Así fue la vida dentro del huracán Otis: “Los minutos se volvieron eternos”

Escasez de víveres, cuantiosos daños e incomunicación: así se vivió el impacto del huracán Otis el pasado 25 de octubre en la costa de Guerrero

El huracán Otis impactó en el Puerto de Acapulco el pasado 25 de octubre. Europa Press/Contacto/Dassaev Tellez Adame

La mañana del martes 24 de octubre de 2023 la vida transcurría normal. Era un día soleado, como casi todos los del Acapulco donde nací y vivo. Mis familiares, amigos y vecinos hacían sus actividades cotidianas. Unos trabajando, otros haciendo labores domésticas, unos más ejercitándose.

Sabíamos que estaba pronosticada una tormenta tropical, como tantas otras que hemos pasado. A las 3 pm salí a comprar algo para comer y a cargar gasolina. El despachador me comentó que había visto en las redes sociales que las autoridades locales pedían a la población resguardarse en lugares seguros. Para entonces “‘Otis” ya era un huracán, pero en Acapulco ni siquiera estaba lloviendo.

Según mi propia experiencia, algunas nubes en el cielo me indicaban que esta sería una lluvia más, común y corriente, no visualicé el peligro. En mi adolescencia sufrí a “Pauline” y años más tarde, también supe lo que fue sobrevivir a “Ingrid” y “Manuel”. Creo que nadie de mis allegados o conocidos dimensionamos lo que vendría con “Otis”. Fue hasta las 8:06 pm cuando una publicación de AMLO en X nos puso a dudar respecto a lo que se venía.

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El presidente decía que el huracán tocaría tierra entre las 4 y 6 de la madrugada del día siguiente. Y que lo haría entre Acapulco y Tecpan de Galeana. ‘Ah, se va para allá”, pensé. Todavía trabajé en internet otro rato. Alcancé a avisarles a mis jefes que quizá me quedaría sin energía eléctrica o telefonía celular. ‘Quizá en un par de días se restablezca”, supuse.

Escasez de víveres, cuantiosos daños e incomunicación: así se vivió el impacto del huracán Otis el pasado 25 de octubre en la costa de Guerrero

En 2013, cuando se juntaron “Ingrid” y “Manuel” -algo completamente inédito-, pasaron dos o tres días en los que pude acceder a datos móviles e internet. Recuerdo que hasta publiqué algo en Twitter, clamando por ayuda a Peña Nieto y demás autoridades. En aquel entonces, sólo la zona Diamante de Acapulco resultó afectada. Pero nada más por las lluvias, que dejaron impresionantes inundaciones.

Los paisanos del resto de Acapulco nos trajeron víveres y todo se restableció en cuestión de tres o cuatro meses. Pero lo de “Otis” es algo inimaginable. Ni el terremoto del 7 de septiembre de 2021, ni estar en una cama de hospital -a punto de ser intubado por la COVID- se comparan con lo vivido entre las 11:40 pm del 24 de octubre de 2023 y las 2:20 horas de la madrugada que prosiguió.

Alrededor de las 11 pm todavía salí a comprar algo al OXXO. Me fui caminando y me llevé una sombrilla. LLoviznaba y el aire corría, pero nada fuera de lo común. Regresé a mi departamento a las 23:15 horas. En ese momento vi un mensaje en WhatsApp de mi hermano, que contenía una publicación de la cuenta Sky Alert Storm en X. Decía que los efectos de “Otis” serían “potencialmente catastróficos”, con vientos “severos”, con ráfagas “cercanas a 350 km/h”.

Fotografía de una zona afectada tras el paso del huracán Otis en el balneario de Acapulco, en el estado de Guerrero (México). EFE/David Guzmán

Cargué mi teléfono y sólo tenía prendida la televisión. De pronto, alrededor de las 23:30 horas se fue la energía eléctrica y la señal de telefonía móvil. Como pudimos comenzamos a pegar masking tape en forma de X en las ventanas. Fue el momento de resguardarnos. En minutos comenzó a silbar el viento, como si estuviera llorando. Escuché como se comenzaban a tambalear las puertas del departamento que habito en un tercer piso.

Los minutos se volvieron eternos. Golpes de cosas por doquier, hasta que los cristales no aguantaron más y tronaron. Entonces comenzaron a volar objetos como bumerangs. Madera, acero, vidrios se arremolinaban en mi sala, en el área del comedor, en la cocina. Me agazapé y comencé a orarle al Dios en el que creo. Calculo que fueron casi tres horas de miedo y angustia.

Escuché a mis gatos llorar. Como pude, entumecido, corrí hacia ellos. Con todas mis fuerzas abrí la puerta principal del departamento, misma que el aire jalaba también, como si estuviéramos jugando a las “venciditas”. Luna, Tomás y Follie se aferraron con sus garras a las escaleras, por un momento creí que el viento se los llevaría. Los alcancé a meter y los puse sobre un sillón. Estaban empapados. Alcancé a tomar una toalla y los enrollé. Allí se quedaron junto a mí por horas y horas.

Luna, Tomás y Follie se aferraron con sus garras a las escaleras para evitar ser arrastrados por el viento del huracán Otis.

A las 6 am el viento y la lluvia cedieron un poco. Pero todavía estaba casi oscuro. Comenzó a clarear hasta una hora después. Fue entonces que tuvimos que hacer el recuento de los daños. La mayoría de mis vecinos perdimos todo lo material, aunque no la vida. Sin energía eléctrica, sin comunicación al exterior, teníamos un nudo en la garganta por no saber nada de nuestros seres queridos.

Deambulamos de aquí para allá, como idos, sin saber qué hacer. Estábamos en shock. Estar ahí era como ser un personaje de una serie cuya trama es un escenario apocalíptico. Nomás faltaban los zombies o que se apareciera ‘Mad Max’.

Luego nos dimos cuenta que no teníamos suficiente agua o víveres. Ni con qué cubrir nuestras casas o automóviles si otro huracán venía, como estaba también pronosticado. Salimos a la avenida más cercana. Entre el caos comenzó la rapiña. Primero de artículos de lujo, luego de todo lo demás. Mis paisanos arrasaron con todo. Aunque tampoco previeron que días después comenzaría la escasez, la sed y la hambruna.

El primer helicóptero que surcó los aires de la zona Diamante de Acapulco fue uno de la Marina Armada de México, y lo hizo hasta las 3 pm del miércoles 25 de octubre

Los más conservadores fueron por agua potable y comida no perecedera para ellos o sus mascotas. Las cosas eran arrastradas por las calles ante la falta de transporte. Las vialidades llenas de lodo, árboles caídos, estructuras metálicas y escombro, obstruían el paso de casi cualquier vehículo. En ese momento el hielo y la gasolina valían más que los lingotes de oro. Pero no todo fue malo, tengo que reconocerlo. La solidaridad social sobrepasó a la polarización política. Aquí no había partidos, ni clases sociales. Todos, los ricos y los pobres, estábamos enlodados y jodidos por igual.

El Estado en su conjunto brilló por su ausencia, por lo menos un día y medio. El primer helicóptero que surcó los aires de la zona Diamante de Acapulco, por ejemplo, fue uno de la Marina Armada de México, y lo hizo hasta las 3 pm del miércoles 25 de octubre de 2023. Después nos enteraríamos que en dicha aeronave iba a bordo López Obrador. Los trabajadores de la CFE hicieron presencia hasta el dia siguiente. Los soldados, marinos o elementos de la Guardia Nacional, hasta la noche del jueves.

El resto de la historia, ya la conocen. Pero faltan muchas más verdades por develar. Cosas, datos e historias narradas por los propios acapulqueños, que los tres niveles de gobierno no quieren que se sepan y quieren enterrar bajo los escombros. Pero de una vez les digo, que no podrán, al menos no por mucho tiempo, cubrir sus mentiras con el lodo y devastación que nos dejó “Otis”.

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