Sebastián Figueroa Dunn, director médico del Centro Los Pinos, sostiene que distinguir los cuidados paliativos del hospice permite evitar que ambos enfoques se interpreten como el abandono de tratamientos.
La diferencia central reside en el momento y el objetivo de cada intervención: uno puede acompañar desde el diagnóstico y el otro se orienta a la etapa final de una enfermedad que ya no responde a terapias curativas. Durante octubre, el especialista expuso esta distinción en el contexto de una atención que, según la Organización Mundial de la Salud, alcanza a 56,8 millones de personas cada año en el mundo, aunque solo el 14% accede a ellos.
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Las enfermedades cardiovasculares reúnen el 38,5% de las necesidades de cuidados paliativos entre los adultos, mientras que el cáncer representa el 34%. El dato cuestiona la asociación exclusiva entre este tipo de atención y las enfermedades oncológicas.
Figueroa Dunn (M.N. 131149) explicó que los cuidados paliativos abarcan distintas etapas de una enfermedad grave. “Los cuidados paliativos son un paraguas amplio que busca aliviar el sufrimiento desde el momento del diagnóstico de una enfermedad grave, incluso mientras se realizan tratamientos curativos”.
El hospice y el fin de los tratamientos curativos
Al referirse al lugar que ocupa el hospice dentro de esa atención, el especialista precisó: “El hospice se activa cuando la enfermedad ya no responde a tratamientos curativos y el foco pasa a ser el confort, la dignidad y la calidad de vida en la etapa final”.
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La relación entre ambos conceptos no implica equivalencia. “Todo hospice incluye cuidados paliativos, pero no todos los cuidados paliativos son hospice”, afirmó Figueroa Dunn.
Los cuidados paliativos pueden acompañar a una persona mientras recibe terapias destinadas a curar o controlar su enfermedad. Su alcance incluye necesidades físicas, psicológicas, sociales y espirituales del paciente y de su entorno.
El médico describió efectos que pueden aparecer cuando el abordaje se incorpora de forma temprana: “El paciente duerme mejor, tiene menos dolor y menos ansiedad, y muchas veces incluso vive más tiempo”.
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El alivio de síntomas, sin aceleración del final de la vida
Cuando una enfermedad entra en su etapa final, el hospice procura que la persona transite ese período con los síntomas controlados, acompañada por sus seres queridos y sin intervenciones invasivas innecesarias. Que ya no exista una alternativa curativa no supone dejar de cuidar.
Los cuidados paliativos también pueden indicarse ante insuficiencia cardíaca, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, demencias y esclerosis lateral amiotrófica. La morfina, bajo supervisión profesional y con dosis adecuadas, busca aliviar el dolor y otros síntomas, no acelerar la muerte.
Frente a las dudas sobre estos tratamientos, Figueroa Dunn señaló: “Romper estos mitos es parte del trabajo diario”.
Acompañamiento a las familias y al duelo
El acompañamiento incluye a las familias, con apoyo emocional y espiritual, ayuda para afrontar decisiones difíciles, facilitación de conversaciones pendientes y acompañamiento en los procesos de duelo.
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