La Estela 46, uno de los monumentos escultóricos más antiguos de la civilización maya, se exhibe por primera vez al público.
Dicha pieza se exhibe en el Museo de Arquitectura Maya, Baluarte de la Soledad, en la ciudad de Campeche.
Esta pieza, restaurada tras un proceso integral de conservación, es fruto del trabajo conjunto de especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH Campeche) y la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía (ENCRyM).
Procedente del sitio arqueológico El Palmar, al sur del estado, el monumento data del periodo Preclásico Tardío, es decir, del siglo I d.C.
Por qué es relevante la Estela 46
La importancia de la Estela 46 radica en su antigüedad y en las particularidades de su hallazgo y traslado.
En los años 80, la estela fue llevada a Campeche para su conservación.
El procedimiento se inspiró en una práctica maya denominada tz’ahpaj, momento de significado simbólico y político para esta cultura, que implicaba el traslado de estelas atadas con sogas.
A partir de 2007, un equipo de especialistas como Kenichiro Tsukamoto, Javier López Camacho, Luz Evelia Campaña, Octavio Esparza y Daniel Salazar reinició el estudio y la conservación del monumento.
El equipo de trabajo incluyó a la directora del centro INAH Campeche, Adriana Velázquez Morlet, quien también contribuyó al análisis de la pieza.
Por qué fue difícil la restauración de la pieza maya
El proceso de restauración enfrentó desafíos técnicos debido a la naturaleza de la piedra caliza proveniente del sur de Campeche, susceptible a alteraciones que dificultan la conservación de inscripciones y figuras.
La aplicación de técnicas como la fotogrametría tridimensional permitió obtener registros digitales precisos, facilitando el análisis iconográfico y epigráfico del monumento.
El diagnóstico ambiental incluyó el monitoreo continuo de temperatura y humedad, tanto del entorno como de la superficie del propio monumento.
Esta información sirvió como base para las decisiones técnicas, como el diseño de una base reversible que facilita su montaje y preservación dentro de la sala de exposición.
La profesora Isabel Medina-González, responsable del seminario-taller de Conservación Arqueológica de la ENCRyM, destacó que el proceso generó documentación clave para el seguimiento futuro del estado del monumento.
“Gracias al diagnóstico, no solo se contó con una base rigurosa para la toma de decisiones, sino que se creó un expediente cero para monitoreo a futuro”, subrayó.
En el proyecto participaron equipos de restauración, museografía y medios de comunicación patrimonial, así como profesorado y alumnado, entre ellos la profesora Mónica Pinillos Balboa y la estudiante Stephanie Itiel Herrera Marín.
Contaron además con el respaldo institucional de Gerardo Ramos Olvera y Fanny Unikel, de la ENCRyM.
Cómo es la Estela 46
Las dimensiones de la Estela 46 ilustran su relevancia y el reto logístico que implicó: la pieza mide 2,96 metros de alto, a los que se suman 68 centímetros de espiga, alcanzando 3,64 metros de altura en total.
Su ancho es de 70 centímetros y el grosor oscila entre 48 y 50 centímetros.
El conjunto alcanza un peso aproximado de cuatro toneladas, lo que supuso un desafío considerable para su traslado y montaje durante el proceso de conservación-restauración.
La directora Adriana Velázquez Morlet explicó que la forma poco trabajada del monumento evidencia su origen temprano.