Creó un tomate con sabor a hamburguesa con ayuda de la IA: la joven de 17 años que ya logró su patente en Estados Unidos

Desde su laboratorio en Miami, la estudiante Gabriella Rothberg busca que estas hortalizas produzcan “hemo”, la molécula clave del gusto cárnico, con el objetivo de ampliar el acceso a nutrientes en zonas donde la carne es costosa o escasa

A través de su proyecto Impossible Vines, Gabriella Rothberg busca modificar el ADN de tomates para que sinteticen "hemo", la molécula responsable del gusto cárnico. Su iniciativa promete transformar la industria de las proteínas alternativas desde un laboratorio en Miami.
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Gabriella Rothberg tenía 15 años cuando, mientras preparaba un sándwich para su padre, se preguntó si era posible que un vegetal produjera por sí mismo el sabor de la carne. No pensaba en procesos industriales ni en sustitutos ultraprocesados, sino en algo más directo: una planta de tomate capaz de generar compuestos asociados al gusto de una hamburguesa. Dos años después, esa pregunta se convirtió en un proyecto de ingeniería genética con patente emitida en Estados Unidos, laboratorio en Miami y una hipótesis que todavía debe superar pruebas decisivas.

Rothberg, que cursa su último año en Ransom Everglades High School, trabaja junto con Maddison Marshall, candidata a doctorado de la Universidad de Miami, en un emprendimiento que bautizó Impossible Vines, según informó Miami New Times. El objetivo es introducir material genético en plantas de tomate para que produzcan hemo, una molécula que contiene hierro y que contribuye al sabor característico de la carne.

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Una mujer con guantes junto a un microscopio y una sección transversal de tomate iluminada en la que se aprecian semillas
Gabriella Rothberg fundó Impossible Vines para desarrollar plantas de tomate con sabor a carne. (Impossiblevines)

El proyecto no ha demostrado aún si los frutos resultantes podrían aportar cantidades relevantes de hierro absorbible ni cuál sería su perfil nutricional definitivo.

Qué es el hemo y cómo se relaciona con el sabor de la carne

El hemo es un compuesto presente de forma natural en la hemoglobina y la mioglobina de los tejidos animales. Cuando la carne se cocina, el hemo participa en reacciones químicas que liberan aromas y sabores que el paladar humano asocia con el gusto cárnico. Esa misma molécula es la que la marca Impossible Foods produce mediante levadura modificada genéticamente para dar sabor a sus productos de origen vegetal.

Una mujer con guantes manipula muestras con pinzas en una cabina de laboratorio junto a placas de Petri, pipetas y gradillas plásticas
El proyecto busca inducir la síntesis de hemo, la molécula que aporta el gusto característico de los tejidos animales. (Impossiblevines)

Rothberg busca un camino distinto: en lugar de fabricar hemo en un biorreactor, su proyecto aspira a que la planta de tomate lo genere de manera interna.

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Una planta joven en una maceta con tierra junto a un recipiente transparente de cultivo de laboratorio con brotes y una etiqueta amarilla
La medición del hierro absorbible y el cultivo fuera del laboratorio constituyen los principales desafíos del proyecto. (Impossible Vines)

“Elegimos qué gen queremos integrar para que la planta produzca las proteínas naturales”, explicó la joven investigadora a Miami New Times. “Entonces morderás un tomate y te sabrá a hamburguesa”, agregó.

Agrobacterium y el método de ingeniería genética de Impossible Vines

El procedimiento técnico recurre a Agrobacterium, una bacteria que los científicos utilizan con frecuencia para transferir material genético a organismos vegetales. A través de esa bacteria, el equipo de Rothberg y Marshall introduce en las células del tomate los genes necesarios para que la planta sintetice proteínas vinculadas al hemo.

Una mano con guante azul manipula fragmentos vegetales sobre una superficie metálica junto a pinzas y recipientes transparentes
La investigación explora el aumento de licopeno en los frutos ante posibles vínculos con la salud oncológica. (Impossiblevines)

El camino no fue lineal. Durante meses, las plantas no se desarrollaron según lo previsto. Tras consultar con investigadores de la Universidad de Miami y de otros centros, descubrieron que la concentración de vitaminas en el medio de cultivo era incorrecta.

Una vez corregido ese parámetro, el crecimiento que habían esperado durante meses se manifestó en semanas. “Ahora avanzamos más rápido que nunca”, declaró Rothberg al medio.

Inteligencia artificial en el diseño genético y el plan de negocios

La inteligencia artificial ocupó un lugar central en varias etapas del proyecto. Según relató Rothberg a Miami New Times, utilizó herramientas de IA para elaborar un plan de negocios, preparar un borrador de patente y diseñar las construcciones genéticas que se introducen en las plantas.

Una mujer con polo rosa y guantes negros sostiene una micropipeta sobre un tubo de ensayo junto a una pared con anotaciones escritas
La inteligencia artificial facilitó el diseño de las construcciones genéticas y la elaboración del plan de negocios. (Impossiblevines)

“La IA hizo posible todo esto”, afirmó. “Me ayudó a armar un plan de negocios, a redactar una patente y a construir los diseños del gen de hemo que quiero integrar en la planta de tomate”.

La patente de Rothberg y el respaldo familiar en la ciencia

El proyecto ya rebasó la fase experimental en términos de propiedad intelectual. Una patente estadounidense emitida en junio de 2026 nombra a Gabriella Rothberg y a su padre, Jonathan Rothberg, como inventores, con Impossible Vines Inc. registrada como titular.

El entorno familiar ayuda a explicar la trayectoria temprana de la joven. Jonathan Rothberg fue pionero en la secuenciación de ADN de nueva generación a través de su empresa de biotecnología 454 Life Sciences y recibió la Medalla Nacional de Tecnología e Innovación de manos del entonces presidente Barack Obama en 2016.

Una persona con guantes negros utiliza pinzas sobre placas de Petri en una cabina de laboratorio junto a una botella con agua
El equipo utiliza la bacteria Agrobacterium como vector para transferir el material genético a las células vegetales. (Impossiblevines)

Su madre, Bonnie Gould Rothberg, es médica e investigadora oncológica que trabajó en Yale antes de sumarse a una iniciativa de la Universidad de Miami dedicada al estudio de riesgos de cáncer en bomberos. “Cuando la mayoría de las familias hablaban de deportes en la cena, mis padres hablaban de evolución, astronomía y física”, contó Gabriella al medio.

El licopeno y la posible relación con la reducción del riesgo de cáncer

Además del hemo, Rothberg explora la posibilidad de aumentar la producción natural de licopeno en los tomates. El licopeno es el compuesto responsable de gran parte del color rojo del fruto y ha sido objeto de estudios sobre su posible papel en la reducción del riesgo de cáncer.

No existe, hasta ahora, evidencia concluyente de que un mayor consumo de licopeno prevenga esa enfermedad.

El desafío pendiente de Impossible Vines fuera del laboratorio

Rothberg sostiene que, si la tecnología funcionara según lo esperado, podría ampliar el acceso a ciertos nutrientes en regiones donde la carne resulta costosa o difícil de obtener. Señaló como ejemplo a mujeres embarazadas en países donde la nutrición insuficiente puede afectar el desarrollo infantil.

Esa aspiración, no obstante, depende de resultados que aún no se han alcanzado: determinar si estas plantas pueden producir cantidades significativas de hierro absorbible y si el cultivo es viable más allá del entorno controlado del laboratorio.

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