En las profundidades de la Cueva de los Murciélagos, ubicada en el municipio de Albuñol (Granada), el clima extremadamente seco y protegido ha obrado un auténtico milagro arqueológico. Al parecer, allí se ha conservado durante más de siete milenios un fragmento de cuero de cabra con pelo y perforaciones artesanales.
Hasta ahora, la recuperación de ADN antiguo a partir de tejidos blandos como la piel parecía reservada casi en exclusiva a descubrimientos en climas gélidos, como el permafrost del Ártico o las nieves perpetuas de los Alpes, donde se hallaron las famosas prendas del cazador Ötzi. Y es que, en latitudes cálidas como el Mediterráneo, las altas temperaturas y la humedad suelen acelerar la degradación y destruir las delicadas moléculas del código genético.
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Sin embargo, el análisis de este objeto —bautizado científicamente como Murciélagos1— ha roto los esquemas de la paleogenómica. El estudio, publicado en la revista científica PLOS ONE, demuestra que las condiciones microambientales de la cueva granadina preservaron el genoma nuclear del animal en un estado apto para su secuenciación molecular.
De la cabra neolítica a la raza Bermeya
Los análisis paleogenéticos confirman que la pieza no pertenecía a un íbice o cabra montés salvaje (Capra pyrenaica) que ya conocemos, sino a una hembra de cabra doméstica (Capra hircus) criada por las primeras comunidades agrícolas y ganaderas del Neolítico Antiguo en el sur de la península ibérica.
Al comparar su perfil genético con bases de datos globales de razas caprinas modernas, los investigadores descubrieron una afinidad sorprendente: la cabra neolítica de Albuñol muestra una mayor cercanía genética con la raza Bermeya, una variedad autóctona conservada en el norte de España. Este resultado demuestra una continuidad genética directa de más de 7.000 años entre los primeros rebaños neolíticos y la ganadería ibérica contemporánea.
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Asimismo, el estudio revela que la muestra no presenta componentes genéticos de origen africano. Esto sugiere que el ganado doméstico del Neolítico Antiguo en la región tenía un origen fundamentalmente europeo, y que la hibridación con razas procedentes del norte de África ocurrió en épocas históricas posteriores.
La secuenciación no solo extrajo ADN de la cabra
El estudio ha sido llevado a cabo por un equipo multidisciplinar del University College Dublin (Irlanda) y la Universidad de Alcalá (España), bajo la dirección de los investigadores Jolijn A. M. Erven, Zoé Robinet Guyet, Kevin G. Daly y Francisco Martínez-Sevilla, junto con expertos de la Universidad de Granada, la Universidad de Córdoba y el Trinity College Dublin, en el marco de los proyectos de investigación MUTERMUR. Según destacan los autores: “Murciélagos1 representa uno de los datos de genoma nuclear más antiguos recuperados a partir de restos de piel fuera de regiones de alta montaña o de permafrost, y proporciona una mirada directa e inédita a la gestión de animales en el Neolítico y su legado duradero en la Iberia actual”.
Y es que el análisis microscópico del cuero presentaba marcas de curtido artesanal, bordes tratados y cuatro perforaciones deliberadas. Los arqueólogos señalan que la pieza formó parte de la vestimenta de un homo o sirvió como cubierta funeraria en el depósito de difuntos de la cueva.
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No obstante, el proceso de secuenciación no solo extrajo ADN de la cabra. Los científicos detectaron fragmentos de ADN humano antiguo, probablemente transferidos por las personas que confeccionaron o usaron la prenda. También hallaron trazas de ADN de zorro, lo que indica que estos carnívoros alteraron el contexto funerario en periodos posteriores.
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