Cuatro años después de que Rusia lanzara su invasión a gran escala sobre Ucrania, la comunidad internacional volvió a pronunciarse. Este martes, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó por amplia mayoría una resolución que exige un alto el fuego inmediato, completo e incondicional, una paz duradera alineada con el derecho internacional y el regreso a casa de miles de prisioneros de guerra y civiles desplazados, incluidos niños. México votó a favor del llamado, reafirmando su compromiso con los principios de la Carta de la ONU. El mensaje de la votación fue claro: la mayoría de los países no están dispuestos a normalizar la guerra.
107 votos, un símbolo poderoso
La resolución, propuesta por Ucrania y respaldada por decenas de países, fue aprobada con 107 votos a favor, 51 abstenciones y 12 en contra. No es un número menor. En el cuarto año de un conflicto que muchos temían que el mundo terminara ignorando por fatiga, más de la mitad de los miembros de la ONU decidieron levantar la mano a favor de la paz.
El canciller ucraniano Andrii Sybiha celebró el resultado en redes sociales y afirmó que el voto es una señal de que Ucrania no está sola y de que los principios de la Carta de la ONU siguen teniendo peso en el mundo.
Los principales opositores fueron Rusia y sus aliados más cercanos: Irán, Cuba, Bielorrusia, Nicaragua y varios países africanos votaron en contra. Sus argumentos, como en ocasiones anteriores, giraron en torno a rechazar lo que calificaron como una resolución sesgada.
El papel incómodo de Estados Unidos y China
Pero el dato más llamativo no fue quién votó en contra, sino quién se abstuvo. Tanto Estados Unidos como China —las dos mayores potencias del planeta— decidieron no respaldar la resolución.
Washington tuvo un papel especialmente contradictorio durante la sesión. Antes de la votación final, la delegación estadounidense intentó separar dos párrafos del texto para votarlos de forma independiente, una maniobra que fue rechazada por amplia mayoría. Después de ese fracaso, Estados Unidos justificó su abstención argumentando que el texto aprobado “distrae” en lugar de abrir camino a una solución diplomática real.
La embajadora adjunta de Estados Unidos ante la ONU, Tammy Bruce, aclaró que el gobierno de Donald Trump sigue comprometido con lograr un acuerdo negociado entre Rusia y Ucrania, pero advirtió que eso “requiere sacrificios y compromisos” de ambas partes, y pidió “rebajar la retórica” para avanzar en serio.
Lo que pide la resolución y lo que no puede hacer
El documento aprobado va más allá del simple cese al fuego. Exige también el intercambio de prisioneros de guerra, la liberación de personas detenidas ilegalmente y el retorno de civiles que fueron desplazados por la fuerza, incluyendo menores de edad separados de sus familias. También reafirma la soberanía e integridad territorial de Ucrania y denuncia que la invasión rusa tiene efectos devastadores que se sienten mucho más allá de sus fronteras.
Sin embargo, hay un límite importante: la Asamblea General de la ONU no tiene poder vinculante. Sus resoluciones no obligan a nadie a hacer nada. Su fuerza es simbólica y política, no jurídica. Rusia puede ignorarla sin consecuencias formales y el Consejo de Seguridad, el único órgano que sí tiene poder coercitivo, lleva cuatro años paralizado por el veto ruso.
¿Qué sigue ahora?
La resolución aprobada este martes no pondrá fin a la guerra mañana. Rusia no va a retirar sus tropas porque 107 países así lo pidieron en una sala de Nueva York. Pero el voto envía una señal política: el aislamiento diplomático de Moscú se mantiene, y la solidaridad con Ucrania, aunque desgastada por el tiempo, sigue siendo mayoritaria en el mundo.
La gran incógnita es qué harán ahora Estados Unidos y sus interlocutores para traducir esa voluntad política en una negociación real. Hasta ahora, las palabras abundan. Los avances concretos, no.