La historia de la jirafa Benito le dio la vuelta no sólo a México, sino a todo el mundo, pues fue gracias a la presión de activistas y ciudadanos amantes de los animales que después de varios meses al fin pudo ser trasladado del Parque Central de Ciudad Juárez, Chihuahua, al santuario Africam Safari, en el estado de Puebla.
Benito llevaba meses viviendo a la intemperie, luchando contras las temperaturas bajo cero que le congelaban la piel, la saliva y las pestañas, poniendo su vida en riesgo. Llegó de un zoológico de Sinaloa a un estado con un clima que no era el adecuado para su especie y aún así, la burocracia y la inacción de la autoridades estatales y federales casi terminan con su vida.
Benito ya está en Puebla, se está adaptando a su nueva manada y todo parece ser el agradable inicio de una nueva etapa de su vida. Sin embargo, animalistas y activistas han denunciado en redes sociales que hay más ejemplares que viven en condiciones terribles, como la elefanta Ely, quien lleva más de una década en el Zoológico de San Juan de Aragón de la Ciudad de México, pese a que un santuario de elefantes en Brasil ya dijo que la recibirá para viva con los suyos.
Mientras la lucha por el rescate de Ely busca tener el mismo alcance que la de Benito, salió a la luz la historia de otro jirafito que no corrió con la misma suerte: Guga, quien en marzo próximo habría cumplido apenas seis años, y que murió en condiciones sospechosas el pasado mes de diciembre al interior del Parque Ecológico Ehécatl, ubicado en Ecatepec, Estado de México.
Guga no tuvo un final feliz como Benito
La activista Diana Valencia, mejor conocida como ‘Abriendo alas y abriendo mentes’, quien dio amplia difusión a la historia de Benito, denunció en redes sociales que a Guga lo dejaron morir por falta de alimento, inatención y negligencia médica; un reportaje de la revista Fortuna señala que ésto derivó de un recorte para las dietas de los animales así como la falta de personal, el cual presuntamente fue solventado con recursos que dio el ayuntamiento así como con las donaciones de empresas y vecinos.
Dicho medio relató a mediados de enero de este año, que fuentes cercanas al parque les habrían confirmado que Guga había muerto debido a la cornada de un borrego con el cual recién lo habían cambiado para vivir, y que a raíz de la lesión, la jirafa murió cuando estaba siendo anestesiada, aunque no notificaron del deceso ni a la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) no a la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa).
Sin embargo, luego de que el caso de Guga comenzara a hacerse viral en redes sociales, la Dirección de Medio Ambiente y Ecología de Ecatepec informó que esas versiones no eran ciertas, y que la jirafa presuntamente había fallecido a finales de diciembre debido un padecimiento hepático (en el hígado) y que sí había contacto con las autoridades federales, a las cuales estaban esperando para que certifiquen la muerte del ejemplar y que sus restos se encuentran íntegros en el parque, ya que además había circulado información que apuntaba a que la jirafa había sido destazada y su carne vendida.
Asimismo, las autoridades ecatepenses afirmaron que cuentan con personal especializado y todos los recursos materiales “para el cuidado y bienestar de 518 ejemplares de diferentes especies” que viven en el Parque Ecológico Ehécatl; no obstante, los animalistas que han seguido el caso de Guga, no están convencidos con esta respuesta del gobierno municipal.