Nadie escuchó los golpes de marros, picos y taladros que cada noche retumbaban bajo las celdas del penal de El Altiplano, Estado de México; nadie salvo Joaquín El Chapo Guzmán y su vecino, Sigifredo Nájera Talamantes, quien tras informar lo que nadie escuchó apareció muerto en la prisión de máxima seguridad el 7 de septiembre de 2015.
Cuando las autoridades penitenciarias descubrieron el cuerpo de Nájera Talamantes -conocido en el mundo del narco como “El Canicón”- estaban a punto de transcurrir dos meses desde la segunda fuga de El Chapo Guzmán de una cárcel federal; su muerte -se dijo en ese entonces- fue causada por paro cardiorespiratorio.
María Dolores Talamantes, la madre de “El Canicón” fue obligada a firmar un documento en el que se le prohibía realizar una segunda autopsia a su hijo, según documentó el periodista Ricardo Ravelo en su libro En Manos del Narco.
Por ello y por denunciar que él sí escuchó los ruidos que los hombres de El Chapo hacían al escarbar el túnel de 1.5 kilómetros de largo bajo los cimientos de El Altiplano, fue que la familia de Nájera Talamantes afirmó que pudo haber sido envenenado para callar lo que todos sabían, pero nadie escuchó.
La muerte del único que escuchó la fuga de El Chapo Guzmán
Previo a la fuga del capo sentenciado a cadena perpetua en Estados Unidos, Sigifredo Nájera Talamantes denunció los privilegios que El Chapo Guzmán recibía de los custodios y personal de El Altiplano.
Quien alguna vez fue considerado como uno de los sicarios más sanguinarios de Los Zetas afirmó que Guzmán Loera y Celina Oseguera Parra, coordinadora nacional de penales federales, tenían una estrecha relación y que lo visitaba de manera frecuente en su celda.
Sigifredo y otros narcos detenidos en El Altiplano también denunciaron ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos los malos tratos que recibían de las autoridades del penal; respecto a la fuga de El Chapo, firmaron un desplegado donde declaraban a Tomás Zerón, ex director de la Agencia de Investigación Criminal -hoy prófugo en Israel- todo lo que sabían sobre los días previos a la fuga del siglo.
Entre los firmantes del desplegado se encontraban Miguel Ángel Félix Gallardo, Mario Alberto Cárdenas Guillén, Héctor Beltrán Leyva y Sigifredo Nájera Talamantes, aunque éste último ya había muerto cuando el desplegado vio la luz pública.
Ya en el sepelio del líder de Los Zetas, un grupo de militares irrumpió en la misa de cuerpo presente que dona Dolores organizó: “Se metieron a la funeraria, grabaron a todas las personas, no respetaron nada, no hubo respeto para la iglesia. Los soldados corrieron detrás del cortejo como si fuéramos delincuentes”. Al menos Sigifredo lo era, estaba en El Altiplano, junto a la celda de El Chapo, por participar en la matanza de nueve militares en Nuevo León en 2008.
La Conagua y la fuga de El Chapo
De manera coincidente la Comisión Nacional del Agua (Conagua) realizaba trabajos de mantenimiento al Sistema Cutzamala que pasaba por las inmediaciones de El Altiplano en los meses previos y posteriores a la fuga de El Chapo Guzmán.
Por eso cuando el vecino de celda del ex líder del Cártel de Sinaloa dijo a las autoridades lo que escuchó, éstas afirmaron que se trataban de los trabajos de la Conagua, mismos que los hombres de el capo aprovecharon para ocultar las toneladas de tierra que sacaron para abrir la ruta de escape.
Incluso cuando las autoridades del penal difundieron el video de la celda de El Chapo Guzmán en las imágenes también se escuchan los ruidos de golpes en el suelo de la prisión; pero a pesar de que al menos dos personajes revisar las cámaras, nadie escuchó nada.
El 11 de julio de 2015 El Chapo Guzmán salió por un agujero cavado en el área de regaderas, casi 40 minutos después las rejas de su celda se abrieron para dar paso a los custodios “sorprendidos” por la fuga del siglo.