El Banco Central de Honduras (BCH) decidió aumentar la Tasa de Política Monetaria (TPM) de 5,75 % a 6 %, en un intento por contener el repunte de la inflación y reducir riesgos sobre las reservas internacionales.
La decisión fue adoptada el 18 de septiembre y representa un incremento de 25 puntos básicos, mucho menor que los ajustes acumulados aplicados en 2024. El presidente del BCH, Roberto Lagos, calificó la medida como “preventiva y gradual” y sostuvo que busca llevar la política monetaria desde una postura todavía acomodaticia hacia una posición más neutral.
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En enero, la inflación interanual estaba en 4,2 %, pero para agosto había alcanzado 6,2 %, por encima del rango meta del BCH de 4 % ± 1 punto porcentual.
El problema, sin embargo, no viene principalmente de una demanda interna desbordada.
La inflación núcleo, que excluye alimentos y energía, bajó de 3 % en enero a 2,3 % en agosto. En cambio, el componente de alimentos y energía saltó de 2 % a 10 %, impulsado por sequía, combustibles y otros choques externos. Ese componente explica alrededor del 57 % de la inflación total, según el BCH.
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Por eso, la autoridad monetaria intenta evitar que esas alzas iniciales terminen trasladándose al resto de la economía mediante salarios, alquileres, servicios y otros precios.
¿Esto significa que subirán los préstamos?
La TPM funciona como una señal de referencia para el sistema financiero y para las operaciones interbancarias. El propio BCH explica que esta tasa refleja la postura de política monetaria y sirve de referencia para operaciones de liquidez entre instituciones financieras.
Lagos sostiene que un aumento de 0,25 puntos porcentuales no implica automáticamente que los bancos suban sus tasas activas al día siguiente, especialmente porque el sistema financiero mantiene altos niveles de liquidez.
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Según sus datos, la liquidez de largo plazo ronda los L150.000 millones, mientras la de corto plazo se sitúa alrededor de L10.000 millones.
Sin embargo, el economista Ismael Zepeda plantea una lectura distinta: considera que el propósito de elevar la TPM es precisamente moderar el consumo y la velocidad del dinero, por lo que eventualmente podría ejercer presión al alza sobre préstamos y créditos.
La diferencia entre ambas posiciones está en el tiempo y la intensidad del efecto: el BCH sostiene que la transmisión será gradual, mientras críticos advierten que los bancos suelen reaccionar con mayor rapidez cuando las tasas suben.
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La otra preocupación: proteger las reservas en dólares
Lagos explicó que también busca reducir el llamado arbitraje de tasas, es decir, evitar que invertir en dólares en Estados Unidos resulte mucho más atractivo que mantener recursos en lempiras.
Si esa brecha se amplía demasiado, puede aumentar la demanda de dólares y ejercer presión sobre las reservas internacionales.
El BCH reportó reservas netas por US$11.515,6 millones al 14 de septiembre, equivalentes a alrededor de 6,6 meses de importaciones.
La estrategia oficial consiste en mantener una diferencia suficiente frente a las tasas internacionales para reducir incentivos de salida de capital y preservar disponibilidad de divisas para importaciones de petróleo, alimentos y otros bienes.
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El Banco Central también insiste en que la economía mantiene señales de dinamismo.
El Índice Mensual de Actividad Económica creció 4,4 % interanual en julio y el crédito al sector privado aumentó 8 % en agosto. Las remesas, por su parte, alcanzaron US$9.495 millones.
Eso permite al BCH argumentar que el ajuste puede hacerse de manera gradual sin frenar abruptamente la actividad.
La decisión coloca al BCH frente a un equilibrio delicado. Si mantiene las tasas demasiado bajas, corre el riesgo de alimentar más inflación, presionar el tipo de cambio y perder reservas.
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Pero si endurece demasiado rápido la política monetaria, puede encarecer el crédito y enfriar inversión, consumo y construcción.
Por eso, el aumento hasta 6 % debe leerse como una señal: el Banco Central quiere anticiparse a nuevas presiones antes de tener que aplicar un ajuste más fuerte en el futuro.
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