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A los 70 años, Goya se retrató a sí mismo como un hombre de 50: ¿negación, vanidad o autopercepción?

El genial pintor español murió a los 82 años. Pese a sus dificultades de visión, nunca dejó de trabajar, e incluso de innovar. En sus últimas creaciones, la vejez fue un motivo frecuente, que trató de un modo muy alejado de la idealización

(Wikipedia)

Francisco de Goya fue considerablemente longevo para su época. Nacido en marzo de 1746 en Fuendetodos (Aragón), murió en Burdeos (Francia) el 16 de abril de 1828, a los 82 años.

Una de las obras más emblemáticas de Goya: La maja desnuda

La suya no fue una vejez del todo saludable. Unos años antes, había quedado sordo y tenía muchas dificultades de visión. Además, siendo ya bastante mayor, tuvo que exiliarse en Francia. Pero su espíritu y su genio permanecían indoblegables. No dejó de pintar hasta el final. Además, fue innovador hasta el final, y es por ello que sus obras recorren todos los estilos y corrientes de la época e incluso se adelantó a muchas de esas tendencias: romanticismo, neoclasicismo, impresionismo, expresionismo y hasta surrealismo.

Las pinturas negras: otras obras caracteristicas de los últimos tiempos de Goya, cuando agradar ya no era su norte

El poeta francés Charles de Baudelaire ubicaba a Goya entre los grandes de la pintura de la historia: Rubens, Leonardo, Rembrandt, Miguel Ángel, Delacroix…

Sobre el pintor aragonés, escribió: “Al final de su carrera, los ojos de Goya se habían debilitado al punto de que, según dicen, había que afilarle los lápices. Sin embargo, aun en esa época, hizo grandes litografías muy importantes, planchas admirables, vastos cuadros en miniatura, otra prueba en favor de esa ley singular que preside el destino de los grandes artistas y según la cual como la vida se gobierna a la inversa de la inteligencia, ganan por un lado lo que pierden por otro, y van así, siguiendo una juventud progresiva, reforzándose, remozándose y creciendo en audacia hasta el borde de la tumba”.

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Quizás sea por ese espíritu, nunca envejecido, que, a los 69 años, Goya se autorretrató como un hombre de 50 años, incluso menos.

Goya, por Goya, así se retrató el pintor a los 69 años

Goya pintó este óleo en 1815, el año de la Restauración absolutista en Europa, y una época en la cual el pintor se alejó de la vida social y de los ambientes políticos que alguna vez había frecuentado intensamente. Poco después, se retiró al campo.

En el retrato, se lo ve vestido de entrecasa, no tiene una pose estudiada, y la expresión de su rostro es muy natural. Solo los rasgos son los de una persona bastante más joven de lo que era Goya en ese momento. A juzgar por la vitalidad de que hizo gala en ese tiempo y en los siguientes años, se puede pensar que el autorretrato es el reflejo de como se sentía Goya: no habrá sido el pintor aragonés el primer adulto mayor en autopercibirse mucho más joven de cómo lo veían los demás.

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Ahora bien, en 1826, accedió a posar para un retrato que realizó Vicente López Portaña, es decir, cuando Goya tenía 80 años, lo que permite darse una idea de cómo habría sido realmente diez años antes.

Francisco de Goya, retratado por Vicente López Portaña. Fue en el año 1826, cuando el pintor tenía 80 años (Wikipedia)

En su vejez, si podemos considerar tal a los 60 y pico, Goya no cesó de buscar la perfección, a la vez que se renovaba constantemente. En 1810, cuando se produjo la ocupación francesa de España, Goya, que entonces tenía 66 años, empezó a registrar las sangrientas escenas de las que fue testigo en las 85 planchas de grabado, técnica que él había introducido en Españal, de la serie llamada Los desastres de la guerra.

Fotografía que muestra el grabado 'Qué valor!' (1810-1820) de la serie 'Los desastres de la guerra' del pintor Francisco de Goya, expuesta en Nueva York (EFE/Ángel Colmenares)

En 1823, cuando se desató en España el Terror blanco —la reacción absolutista contra los intentos de reforma liberal de los tres años anteriores- Goya marchó al exilio. Llegó hasta París pero finalmente se instaló en Burdeos. Tenía 77 años.

El dramaturgo y poeta Moratín, que era muy amigo de Goya, escribió: “Llegó viejo, sordo, debilitado, sin saber una palabra de francés, sin un criado... y sin embargo muy satisfecho y deseoso de ver el mundo”.

San Bernardino de Siena. Goya se incluyó en este cuadro. Puede considerarse un autorretrato de su juventud. Es el que está a la derecha del cuadro, con ropa ocre y mirando hacia el espectador (Wikipedia)

No paró de pintar aunque para lograrlo tenía que usar varios anteojos superpuestos y hasta una lupa. Pese a las dificultades en esta época produjo varias series de litografías: Los toros de Burdeos, El amor, Los celos, La canción andaluza, etcétera.

El 2 de mayo de 1808 en Madrid (Francisco de Goya/Museo del Prado)

El tema de la vejez aparece con frecuencia, y en varios casos con una mirada que hoy sería reprobada por el feminismo. Goya pinta la fealdad de las mujeres viejas pero poniendo el acento en su, para él evidentemente patético, intento de todavía parecer bella.

Una mujer que se arregla y se mira al espejo mientras varios jóvenes la espían y se burlan. O el de otras dos mujeres ancianas, vestidas y acicaladas de modo inapropiado a su edad; también ellas miran su imagen reflejada y por detrás se yergue la imagen siniestra del tiempo con una escoba en al mano.

El tiempo, pintura de Goya. Dos mujeres ancianas que quieren ignorar el paso del tiempo que sin embargo las acecha

La mirada de Goya es realista pero cruel. Su pintura evoca el tango —“flaca, fanée y descangayada…”—, aquel que relata el impacto del que se reencuentra con un antiguo amor y en ella ve las huellas del tiempo y ya sabemos que hay un juicio mucho más lapidario con la estética femenina que con la masculina en la vejez. En esto Goya no es excepción.

Cabe decir que no sólo pintó a mujeres envejecidas. En una de sus pinturas se ve a un anciano de barba blanca con bastones y una leyenda que dice “Aún aprendo”, que algunos interpretan como una forma de reírse de sí mismo y de su voluntad de renovarse siempre.

"Aun aprendo" es la leuenda que acompaña este grabado, que puede ser considerado un autorretrato irónico

Sin embargo esta pintura puede también ser vista como una declaración de su voluntad de seguir siempre adelante, a pesar del paso del tiempo.

En todo caso, Goya fue un ejemplo de una longevidad activa, que causó admiración en sus coetáneos y dejó un legado invaluable, surgido de un talento inagotable y multifacético.

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