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AION 2 y el difícil arte de volver a perderse en un MMO

Un exponente que quiere recuperar la sensación de aventura de los viejos MMO, pero sin renunciar a las comodidades que transformaron el género

AION 2 - NC

Hubo un tiempo en que jugar un MMO significaba perderse. No en el sentido de no saber qué hacer, claro, sino en el de entrar a un mundo que parecía demasiado grande para nosotros. Había mapas que no conocíamos, sistemas que tardábamos en entender y lugares a los que llegábamos simplemente porque decidíamos caminar en una dirección determinada, al azar. AION 2 me produjo una sensación bastante curiosa en ese aspecto, porque parece querer recuperar algo de esa experiencia, pero construido sobre las comodidades actuales de un género que hace tiempo aprendió a decirnos exactamente qué hacer y cómo hacerlo.

La primera impresión, a grandes rasgos, es la de estar frente a un mundo enorme, colorido y deliberadamente espectacular. Hay algo casi exagerado en el diseño de personajes, en los escenarios y en esa estética de fantasía coreana que convierte cada rincón en una postal onírica (y muchas veces, psicodélica). Pero lo interesante no está solamente en lo que vemos, sino en cómo el juego intenta convencernos de que ese mundo merece ser explorado, en la urgencia de hacernos creer que valen la pena las horas que vayamos a invertir. Ahí es donde AION 2 encuentra algunos de sus mejores momentos, especialmente cuando nos rebelamos frente al sistema, cuando dejamos de seguir la flecha que aparece en pantalla y empezamos a mirar qué hay alrededor.

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AION 2 - NC

Porque sí, la flecha está ahí (un mal del que Wolverine también fue testigo y víctima al mismo tiempo). También está el camino automático, una interfaz que parece diseñada pensando tanto en una pantalla táctil como en un monitor y una cantidad de sistemas que, por momentos, hacen que el juego se sienta más cercano a un MMORPG mobile que a la idea clásica que tenemos de un MMO de PC. No es necesariamente un problema de accesibilidad, para ser sincero. El problema reside en sentir que tanta comodidad empieza a quitarle fricción a la aventura. Y sin fricción, muchas veces, también desaparece el descubrimiento, el efecto sorpresa.

El combate, curiosamente, es uno de los lugares donde la gente de NC (su desarrolladora) consigue recuperar esa profundidad que por momentos parece esconder dejándose llevar por los vicios de una modernidad que responde a tendencias y algoritmos. De entrada puede parecer otro sistema de habilidades, números y efectos y papelitos de colores que se disparan mientras esperamos el próximo cooldown. Pero cuando empezamos a entender las clases, las rotaciones y las posibilidades de configuración (inmensas, por cierto), aparece un juego bastante más interesante, mucho menos superficial de lo que vende “la portada”. Es uno de esos sistemas que no necesariamente te enamoran durante los primeros minutos donde todo parece caótico, pero que empiezan a tener sentido cuando dejamos de mirar los botones y la cuestión más técnica, y prestamos atención a lo que realmente estamos haciendo.

AION 2 - NC

Algo parecido sucede con la progresión. Siempre hay algo para conseguir, mejorar o desbloquear. Una misión secundaria puede llevarnos a otra actividad, una actividad nos entrega recursos y esos recursos terminan alimentando alguna otra parte del personaje. Todo está interconectado y esa narrativa de necesidades objetivas es un gran punto a favor. Es una maquinaria muy bien aceitada, por así decirlo. Funciona el engranaje. El problema es que -para seguir con las metáforas- una maquinaria demasiado bien aceitada también puede terminar sintiéndose como una cinta transportadora. En algún momento me pregunté si estaba jugando porque quería descubrir qué había detrás de la próxima montaña o simplemente porque el juego sabía exactamente cuál era la siguiente recompensa que debía ofrecerme. Se generó una suerte de pregunta existencial, casi retórica, que me dejó pensando más tiempo de lo que hubiese imaginado.

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Y creo que ahí está la contradicción más interesante de AION 2, al menos en lo que a mí respecta. Es un juego que efectivamente tiene muchísimo contenido, pero que a veces parece tener varias dudas sobre cómo presentarlo. Quiere ofrecernos un mundo gigantesco y, al mismo tiempo, señalarnos el camino. Es como que te vende mucho, pero lo que te termina dando es a cuentagotas. Y que no se malinterprete, no es que nos miente en la cara: simplemente confunde la forma en la que propone las cosas. Quiere que exploremos, pero también quiere asegurarse de que no perdamos tiempo en hacerlo. Quiere recuperar la sensación de aventura de los viejos MMO utilizando las herramientas de diseño que hicieron que muchos MMO modernos se parezcan cada vez más entre sí. En una época donde las películas se obligan a sí mismas a sobre explicarse, o donde hay un botón para verlas en una velocidad más rápida a la que fue filmada, nada de esto sorprende. El juego quiere desafiarte... pero no tanto como para que te vayas.

AION 2 - NC

Sin embargo, cuando consigue sacarse ese paradigma de conceptos de encima, esa necesidad de optimizar cada minuto, aparece algo que me resultó mucho más atractivo: un mundo al que dan ganas de volver una y otra vez. El vuelo, la exploración, las dimensiones de algunos escenarios y esa sensación de que todavía hay zonas que no conozco y quiero conocer consiguen generar una curiosidad que muchos MMORPG contemporáneos dejaron de provocar. Y para mí eso vale muchísimo más que tener cien sistemas diferentes de progresión y mil ramificaciones de árboles infinitos de habilidades. Porque un MMO puede tener contenido infinito y, aun así, no tener ningún lugar al que realmente queramos regresar.

Por eso creo que a AION 2 lo termino tomando más como una apuesta “distinta”, y no como “el nuevo gran MMORPG”, porque a decir verdad, en un género tan poblado, termina siendo como un síntoma de lo que estamos buscando y no tanto una afirmación de lo que debería ser. Es un juego atrapado entre dos épocas, donde por un lado quiere recuperar la escala y el misterio de los mundos online de antes, pero no se anima a abandonar las comodidades del diseño moderno que tiene miedo a fracasar en el intento. A veces esa mezcla funciona y otras veces se nota demasiado la costura. Pero debajo de todas esas contradicciones hay algo que me parece cada vez más difícil de encontrar, y es todo eso que reside bajo la sensación de que todavía hay un mundo ahí afuera que no terminé de conocer, porque a diferencia de lo que muchos pueden pensar, perderse un poco en un mundo tan esquematizado quizás vuelva a ser una gran idea.

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