Para la escritora española, Edurne Portela (1974) el confinamiento representó un momento revelador para su obra. Tras mudarse a las afueras de Madrid, a un pueblo chico ubicado en la sierra de Gredos (península ibérica), recibió el archivo de historia sobre María Josefa Sansberro, mejor conocida como Maddi, una mujer estandarte de resistencia y deportada a campos de concentración cuya existencia se encargó de condensar en “Maddi y las fronteras”.
Maddi maravilló a Portela por tratarse de una mujer valiente nacida en 1895 en la localidad vasca de Oiartzun, donde se formó como una figura contradictoria: católica y divorciada, que se convirtió en un agente de la resistencia y regentó un hotel en la frontera de los Pirineos entre Francia y España; una figura que obsesionó a la escritora por meses.
La novela tomó forma a partir de aquellos documentos históricos recibidos por Portela en 2021, que revelaron a una mujer aguerrida que fungió como contrabandista y mugalari, como se les conocía a las personas que ayudaban a cruzar la frontera a alguien perseguido por motivos políticos.
La autora evoca a una Maddi (pronunciado Mayi) que desafió los límites de su destino, decidida a superar sus orígenes humildes; una mujer decidida que en la plenitud de su matrimonio decide divorciarse de Nico y ponerse a cargo de un hotel cercano al monte Larrún, un paraje turístico para los franceses por contar con un tren que subía hasta la cima.
“Maddi y las fronteras” presenta también un personaje desdeñoso que seduce a Louis, el barbero del pueblo, que no cree en Dios, pero sí en el hombre. Muy al contrario de ella, que se mantiene como una ferviente católica. Portela la describe como una mujer poco agraciada, hombruna y de carácter fuerte, que no quería atar su destino a un hombre.
Como cabecilla del hotel y aprovechando su ubicación, empieza a negociar y traficar alimentos, medias y otro tipo de mercancías, pero se niega a pasar preservativos. Todo bajo los argumentos de su inquebrantable moral católica. Sansberro cada domingo asistía de forma religiosa a las misas, pero existe un relato de cuando se le negó la comunión por ser divorciada.
Portela también versa sobre el tiempo en el que Maddi tuvo que servir a los militantes nazis en su hotel, poco después que la zona fuera ocupada. Todo mientras ella era una agente de resistencia. Después de la ocupación alemana paso a convertirse en parte la estadística de mujeres españolas enviadas a campos de concentración, fue deportada a Dachau, Ravensbrück, y finalmente, para 1944, murió en Sachsenhausen.
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