El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), a través del Centro INAH Sinaloa, ha intensificado acciones para que el ulama, juego tradicional de origen prehispánico, obtenga reconocimiento y protección como patrimonio cultural.
El proceso avanza en dos frentes: su inscripción en el Inventario del Patrimonio Cultural Inmaterial de México (IPCIM) y los preparativos para postularlo ante la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
En la comunidad de El Castillo, Navolato, especialistas del INAH documentaron la variante de ulama de antebrazo, mientras definían estrategias jurídicas y culturales para asegurar la salvaguardia de la práctica.
Silvia María Sepúlveda Ponce, coordinadora del Proyecto Ulama, resaltó la urgencia de crear un registro oficial de jugadores. Este mecanismo busca proteger a los portadores ante intentos de apropiación externa y fortalecer la legitimidad sinaloense sobre reglas y dinámicas del juego, blindando su vínculo regional.
Salvaguardia cultural y transmisión legítima
Para los portadores, el ulama es más que un deporte: representa un pilar de cohesión social, identidad y resiliencia frente a los retos cotidianos.
La tradición distingue entre el “portador”, quien hereda el conocimiento de manera directa, y el “practicante”, que se forma por aprendizaje externo. Esta diferencia es crucial en el programa piloto de enseñanza, ya que la formación debe recaer exclusivamente en manos de portadores legítimos, garantizando así la transmisión de la técnica original.
La continuidad de la práctica enfrenta desafíos críticos: falta de financiamiento, dificultades para el traslado y la obtención de materiales, particularmente el hule natural necesario para la manufactura de pelotas de entre 500 gramos y 4 kilos.
Acciones institucionales y respaldo comunitario
El Centro INAH Sinaloa lidera la inscripción del ulama en el IPCIM mediante talleres de autogestión, reuniones con jugadores y autoridades municipales, y la firma de manifiestos de consentimiento. A este esfuerzo se han sumado el Instituto Sinaloense de Cultura, el Congreso del Estado y los ayuntamientos de Mocorito, Mazatlán, Salvador Alvarado y Escuinapa, que respaldan la gestión ante instancias nacionales e internacionales.
La iniciativa busca que toda difusión, tanto nacional como internacional, reconozca a Sinaloa como origen y custodio de esta práctica ancestral, evitando apropiaciones indebidas y asegurando que los beneficios culturales y económicos lleguen a la comunidad portadora.