Art Basel Miami Beach: una selección de las obras que no hay que perderse

La feria principal de Miami Art Week 2023 está abierta hasta la tarde del domingo 10. La galerista y curadora de Maman Fine Art ofrece un recorrido guiado por las piezas más notables de esta edición: “Las obras que me llevaría a casa”, definió

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El espacio Meridian, comisariado por Magalí Arriola, presenta innovadoras propuestas como el 'Earth Play' del coreano Seung-taek Lee.
El espacio Meridian, comisariado por Magalí Arriola, presenta innovadoras propuestas como el 'Earth Play' del coreano Seung-taek Lee.

Art Basel Miami Beach abrió sus puertas después de la nueva y exitosa Art Basel Paris inaugurada a fines de octubre. Debido a la cercanía de las fechas, algunos pronósticos eran agoreros: se temía que no vinieran tantos coleccionistas, sobre todo los europeos. Sin embargo, la feria recuperó su capacidad de estimular la avidez por llegar y ser el primero en ver y comprar, pues ya se realizaron ventas impresionantes. Algunas galerías ya han confirmado su ranking de ventas, como Hauser and Wirth, que vendió un cuadro de Philip Guston en USD 20 millones, o Thaddaeus Ropac que vendió en USD 1,7 millones un Robert Rauschemberg. También David Zwirner informó que ha vendido tres Robert Ryman de los años sesenta entre USD 2 millones y USD 3 millones cada pieza. Pero éstas son ligas mayores y algunos coleccionistas dicen que, mucho antes de abrir sus puertas, algunas galerías ya han reservado y vendido por anticipado.

Este año participan 277 galerías de todo el mundo en lo que se ofrece como un oasis cultural pero también comercial que pareciera obviar guerras, pobreza y terrorismo.

Art Basel Miami Beach es gran un escenario donde los conocedores y el gran público se reúnen para ver lo refinado junto a lo asombroso, lo más tecnológico junto a lo más kitsch. Es que el arte hace rato que no es sagrado sino una práctica muy secular donde los objetos de la vida ordinaria y cotidiana se pueden fundir con la ficción del arte. ¿Y hay qué ver entre tanta marea de artistas cuyas obras pujan por una visibilidad privilegiada? Yo siempre empiezo por ver las mejores galerías, aquellas que traen los artistas modernos y contemporáneos más destacados.

En su mayoría son norteamericanas. Este año Acquavela y Helly Nahmad trajeron algunas obras relevantes. No creo que sea esta edición su mejor entrega, pero tampoco defraudan. Nahmad trajo un cuadro del gran Wassily Kandisky de 1930, casi última época, máxime si pensamos que el padre de la abstracción en el arte occidental pintó su primera acuarela abstracta en 1910. También expone una obra gigante de Francis Bacon de 1990: aunque es una obra tardía, ¿quién no quisiera poseer un cuadro del atribulado británico que ha pintado retratos de sus amantes y de sí mismo con un estilo inconfundible, postulando una nueva figuración transfigurada y deforme? Pero el que se lleva los honores este año en esta misma galería es una gran escultura móvil de Alexander Calder de la década del sesenta. Hay varios Calders en la feria, pero éste es el más importante.

La escultura móvil de la década de los sesenta de Alexander Calder destaca en la galería Helly Nahmad.
La escultura móvil de la década de los sesenta de Alexander Calder destaca en la galería Helly Nahmad.

En cuanto a la galería Acquavela, este año trajo dos pequeños cuadros de dos grandes: un retrato de Henri Matisse y una figura femenina de Pierre Bonnard. Otro destacado es un Jackson Pollock mediano de 1943, año en la que la coleccionista Peggy Guggenheim —por aquel entonces devenida su galerista— le encarga realizar un gran mural para su departamento. En aquellos años Pollock se convierte en el artista norteamericano por antonomasia alcanzando la fama por sus grandes pinturas de acción o action paintings. Si bien la feria podemos ver varios Jean-Michel Basquiat, en Acquavela hay una gran pintura del artista muy curiosa, pues se distancia bastante de aquellos cuadros más grafiteros que estamos acostumbramos a ver. En esta obra de 1986, el artista literalmente pintó un pato sobre un fondo de planos azules y verdes desprovisto de cualquier símbolo, palabra o garabato involucrado. Este cuadro sin duda no me lo llevaría a casa. Si me dan a elegir, soy algo más pretenciosa.

En la galería Annely Juda Fine Art, de Londres, vi un pendant (dos piezas que van juntas) del húngaro Laszlo Moholy Nagy. Son dos grandes óleos realizados sobre fórmica del año 1942 por el que me pidieron USD 1,25 millones por cada uno. En esa época, Nagy estaba en Chicago enseñando en su propia escuela de diseño, exportando su experiencia y conocimiento de los años veinte, cuando fue profesor de la Bauhaus de Weimar. En el periodo de Chicago, Nagy vuelve a la abstracción de sus comienzos pero esta vez con una paleta de colores más vibrantes, como los que me fascinaron de estas piezas.

Pendant del húngaro Laszlo Moholy Nagy de 1942, dos óleos sobre fórmica en la galería Annely Juda Fine Art.
Pendant del húngaro Laszlo Moholy Nagy de 1942, dos óleos sobre fórmica en la galería Annely Juda Fine Art.

Otra obra exquisita que me llevaría a casa es una sirena africana, pequeña escultura en bronce realizada por la ascendente artista keniana Wangechi Mutu. La pieza que se exhibe en la galería Carolina Nitsch de Nueva York es un bronce de edición limitada de nueve ejemplares y éste es el último de ellos, por el que piden USD 85.000. También pasé por la galería Skarstedt y me enamoré de un autorretrato de Robert Mapplethorpe de 1980, una impresión de gelatina de plata que ya se vendió en USD 350.000. Las fotografías también tienen un lugar destacado en la feria: podemos ver dos inmensas obras de adolescentes en un balneario de Rineke Dijkstra en la galería Marian Goodman, o las icónicas imágenes de silos de los hermanos Bernd y Hilla Becher en la galería Sprüth Magers.

Otra obra que me llevaría a casa es un pequeño oleo de Yayoi Kusama expuesto en Edward Tyler Nahem. Si bien es el típico zapallo punteado que realiza la artista, éste está pintado en blanco y negro. El detallismo de lo pequeño hace a la obra una pieza deliciosa. Pero a veces esto no resulta con el tamaño monumental y lo grafica bien un gran zapallo de metal de la misma artista que se puede encontrar en David Zwirner.

Bronce de edición limitada de la artista keniana Wangechi Mutu, en la galería Carolina Nitsch, en Art Basel Miami Beach.
Bronce de edición limitada de la artista keniana Wangechi Mutu, en la galería Carolina Nitsch, en Art Basel Miami Beach.

Lo monumental invade la feria: imposible no ver utensilios y objetos fuera de escala destacándose en el espacio de exhibición. Es el caso de una gran pala roja de jardinería del archiconocido escultor pop Claes Oldenburg expuesta en la galería Paula Cooper. Otra pieza de dimensiones descomunales es una figura masculina realizada en yeso patinado en bronce por el reconocido artista alemán Thomas Schütte, por la que Peter Freeman Inc. pide USD 1,8 millones. La obra de Ai Weiwei tampoco se queda atrás. Este año se pueden varios cuadros inmensos realizados con bloques Lego. Sus obras representan obras de grandes maestros como Una venus dormida del renacentista Giorgione expuesto en galería Continua por la que piden la friolera USD 863.000, o también Washington cruzando el Delaware que mide 383 por 651 centímetros, expuesta en una galería de Berlín.

Si pasamos a la sección Meridian, este año el espacio fue curado por Magalí Arriola, directora del Museo Tamayo de México. Entre los trabajos, los que más me gustaron fueron la obra Earth Play del artista coreano Seung-taek Lee. Se trata del registro fotográfico de una perfomance que el artista realizó en 1990 donde desplaza por muchos lugares del mundo un globo terráqueo inflable de siete metros de altura que también se expone en el sector. En este derrotero, el mundo se va desinflando cumpliendo así la metáfora de la fragilidad de nuestro planeta. Otra obra más lúdica es la instalación Hyakki Yagho, Night Parade of 100 Demons del 2003, de la japonesa Masako Miki, un conjunto de esculturas biomórficas de colores vibrantes donde el público puede interactuar.

Para la interacción del público, "Hyakki Yagho, Night Parade of 100 Demons del 2003", de la japonesa Masako Miki, en Art Basel Miami Beach.
Para la interacción del público, "Hyakki Yagho, Night Parade of 100 Demons del 2003", de la japonesa Masako Miki, en Art Basel Miami Beach.

Disfruto mucho venir como espectadora a las ferias, compartir gustos o disentir, conversar de lo que veo con amigos y familia: asombrarme o criticar. Pero no solo es tenemos Art Basel sino muchas más propuestas paralelas en esta Miami cultural que en estos seis días se viste de arte.

Patricia Pacino es licenciada en arte y directora de Maman Fine Art Buenos Aires.

Fotos: Nacho Martin Films (@nachomartinfilms)