El rescate de Francisco Zapata Nájera en la mina Santa Fe, en Sinaloa, expuso la capacidad de resistencia del ser humano. Tras 14 días sin ver la luz del sol, el minero sobrevivió a 300 metros bajo tierra gracias a una burbuja de aire y a la luz intermitente de su lámpara, que permitió a los rescatistas ubicarlo en la penumbra.
El operativo, coordinado por la Coordinación Nacional de Protección Civil y la Secretaría de la Defensa Nacional, se desarrolló en un escenario de riesgo, con túneles inundados, lodo y temperaturas extremas.
Mientras la atención pública se centraba en el avance de las brigadas, el hallazgo de Zapata Nájera representó el segundo rescate con vida tras el derrumbe del 25 de marzo. Más de 300 rescatistas trabajaron sin pausa entre sistemas de bombeo, binomios caninos, cámaras y soportes improvisados para avanzar en galerías con un metro de altura y cubiertas de jal.
Fue hasta el 30 de marzo que se logró la extracción de José Alejandro Cástulo Colín y, días después, el operativo se reorientó para llegar a la zona donde Zapata sobrevivía en condiciones precarias.
El balance hasta el 8 de abril incluye dos mineros rescatados con vida, uno sin vida y un trabajador cuya búsqueda continúa. Según la Fiscalía de Sinaloa, se mantiene el acompañamiento a los familiares y el operativo no se detiene hasta dar con el último atrapado.
El rescate de Francisco Zapata: la luz que rompió la oscuridad
La noche del 7 de abril, después de más de 312 horas de trabajo ininterrumpido, los rescatistas localizaron con vida a Francisco Zapata Nájera, de 42 años, originario de Santiago Papasquiaro, Durango.
De acuerdo con la CNPC, el minero fue hallado en una burbuja de aire, una cavidad improvisada que él mismo escarbó para sobrevivir. “El agua llegó hasta acá, hasta arriba”, dijo Zapata a los soldados del Batallón de Atención a Emergencias del Ejército Mexicano.
La clave del rescate fue una lámpara minera que nunca se apagó. Zapata la prendía y apagaba para lanzar destellos a través de la oscuridad y el agua, guiando a los buzos hacia la vida. “Con una lámpara envió una luz a los rescatistas y ese fue el indicio de que había alguien ahí con vida”, relató Laura Velázquez Alzúa, coordinadora nacional de Protección Civil. Los destellos intermitentes fueron la señal para los brigadistas, que avanzaron entre el silencio y la humedad que se sentía como un peso muerto.
El encuentro quedó registrado en video, difundido en redes sociales. “¿Qué tal? Ejército Mexicano. ¿Cómo te llamas?”, preguntó un rescatista, rompiendo el aislamiento de dos semanas. “Francisco Zapata Nájera”, respondió con voz firme. “¿Tienes fe?”, insistió el rescatista. “Sí. Aquí estamos... Yo no perdí la fe”, contestó. Mientras señalaba la marca del desastre, explicó: “El agua llegó hasta acá, hasta arriba”, describiendo la burbuja de aire que le permitió resistir.
Zapata permaneció más de trece días en completa oscuridad y humedad, rodeado de lodo y agua, soportando la presión y el aislamiento. Su primer mensaje al salir fue una pregunta: “¿Cómo está mi familia?”.
El equipo médico de Protección Civil lo asistió en el interior de la mina y, tras su estabilización, fue cubierto con una manta térmica y recibió suero, oxígeno y raciones de atún. Los rescatistas lo recibieron entre aplausos antes de ser trasladado en helicóptero de la Fuerza Aérea Mexicana al Hospital General de Mazatlán. Presentaba deshidratación, pero su estado de salud se reportó como estable.
El rescate tardó más de medio día desde el hallazgo hasta la extracción, pues fue necesario bombear miles de litros de agua para que Francisco pudiera salir por su propio pie. Durante esas horas finales, la esperanza se mezcló con la tragedia: mientras Zapata ascendía a la superficie, los rescatistas confirmaban el hallazgo de un compañero sin vida.
El operativo de rescate
El derrumbe en la mina Santa Fe ocurrió el 25 de marzo, cuando una presa de jales colapsó e inundó los túneles con lodo y agua. Veinticinco trabajadores estaban en la mina; 21 lograron salir por sus propios medios y cuatro quedaron atrapados. El gerente de la empresa explicó que los túneles tenían un metro de altura y estaban cubiertos de jal, lo que dificultó la evacuación y la ventilación.
El 30 de marzo, tras 100 horas bajo tierra, fue rescatado con vida José Alejandro Cástulo Colín, originario de Michoacán. Su experiencia reveló la gravedad de las condiciones: “Estaba solo. No había luz; toda la luz se la llevó el lodo. No podía caminar de un lado a otro porque el lodo me llegaba a la mitad del estómago”, dijo Colín a medios tras su rescate.
Sobre el minero localizado sin vida, la Fiscalía de Sinaloa inició el protocolo de identificación y traslado del trabajador fallecido.
Mientras tando, la búsqueda del cuarto minero continúa, con los equipos de rescate enfocados en el bombeo, la exploración de zonas profundas y la vigilancia estructural de las galerías.
Las familias de los trabajadores reciben acompañamiento psicológico, alimentación y actualizaciones diarias sobre el avance del operativo.
La presidenta Claudia Sheinbaum reconoció la labor de los rescatistas y la fe de Zapata: “Los excepcionales integrantes del Batallón de Atención a Emergencias del Ejército Mexicano, la fe y la resistencia de un minero hicieron posible este asombroso rescate después de 13 días. Estoy segura que todas y todos los mexicanos tenemos el corazón con ustedes”.