Pocas rivalidades en la historia de los videojuegos generaron tanta pasión entre los jugadores como la que enfrentó a FIFA y Pro Evolution Soccer. Dos formas distintas de entender el fútbol y lo que un videojuego debía representar, dos compañías con filosofías opuestas y, durante años, un debate que dividió a generaciones enteras de gamers.
La historia comenzó en 1993, cuando EA Sports lanzó la primera edición de FIFA. El juego adoptaba una perspectiva isométrica y apostaba por una experiencia rápida y arcade: fácil de jugar, espectacular a la vista, pero lejos del realismo puro. Algo que tenía sentido también por las mimas limitaciones técnicas de la época. Fue el rey indiscutido del fútbol virtual hasta que, en 1997, Konami apareció con International Superstar Soccer Pro para plantear una alternativa radicalmente diferente. La empresa japonesa buscaba simulación antes que espectáculo: pases al hueco, barra de potencia para los remates, cambios tácticos durante el partido. Desde el arranque, cada título representaba una visión distinta del deporte.
El apogeo de Konami: la era PES
A comienzos de los años 2000, Konami cambió el nombre de su saga a Pro Evolution Soccer y consolidó su reputación. La compañía dominaba el mercado con una propuesta que los propios desarrolladores de EA Sports llegaron a señalar como el ejemplo a seguir. Gary Paterson, diseñador del gameplay de FIFA, y David Rutter, productor del juego, reconocieron al llegar a la división de Vancouver que el equipo asumía con humildad que PES los estaba superando año tras año.
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El punto más alto de la saga de Konami llegó en agosto de 2005 con Pro Evolution Soccer 5, conocido en algunas regiones como Winning Eleven 9. Aún a día de hoy, se considera este título como un cambio de paradigma no solo técnico sino también de jugabilidad. El título era desafiante y necesitaba de precisión para jugarse de manera correcta. Castigaba las decisiones apresuradas, exigía paciencia y recompensaba el juego elaborado.
Tan dorada era la época para Konami que se permitió poner a un árbitro en la portada de uno de sus juegos e incluir un modo donde los jugadores podían ser reemplazados por pingüinos y dinosaurios.
El quiebre: la transición a PlayStation 3
La llegada de PlayStation 3 y Xbox 360 marcó el fin del dominio de Konami. EA Sports aprovechó el cambio de generación para dar un salto que su rival no supo acompañar. La compañía norteamericana estaba bajo presión ya que había perdido los derechos de la MLB y NBA 2K estaba superando a la franquicia NBA Live. Por este motivo, el fútbol pasó a ser una apuesta central para EA Sports.
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Esa necesidad de triunfar en el fútbol generó un período de inventiva acelerada. El punto de inflexión llegó en 2009 con FIFA 09, que introdujo el modo Ultimate Team, un sistema que permitía armar equipos con cartas virtuales de jugadores reales. El modo resultó adictivo desde el primer día y se convirtió en un pilar no solo de FIFA sino de otras franquicias deportivas de EA y de competidores como NBA 2K. Aún al día de hoy, Ultimate Team es la modalidad que reina en la franquicia y que mayor caudal de jugadores recibe por sus posibilidades competitivas y de juego.
A partir de FIFA 09, EA empezó a desplegar mejoras sistemáticas en el control y en los modos de juego. Desde la edición del Mundial de Sudáfrica 2010, la compañía comenzó a implementar el sistema de dribbling y pases en 360 grados, que eventualmente derivó en libertad de movimiento completa. Por su lado, Konami incorporó características similares, pero su inconsistencia de entrega en entrega le impidió capitalizar los avances. Mientras que FIFA daba pasos hacia adelante edición tras edición, Pro Evolution Soccer se estancaba en sus novedades.
La brecha en ventas y el poder de las licencias
A medida que avanzó la década de 2010, la diferencia entre ambas franquicias dejó de ser un debate y se convirtió en un dato concreto. En 2009, la brecha de ventas entre FIFA y PES era de 1,8 millones de copias. Para 2018, esa diferencia había saltado a más de 12 millones: FIFA vendió 12,2 millones de unidades, mientras que PES apenas alcanzó las 550.000.
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El tema de las licencias jugó un rol central. FIFA contaba con los derechos de las principales ligas del mundo, incluyendo la Premier League, La Liga, la Serie A, la Bundesliga, la Ligue 1 y decenas de selecciones nacionales. PES, en cambio, operaba con un catálogo reducido y se veía obligado a usar nombres alternativos para los clubes que no licenciaba: el Manchester City se convertía en “Man Blue”, el Real Madrid en “MD White”. Para un público cada vez más exigente, esa limitación resultaba difícil de ignorar.
Otro factor decisivo fue el ecosistema de contenido en YouTube y plataformas de streaming. Los videos de aperturas de sobres de Ultimate Team, con las reacciones en vivo de los jugadores, generaron millones de visitas. EA supo capitalizar esa cultura: estableció alianzas con influencers, músicos y deportistas de otras disciplinas para promover sus juegos. Konami, en cambio, no logró insertarse en ese circuito con la misma intensidad.
El colapso de eFootball y el fin de una era
En 2021, Konami tomó una decisión radical: rebautizó la saga PES como eFootball y la relanzó como un juego gratuito para intentar recuperar parte del mercado perdido. La estrategia era clara: eliminar la barrera de entrada del precio y ofrecer actualizaciones periódicas. La ejecución, sin embargo, no fue la mejor.
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El lanzamiento de eFootball en 2021 fue recibido con críticas masivas. Los jugadores encontraron un producto incompleto, con modelos de personajes deformados y modos de juego ausentes. Lo asentado de FIFA en el mercado sumado a este lanzamiento fallido no hizo más que aumentar la brecha entre ambas franquicias.
Konami emitió una disculpa pública y prometió una actualización importante, que incluiría el regreso de modos clásicos como Master League y una versión para dispositivos móviles. Pero el daño a la imagen ya estaba hecho.
La disputa fuera del campo: EA vs. la FIFA institucional
Mientras Konami lidiaba con su propia crisis, EA Sports enfrentaba un conflicto de otro tipo. A fines de 2021 trascendió que la FIFA, la federación internacional de fútbol, había exigido duplicar el valor de su contrato de licencia. El acuerdo original, firmado en 2013 por 150 millones de dólares anuales a diez años, quedaba lejos de reflejar el valor real que el videojuego había adquirido.
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EA respondió con su propia estrategia: renovó su acuerdo con FIFPro, la federación internacional de futbolistas, asegurándose los derechos sobre los jugadores reales con independencia de lo que ocurriera con la FIFA institucional. El nombre “EA Sports FC” comenzó a circular como el posible sustituto del histórico sello FIFA. El cambio finalmente se concretó y, a partir de 2023, la saga pasó a llamarse EA Sports FC, poniendo fin a una marca que había dominado el género durante tres décadas.
La negociación expuso las tensiones entre dos modelos de negocio que, pese a estar vinculados, tienen intereses distintos. Para la FIFA, el videojuego había pasado de ser un accesorio a convertirse en una herramienta central para conectar con el público joven. Para EA, el nombre era secundario frente al ecosistema que había construido en torno a Ultimate Team y sus cientos de millones de usuarios registrados.