir, dibujar o resolver acertijos— y reservar tiempo para el diálogo y la reflexión antes de acudir automáticamente a la tecnología. El objetivo es mantener viva la mente, entrenar la memoria, fortalecer la comprensión lectora y preservar el juicio crítico.
Entre las claves prácticas que plantea el artículo destacan: contrastar siempre la información que ofrece la IA, utilizarla exclusivamente como herramienta de apoyo y no sustituto, y cuestionarse el sentido, confianza y pertinencia de las respuestas recibidas. Estas prácticas favorecen el desarrollo de habilidades propias aún en escenarios digitales.