Ya el pasado marzo el territorio español tuvo la suerte de contar con el buitre torgo, un animal que dejó a los científicos insólitos a su paso por España. Esta vez es la curruca gavilana la protagonista. Los amantes de la observación de aves se han desplazado desde otros puntos de España sólo para verla, una actividad que crece en algunos puntos del globo. Una especie que vive por toda Eurasia y, sin embargo, pasa en contadas ocasiones por España, concretamente 14.
El pasado 12 de octubre se avistó un ejemplar en el parque Aníbal Vázquez de Mieres, en el barrio de la Mayacina, y ya es todo un fenómeno.
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Clemente Álvarez Usategui responsable de la Coordinadora Ornitológica de Asturias (COA), quien localizó al ave durante uno de sus paseos habituales por el parque. Desde finales de julio frecuenta la zona casi a diario porque detectó que funciona como corredor de paso para aves migratorias. Aquella mañana festiva, entre los arbustos, reconoció algo poco común en la zona. “Detecté, pude observar y luego fotografiar una curruca gavilana. Es la cuarta vez que se ve en Asturias”, asegura en La Nueva España.
No es que no le guste España, es que no es un lugar de migración para el ave
El ave cría en países como Polonia, Rumanía o Ucrania y pasa el invierno en el este de África o en la península Arábiga. Su desvío hacia Asturias resulta, según los especialistas consultados, poco frecuente. Mide apenas quince centímetros y su plumaje gris plomizo la hace difícil de distinguir entre la vegetación, aunque su expresión facial recuerda a la de un ave rapaz en miniatura, un rasgo que ha despertado curiosidad entre los seguidores de la disciplina.
La curruca gavilana, cuyo nombre científico es Curruca nisoria, no figura entre las especies amenazadas. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) la clasifica en la categoría de preocupación menor, la de mejor estado de conservación posible. Su rareza en España no responde, por tanto, a un problema de población, sino a su ruta migratoria, que normalmente discurre lejos de la península ibérica.
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Durante el siglo pasado solo se documentaron dos avistamientos en España, ambos en las islas Baleares: uno en Menorca en 1983 y otro en Formentera en 1989. Ya en el presente siglo, las citas se han repartido entre Castellón, Galicia y, en los últimos años, distintos puntos de Asturias.
El AVE desde Madrid solo para fotografiarla
La noticia del hallazgo corrió como la pólvora entre los círculos de observadores de aves y provocó un desplazamiento inusual hacia Mieres. “Vino gente de Salamanca, Galicia, Madrid, Cantabria, Burgos, Aragón… Incluso una persona que cogió el AVE desde Madrid, ida y vuelta en el día, solo para verla”, relató Álvarez.
La llegada de grupos cargados con teleobjetivos y prismáticos al parque despertó cierta inquietud en el vecindario, poco acostumbrado a este tipo de movimiento. Hubo varias llamadas a la Policía Nacional, cuyos agentes se presentaron en el lugar ante la posibilidad de que algo grave estuviera ocurriendo. La situación se aclaró al comprobar que se trataba de un grupo de aficionados a la observación de aves.
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Para que la cita quede registrada de forma oficial, el comité de rarezas de la Sociedad Española de Ornitología debe homologarla, un proceso que exige documentación fotográfica y descripción detallada del ejemplar. Mientras tanto, la curruca sigue moviéndose entre los arbustos del parque mierense, donde se alimenta de insectos y de los frutos de la vegetación autóctona plantada en años anteriores.
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