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La acampada de Sol cumple un mes sin un liderazgo claro y con llamadas a la retirada: “No puede durar para siempre, ya ha servido para visibilizar la crisis de vivienda”

Los ocupantes del kilómetro 0 trabajan en un manifiesto que marque una línea clara de actuación

Las tiendas de campaña continúan reclamando el derecho una vivienda digna en la Puerta del Sol casi un mes después del inicio de la acampada el pasado 26 de septiembre. (EFE/ Mariscal)

La acampada en Sol por la vivienda cumple cuatro semanas este sábado y nadie parece tener claro cómo continuar. Desde el inicio de la movilización el pasado 26 de septiembre, las cosas han cambiado: el frío ha obligado a tapar los accesos a las tiendas con toldos, dando un aspecto más cerrado; los campistas se muestran más reacios a hablar con periodistas después de semanas apareciendo en los medios y, entre las tiendas, empiezan a levantarse voces que piden la retirada.

Al pasear por el kilómetro cero, el cambio es palpable. Adentrarse en las lonas es más complejo y, una vez dentro, es difícil que los manifestantes quieran hablar. Algunos, por vergüenza; otros, por proteger su privacidad; y otros, simplemente, porque no se sienten lo bastante motivados dentro del movimiento.

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Los manifestantes han logrado, por el momento, superar la barrera de 28 días que marcó el 15-M, sin una fecha clara todavía para retirarse.

Un liderazgo difuso y una apuesta por la autogestión

Un cartel pide que no se hagan fotos en la acampada de la Puerta del Sol. (EFE/ Mariscal)

Aunque más de cuarenta colectivos se integran dentro de la acampada, desde asociaciones ecologistas hasta sindicatos de clase, los manifestantes no cuentan con un liderazgo claro. Tras la retirada paulatina del Sindicato de Inquilinas, la Coordinadora Juvenil Socialista pareció coger fuerza, pero dentro de las tiendas se ha apostado desde el inicio por un modelo de autogestión.

Dentro de las lonas, existen hasta diez comisiones que organizan el día a día de los acampados: urbanismo, cuidados, mediación, comunicación... A la vez, intentan mantener una relación con los barrios de Madrid, creando los nodos. Junto con las “vecindades” (es decir, los propios acampados), se reúnen en asambleas generales en las que esperan tomar decisiones.

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Descubre la compleja organización y el funcionamiento diario de la acampada de la Puerta del Sol.

“Al ser tan multitudinarias, existe cierta dificultad para la deliberación”, cuenta uno de los campistas a Infobae desde Sol, que prefiere permanecer anónimo. Es una realidad que reflejan las propias actas de estas reuniones: “Se nota el deterioro, porque la acampada es agotadora”, aseguraron tras su asamblea del 13 de octubre.

Los manifestantes por la vivienda ya no son los únicos que habitan las tiendas: en las últimas semanas, se han unido a la concentración personas sin hogar o personas migrantes vulnerables.

Aguantar o desacampar

El pasado jueves, los acampados volvieron a reunirse en una asamblea general. Los próximos pasos a dar no están claros: algunos quieren aguantar hasta la huelga general, convocada para el próximo 11 de noviembre; otros plantean una acampada indefinida, sin retirarse hasta que desde el Gobierno se aprueben medidas reales que solucionen la crisis de la vivienda.

Mientras, muchos han optado por recoger sus pertenencias y marcharse a casa, entendiendo que la movilización ya ha cumplido su función. Ejemplo de ello es el profesor Oriol Erausquin, que se marchó de la Puerta del Sol después de 22 días. “La acampada no puede durar para siempre, ya ha servido para visibilizar la crisis de vivienda y, sobre todo, para organizarnos”, expresaba en sus redes sociales.

“Necesitamos que estos grupos que hemos consolidado vayan a los barrios, acercarnos nosotros a toda esa gente que no ha pasado y no va a pasar por la acampada, pero que va a querer organizarse y movilizarse si le damos la oportunidad. Sostener y defender constantemente el espacio nos quita tiempo y energía para extender la organización fuera de la acampada”, agregaba.

“Descampar hay que descampar en algún momento”, plantean en el acta de la asamblea general del pasado 15 de octubre, la última hecha pública. “La acampada no puede ser eterna, la salida tiene que estar a la altura de todo el movimiento. El objetivo es el traslado a los barrios y la forma de descampar”, concluyeron. Por el momento, las comisiones, nodos y vecindades trabajan en desarrollar un manifiesto que pueda aglutinar los diferentes puntos de vista de los acampados.

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