La espera por Mina The Hollower fue larga. Más de tres años pasaron desde su exitosa campaña de Kickstarter hasta que pudimos jugar la versión terminada. En el medio hubo silencio, el trabajo incansable del estudio que nos dio el fantástico Shovel Knight y una pandemia. Cuando en octubre de 2025, la fecha de lanzamiento original, nos enteramos de un retraso indefinido temimos lo peor, sin embargo el mes pasado llegó el momento esperado. Es posible que a simple vista no lo parezca, quizás por su apartado visual y jugabilidad que nos remonta a la edad dorada de la Game Boy Color, pero estamos ante una de las mejores aventuras de acción de los últimos años y funciona bien en todo lo que se propone.
Mina The Hollower abraza la esencia de los pilares de la industria como The Legend of Zelda o Mega Man y la transforma en algo propio. Todo está construido alrededor de las limitaciones de la legendaria plataforma de 8 bits portátil de Nintendo pero con la experiencia y creatividad de Yatch Club Games. El resultado es maravilloso y se siente desde el primer minuto en la escena del barco. Para cuando hayamos visto pasar los créditos, casi 30 horas después, entenderemos la verdadera profundidad de la propuesta y tendremos ganas de iniciar una nueva partida en el modo New Game+. Pero, ¿qué lo hace tan especial entre tantos juegos independientes con un apartado visual similar y puntajes altos en Metacritic? La respuesta es tan simple como difícil de replicar: cada pantalla que forma el extenso mapeado del juego se siente única, tiene secretos y pequeños puzzles que resolver y a la vez es parte de una construcción más grande y coherente.
De buenas a primeras Mina The Hollower es un juego de acción de mundo abierto. Una vez superado el comienzo podremos recorrer el mapa a nuestras anchas mientras encontramos la forma de llegar hacia alguna de las torres. El camino estará repleto de sectores bloqueados, enemigos, tesoros y secretos. El juego nos da un manual de instrucciones in-game, algunos consejos útiles y deja todo lo demás en nuestras manos. Mina debe reactivar los generadores para devolverle la estabilidad a la Isla Tenebrous y frustrar los planes de Thorne, el villano de turno, mientras derrota monstruos mutantes y jefes espectaculares. La historia tiene varios puntos de inflexión y nos mantiene interesados mientras vamos de batalla en batalla, de hecho hay un par de vueltas de tuerca interesantes y los personajes secundarios tienen un carisma innegable. El mundo se siente vivo, cada zona tiene una identidad propia y los calabozos principales verdaderamente memorables.
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A la hora de la acción podemos elegir entre tres armas principales: el látigo con punta de acero (Nightstar) el martillo (Blaststrike Maul) y las dagas (Whisper & Vesper). El primero es el que ofrece mayor rango pero limita la movilidad dejándonos quietos mientras dura la animación de ataque. El segundo ofrece el mayor daño a costa de una velocidad de ataque lenta, pero a la vez es el único que nos permite esquivar con un roll mientras cargamos el golpe. Finalmente, las dagas intercambian poder por agilidad, son ideales para atacar rápidamente y replegarse. No hay un arma mejor que otra, hay que elegir la más apropiada para nuestro estilo de juego. Más adelante podremos comprar o encontrar dos armas más: un escudo (Guardian Casket) y una espada/pistola (Battery Buster). Estas ofrecen una experiencia más completa, compleja y, a mi criterio, superior que las primeras tres. El escudo es el único que puede hacer “parry” y contraatacar, luego cuando lo mejoramos se puede arrojar y transformar la acción casi en una película de Marvel. La Battery Buster funciona como una espada normal, al atacar enemigos recarga la munición que nos permite disparar a distancia hasta cinco tiros seguidos, con posibilidades de cargar un disparo más poderoso si encontramos la mejora oculta.
El sistema de progresión es tradicional. Al derrotar enemigos juntaremos sus huesos que cumplen la función de experiencia y dinero a la vez. Cuando conseguimos la cantidad necesaria para subir de nivel nos darán la opción de mejorar el ataque, la defensa o el daño de las armas secundarias. Si no estamos seguros podemos depositarlos en nuestra bóveda, que sería la cuarta opción. Cada vez será más caro subir de nivel, pero el precio de cada mejora subirá sólo si compramos la anterior. En otras palabras, subir solo daño será más caro que ir subiendo un parámetro a la vez. Además podremos equipar hasta cinco accesorios que pueden modificar radicalmente nuestra experiencia haciendo que, por ejemplo, podamos saltar más alto, correr por las paredes, rebotar una vez al caer al vacío o curarnos el doble de rápido. Algunos accesorios se pueden comprar pero los mejores están bien escondidos, haciendo que la exploración sea un desafío bien recompensado. Algunos son premios por completar minijuegos ocultos como las carreras del espectro o el infame (pero nunca aburrido) juego de saltar sobre las argollas de luz.
Los combates son rápidos y premian el arrojo por sobre la precaución. La más clara evidencia es la mecánica de curación. Ésta depende de frascos que se van rellenando de plasma a medida que atacamos o juntamos flores amarillas. Al recibir daño nuestra barra de vida queda marcada en amarillo, esa cantidad podemos recuperar rápidamente si tenemos suficiente plasma en el frasco. Si no estamos atacando los frascos directamente no nos curarán y terminaremos perdiendo la batalla. La animación de curación es larga y si nos atacan durante ella perderemos no sólo el frasco sino el plasma que habíamos juntado. Eso significa que habrá que esperar el momento justo para curarnos, mientras tanto sólo nos queda pasar por debajo de los ataques ahuecando el suelo. La única mecánica para evitar el daño es zambullirnos por debajo de los enemigos cavando rápidamente. Esto se hace manteniendo el botón de saltar, al tocar el piso empezaremos a cavar por debajo y podremos movernos libremente por unos segundos. Al soltar el botón Mina volverá rápidamente a la superficie, si no lo soltamos lo hará igualmente al quedarse sin aire.
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Mina The Hollower funciona bien en todos los frentes y ese es uno de sus puntos más fuertes. Desafía lo suficiente como para mantenernos al borde del sillón pero no tanto como para desalentarnos. Nos da las herramientas para superar la dificultad con habilidad o bien comprando mejoras, “tanqueando” el juego podríamos decir. Sin embargo, siempre tiene algún desafío extra a la vuelta de la esquina. Puede ser un cofre que no sabemos cómo alcanzar o un jefe oculto que nos sorprende luego de una inspirada sección de exploración. Cada jefe principal está precedido por un calabozo único, que ostenta no sólo un criterio cuidado sino un diseño realmente exquisito. No hay mapeados parecidos, son temáticos en lo estético y en lo jugable. Siempre sorprendiendo por su belleza y también por su propuesta en general, inclusive cuando cambia momentáneamente la jugabilidad o nos toma por sorpresa. Y cuando las cosas se complican por demás, o simplemente no podemos disfrutarlo por algún pico de dificultad, hay un sinfín de opciones de accesibilidad y modificadores para adaptar la propuesta a nuestras necesidades particulares.
Yacht Club Games volvió a sacudir el mundo del gaming con un título sólido, divertido, desafiante y visualmente hermoso. Mina The Hollower es tan extenso como exquisito. Cada segmento del mapa se siente cuidadosamente tallado del mismo mármol que conforma su mundo. Nada está fuera de lugar, ningún escenario o calabozo está hecho a las apuradas o tiene algo que envidiarle al próximo o al anterior. No hay tampoco un orden para jugarlos ni un arma que domine al resto, la sensación de balance es maravillosa y las treinta horas de juego que suele durar la aventura se pasan en un abrir y cerrar de ojos. Es un juego que puedo recomendarle a cualquier tipo de jugador que no arrugue la nariz al ver gráficos de pixel art y esté dispuesto a someterse a las limitaciones de aquellos legendarios 8 bits. Sin duda es uno de los mejores juegos del año y, me animo a afirmar, se ganará un lugar en el podio de los mejores de la década.