Fray Augusto Ramírez Monasterio fue proclamado beato por la Iglesia católica tras el reconocimiento de su martirio: el sacerdote franciscano guatemalteco fue secuestrado, torturado y asesinado en 1983 por negarse a revelar la información que había recibido durante una confesión. Su elevación a los altares lo convirtió en el primer sacerdote de Guatemala con ese reconocimiento eclesiástico.
Nacido en la ciudad de Guatemala el 5 de noviembre de 1937, era el menor de nueve hermanos y fue bautizado el 19 de diciembre de ese año en la parroquia de Nuestra Señora de Candelaria. Cursó la educación primaria y secundaria en Guatemala, y continuó sus estudios básicos en Diriamba, Nicaragua.
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El 24 de diciembre de 1958 ingresó al noviciado franciscano de Santa Ana del Monte, en España. Allí completó su formación en Filosofía y Teología, en Albacete, recibió la profesión solemne, el diaconado y la ordenación sacerdotal.
La formación religiosa y el trabajo con comunidades campesinas
Tras regresar a Centroamérica, Ramírez Monasterio fue formador en el Colegio Seráfico de Diriamba. Más tarde volvió a España para especializarse en lenguas clásicas y, al retornar, dirigió el seminario franciscano de la Escuela de Cristo, en Antigua Guatemala.
También fue superior del seminario de Cristo Rey, ubicado en la zona 15 de la capital. Entre 1978 y 1983 se desempeñó como superior y párroco del templo San Francisco El Grande, en Antigua Guatemala, durante los años de violencia vinculados al gobierno militar y al conflicto armado interno.
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Su ministerio incluyó el acompañamiento de jóvenes, comunidades indígenas y campesinas, además de su colaboración con las Obras Sociales del Hermano Pedro. La Conferencia de Religiosas y Religiosos de Guatemala, Confregua, destacó esa tarea pastoral y recogió que el religioso se solidarizaba con “los pobres y oprimidos”.
La persecución comenzó en junio de 1983, después de que un campesino relacionado con la guerrilla acudiera a confesarse con él. El sacerdote fue acusado de simpatizar con los sublevados, aunque la causa eclesiástica sostuvo que se había mantenido ajeno a la política y que ejercía la doctrina de la Iglesia católica.
El secreto de confesión, la tortura y el asesinato
Ramírez Monasterio fue secuestrado y torturado para que revelara lo que había escuchado durante el sacramento, pero no cedió. Tras recuperar la libertad, rechazó las recomendaciones de abandonar Guatemala y permaneció en su parroquia pese a las amenazas de la policía estatal.
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Confregua registró la respuesta que dio a quienes le pidieron partir: “No debo nada a nadie, yo no me voy. Hay que dar un precedente”. La escalada de intimidaciones continuó durante los meses posteriores.
El 7 de noviembre de 1983, el franciscano fue secuestrado por segunda vez y asesinado a tiros en las afueras de la ciudad de Guatemala. Las autoridades de entonces presentaron el hecho como un intento de fuga del vehículo en el que era trasladado, mientras que la Iglesia determinó posteriormente que había sido un martirio por odio a la fe.
La prensa de la época describió el episodio bajo el título “un muerto y un herido en tiroteo en el periférico”. El relato litúrgico de su causa lo identificó como el decimotercer religioso asesinado durante el conflicto armado interno guatemalteco.
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La Conferencia Episcopal de Guatemala presentó su nombre ante el papa Juan Pablo II en 1996 y reiteró la petición durante una segunda visita papal en 2000. El papa León XIV firmó el 22 de enero de 2026 el decreto que reconoció su martirio, luego de una audiencia con el cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos.
Ese reconocimiento permitió su beatificación sin que fuera necesario acreditar un milagro. La carta apostólica que formalizó la decisión fue firmada en Roma el 14 de septiembre de 2026, durante la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, y fijó el 7 de noviembre como fecha de su memoria litúrgica.
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