La “batalla” de los linces ibéricos y los milanos negros en Doñana: la sequía y la escasez de conejos llevan al felino a cazar crías del ave rapaz

En 2018, el mamífero acabó con casi la mitad de los polluelos de la población del otro depredador en el área de estudio

Un estudio del CSIC identifica depredación del lince ibérico sobre el milano negro en Doñana. (Montaje Infobae con imágenes de Christoph Moning/Wikimedia Commons y Tisha Mukherjee/Wikimedia Commons)
Un estudio del CSIC identifica depredación del lince ibérico sobre el milano negro en Doñana. (Montaje Infobae con imágenes de Christoph Moning/Wikimedia Commons y Tisha Mukherjee/Wikimedia Commons)
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El 90-95 % de la dieta del lince ibérico (Lynx pardinus) se compone de conejo. Sin embargo, cuando este escasea, este emblemático felino de España busca otros alimentos, como perdices, pequeños roedores o crías de ungulados. A esta lista, además, pueden sumarse animales de los que hasta el momento no se tenía constancia que pudiesen llegar a formar parte del consumo de un lince ibérico.

En el Parque Nacional de Doñana, uno de los enclaves más importantes para esta especie, investigadores de la Estación Biológica de Doñana (EBD), del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), han observado cómo el lince ibérico depreda las crías de un ave rapaz, el milano negro (Milvus migrans). De hecho, en 2018, en el área de estudio el felino acabó con casi la mitad de los polluelos de la población.

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Según señalan los autores del estudio, publicado en la revista Nature, este nivel de depredación no tiene precedentes en los 30 años que los investigaciones llevan estudiando a ambas especies en un sector de 10 kilómetros cuadrados del Parque Nacional de Doñana. Hasta el momento, el lince ibérico y el milano negro habían coexistido alimentándose de conejos. Esto, sin embargo, cambió fundamentalmente a partir de 2013.

Ejemplar de conejo. (Alexis Lours/Wikimedia Commons)
Ejemplar de conejo. (Alexis Lours/Wikimedia Commons)

Ausencia de conejo y escasez hídrica

“Entre 1993 y 2012, los linces apenas habían depredado el 1 % de los nidos de milano”, ha explicado Fabrizio Sergio, investigador del EBD-CSIC y primer autor del estudio. En 2013, la enfermedad hemorrágica del conejo provocó un importante declive de la población de este herbívoro, que históricamente ha sido abundante en Doñana.

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Este desplome no fue el único factor que motivó la depredación del lince ibérico sobre las crías de milano negro, pues otro fenómeno tuvo que combinarse para que se diese este repentino conflicto entre los dos depredadores: los largos periodos de sequía que limitaron la disponibilidad de presas alternativas para el lince, como los patos que habitan en las marismas.

Así, ante la reducción del conejo y la escasez hídrica que motivó la pérdida de otras especies que le podían servir de alimento, el lince ibérico comenzó a depredar intensamente al milano negro. “Durante los años de sequía, las principales presas alternativas del lince, como son los patos, también son muy escasas, y los linces se ven abocados a alimentarse de todo lo que encuentren, incluso cuando ello requiere trepar 12 metros para alcanzar un nido de milano y depredar a los polluelos”, explica Sergio.

marismas con naturaleza
Marismas de Doñana. (Gabriela Coronado Hernández/Wikimedia Commons)

En este nuevo comportamiento también entra en juego otra variable: el equipo científico observó que el mamífero protegido depreda con mayor frecuencia aquellos nidos de milano negro bajo los que se encontraban restos de conejo. Esto apunta a una posible motivación adicional para eliminar competidores.

“En términos humanos, podríamos decir que aquellos milanos que se atrevían a ‘quitarles’ el alimento a los linces acababan pagando un precio muy alto”, afirma Sergio. “Los linces han sido capaces de eliminar casi la mitad de la población total de crías volantonas de milano”.

Efectos en cascada en la cadena alimentaria

Como consecuencia de esta depredación, los investigadores del EBD-CSIC señalan que los milanos adultos cuyos nidos habían sido atacados por linces mostraron una mayor probabilidad de cambiar de territorio y emigrar a otros lugares. “La depredación del lince inducida por la sequía redujo el éxito reproductivo a lo largo de la vida y desencadenó el abandono del territorio y la dispersión de la rapaz, lo que sugiere una nueva carrera armamentística entre depredadores”, explican en el estudio.

Esta dispersión hacia otros lugares tuvo consecuencias en otras especies. Por ejemplo, el mochuelo, que es una presa habitual del ave rapaz, aumentó su población. Así, la sequía influye en la interacción entre depredadores, lo que a su vez afecta a eslabones tróficos más bajos de la cadena. “Las consecuencias ecológicas trascienden a niveles más complejos de comunidad y biodiversidad”.

La Junta de Castilla y León celebra el nacimiento de cinco cachorros de lince ibérico en la comarca del Cerrato Palentino. (Junta de Castilla y León)

Tal y como señala Sergio, en definitiva, el cambio climático puede alterar las interacciones entre especies y, al combinarse con otras amenazas, derivar en consecuencias inesperadas: “Estos efectos en cascada, que pueden desarrollarse de forma silenciosa durante años, evidencian la necesidad de abordar de manera conjunta las distintas presiones que afectan a los ecosistemas, ya que unas pueden amplificar el impacto de otras”.

El estudio, que ha sido posible gracias al necesario seguimiento científico a largo plazo, reveló que, pese a estos cambios, todas las especies estudiadas mostraron estrategias de resiliencia que mejoraron su capacidad para afrontar el cambio climático. Los linces ibéricos modificaron sus hábitos alimenticios, los milanos se desplazaron a otros territorios y los mochuelos ocuparon el espacio libre dejado por el ave rapaz.

Para conservar las antiguas interacciones entre las dos especies y evitar la depredación del lince ibérico sobre el milano negro, también especie protegida, es necesario recuperar las poblaciones de conejo y también garantizar un régimen de inundación adecuado en las marismas del Guadalquivir, lo que permitiría mantener la disponibilidad de presas y reducir la vulnerabilidad de estos animales frente a las sequías.

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