El presidente de Guatemala, Bernardo Arévalo de León, otorgó asueto con goce de salario para el lunes 2 de noviembre a los servidores públicos de las entidades centralizadas y descentralizadas del Estado.
La medida traslada el descanso por el Día de Todos los Santos, cuya fecha, el 1 de noviembre, cae domingo en 2026.
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El Acuerdo Gubernativo número 178-2026 fue firmado el 29 de octubre y establece que la jornada será inhábil para el cómputo de plazos administrativos en el sector público, con las excepciones previstas para garantizar servicios indispensables.
El descanso para empleados estatales y sus excepciones
La Ley de Servicio Civil, contenida en el Decreto Número 1748 del Congreso de la República, reconoce el 1 de noviembre como día de asueto remunerado para los trabajadores estatales. El Ejecutivo resolvió trasladarlo al siguiente día hábil para que el beneficio pueda hacerse efectivo.
La disposición invoca las facultades que la Constitución Política de la República asigna al Presidente como máxima autoridad administrativa del Organismo Ejecutivo y del Servicio Civil. También se apoya en el Decreto Número 114-97, Ley del Organismo Ejecutivo.
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El permiso alcanza a los empleados de la administración pública centralizada y descentralizada. El acuerdo fue rubricado por la ministra de Trabajo y Previsión Social, Miriam Catarina Roquel, y por el secretario general de la Presidencia, Juan Gerardo Guerrero Garnica.
Quedan excluidos los trabajadores cuyos pactos colectivos de condiciones laborales fijen el asueto en una fecha distinta. Tampoco se aplicará a quienes presten servicios públicos esenciales ni a aquellos que tengan actividades programadas consideradas impostergables.
Las autoridades nominadoras deberán organizar los turnos necesarios durante esa jornada para mantener la continuidad de esos servicios. La publicación de la norma quedó exenta del pago de tarifa, conforme al Acuerdo Gubernativo Número 112-2015, del 26 de marzo de 2015.
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Una conmemoración religiosa extendida a toda la Iglesia católica
El Día de Todos los Santos tiene antecedentes en la dedicación del Panteón de Roma a la Virgen María y a todos los mártires, realizada por el papa Bonifacio IV en el año 609. En ese momento, la celebración se fijó para el 13 de mayo.
La fecha actual del 1 de noviembre fue establecida posteriormente por el papa Gregorio III, quien consagró una capilla de la Basílica de San Pedro en honor de todos los santos. Más tarde, el papa Gregorio IV dispuso que la festividad se extendiera a toda la Iglesia católica.
La Enciclopedia Británica sitúa esta fecha dentro de un triduo dedicado al recuerdo de los muertos: comienza con Halloween el 31 de octubre, continúa con el Día de Todos los Santos y concluye con el Día de los Fieles Difuntos el 2 de noviembre.
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Flores, fiambre y barriletes en las tradiciones guatemaltecas
Las familias guatemaltecas suelen acudir a los cementerios para decorar las tumbas de sus seres queridos con flores, pino y velas. Las lápidas se pintan con colores vivos como parte de una jornada que combina el recuerdo de los fallecidos con la celebración de sus vidas.
El fiambre ocupa un lugar central en la gastronomía de la fecha. El platillo puede reunir hasta 50 ingredientes, según la región o las recetas de cada familia, y representa la unión entre vivos y muertos.
La mesa tradicional también incluye ayote en dulce, preparado con panela y canela, además de jocotes y garbanzos en miel.
En Sumpango y Santiago Sacatepéquez, municipios del departamento de Sacatepéquez, la conmemoración se distingue por el vuelo de barriletes gigantes elaborados con papel de china y cañas. Las estructuras llevan mensajes relacionados con la naturaleza y la paz.
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La tradición atribuye a los barriletes la capacidad de alejar a los malos espíritus y de guiar el descanso de las almas. Los festivales reúnen a visitantes nacionales e internacionales y permiten transmitir esta práctica entre generaciones.
En Todos Santos Cuchumatán, Huehuetenango, los jinetes participan en una carrera de caballos vestidos con trajes tradicionales y en homenaje a los difuntos. En San José, Petén, la comunidad realiza una procesión dedicada a la Santa Calavera, una expresión que combina elementos religiosos y espirituales de la identidad local.
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