El reconocimiento eclesiástico del martirio de fray Augusto Rafael Ramírez Monasterio en Guatemala, simboliza un acto de homenaje a su entrega en defensa de los sectores vulnerables durante la guerra civil guatemalteca, marcado por la violencia política y religiosa.
León XIV autorizó oficialmente la beatificación tras la promulgación del decreto de martirio, decisión anunciada este 22 de enero y vinculada al encuentro entre León XIV y el cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos.
Este avance acredita la relevancia que adquiere la labor social y pastoral de religiosos como Ramírez Monasterio, cuyos sacrificios personales y compromiso con los derechos humanos quedaron expuestos bajo un contexto de represión severa.
El reconocimiento del martirio de Augusto Rafael Ramírez Monasterio coincide con la aprobación de un milagro ligado a la intercesión de Maria Ignazia Isacchi, fundadora de las Ursulinas del Sagrado Corazón de Jesús de Asola.
Además, se ha declarado venerables, por exhibir virtudes heroicas, a tres religiosas y un laico, según comunicó Vatican News.
Ramírez Monasterio nació el 5 de noviembre de 1937 en la ciudad de Guatemala dentro de una familia numerosa y profundamente vinculada a la fe católica. Su itinerario religioso comenzó en Nicaragua, en el Colegio Seráfico de los Frailes Menores de Diriamba, y prosiguió en Jumilla, España, donde finalizó sus estudios de filosofía y teología.
Fue ordenado como sacerdote el 18 de junio de 1967, y posteriormente regresó a Nicaragua, donde asumió tareas de formación para futuros religiosos.
Continuó su preparación académica en Salamanca y, en 1978, ya en Guatemala, fue nombrado guardián y párroco de San Francisco el Grande en Antigua Guatemala. Ahí se dedicó con énfasis a acompañar desde la pastoral a las comunidades más desfavorecidas.
Su compromiso se desarrolló en una etapa donde la represión, tras el golpe militar de 1964, concentró la acción estatal contra grupos de izquierda bajo el alegato de combatir el comunismo, lo que propició una restricción de derechos fundamentales para la ciudadanía.
La Iglesia católica era percibida como una amenaza al régimen militar debido a su trabajo en apoyo a los derechos humanos y su alineación con los valores evangélicos. Como consecuencia, numerosos sacerdotes, entre ellos Ramírez Monasterio, se confrontaron con intereses de terratenientes y multinacionales aliados del régimen.
A estos factores se sumó la implicación directa de Ramírez Monasterio en la defensa de un campesino que, tras militar en la guerrilla, buscaba acogerse a una amnistía. Ese gesto generó una reacción contundente delas fuerzas de seguridad: el 2 de junio de 1983, fue detenido, torturado y posteriormente liberado.
Desde ese episodio, la vida de Ramírez Monasterio quedó marcada por la vigilancia constante y amenazas contra su integridad física, pero él se aferró a “los valores evangélicos, que le habían llevado a defender a los pobres y a los que sufrían injusticias”, según precisó Vatican News. Ni siquiera bajo presión y violencia reveló el secreto sacramental de la confesión.
El desenlace ocurrió el 7 de noviembre. Ramírez Monasterio fue nuevamente capturado por efectivos militares, sometido a torturas, e intentó escapar durante el traslado fuera de la ciudad en un vehículo policial. Los agentes lo interceptaron y le quitaron la vida. Según Vatican News, “su asesinato fue atribuido al odio a la fe”.
La beatificación de fray Augusto Rafael Ramírez Monasterio representa no sólo un acto de reparación ética, sino también el reconocimiento formal a quienes, desde la fe, reivindican la dignidad de los más desprotegidos en escenarios de violencia y persecución.