Cómo poner a punto los radiadores antes del frío: las zonas que acumulan más suciedad

Antes de encender la calefacción con la llegada del frío, conviene limpiar y purgar la calefacción

Limpiar los radiadores antes de encender la calefacción evita que el polvo acumulado se disperse por la habitación. (Imagen Ilustrativa de Infobae)
Limpiar los radiadores antes de encender la calefacción evita que el polvo acumulado se disperse por la habitación. (Imagen Ilustrativa de Infobae)
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Con la llegada del otoño, muchos hogares en España retoman la calefacción tras meses de inactividad. Estos aparatos quedan aparcados durante los meses más cálidos y cuando llegan las temperaturas altas los conectamos. Pero hay que tener en cuenta que la suciedad se puede acumular. Antes de encender la calefacción conviene dedicar unos minutos a limpiar los radiadores a fondo, porque durante el verano acumulan polvo y pelusas en zonas que suelen pasar desapercibidas. Una revisión completa, que combine limpieza y comprobación del sistema, evita que esas partículas se dispersen por la habitación en cuanto arranca el calor.

A simple vista, un radiador puede parecer en buen estado, sobre todo si la superficie exterior se repasa con regularidad. Buena parte de los restos, sin embargo, termina en ranuras interiores, huecos entre paneles o en el espacio junto a la pared. La forma del radiador esconde aberturas y relieves que pueden acumular suciedad y roña que no se ve a primera vista. Las limpiezas rápidas a los calefactores dan un buen resultado pero las zonas más escondidas pueden quedar olvidadas.

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Cuando la calefacción vuelve a ponerse en marcha, el movimiento del aire caliente en casa levanta esas partículas y las reparte por la estancia.

Las zonas de los radiadores que más suciedad acumulan

una mano con una esponja amarilla lista para limpiar los accesos más difíciles del radiador
Los radiadores se pueden limpiar con un trapo o con un estropajo blanco, pero nunca uno abrasivo. (Canva/Olga Kostrova)

El interior del radiador, en particular el espacio entre las láminas y las aletas metálicas, es uno de los puntos que más conviene revisar. En los modelos de doble panel, el espacio central resulta especialmente difícil de alcanzar porque queda oculto entre ambas superficies.

La rejilla superior es otro lugar habitual de acumulación. Sus aberturas permiten que circule el aire, pero también dejan pasar pelusas hacia el interior. Cuando sea posible desmontarla, limpiarla por separado facilita retirar los restos acumulados debajo; en los demás casos, un cepillo largo o un accesorio estrecho resulta más eficaz que una bayeta.

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La parte trasera también merece atención, sobre todo cuando el aparato está instalado muy cerca de la pared, un espacio donde el polvo puede permanecer durante meses. A esto se suman la zona inferior, los laterales, las válvulas y las conexiones. En algunos casos, las corrientes de aire caliente dejan marcas grisáceas en la pared, una señal de que el polvo se ha desplazado con el uso de la calefacción.

Cómo limpiar los radiadores antes de encender la calefacción

Una persona trata de solventar los problemas con un radiador en un hogar. / Freepick
Una persona trata de solventar los problemas con un radiador en un hogar. / Freepick

Antes de empezar, la calefacción debe estar apagada y el radiador completamente frío para evitar quemaduras. Colocar una toalla vieja debajo ayuda a recoger lo que vaya cayendo.

  • Paso 1: aspirar las zonas accesibles. El primer paso consiste en pasar una aspiradora con boquilla estrecha o un accesorio de cepillo suave por las aberturas superiores y los huecos accesibles. Para llegar más al fondo pueden usarse cepillos largos o plumeros flexibles, con cuidado de no dañar las aletas metálicas.
  • Paso 2: desplazar el polvo con aire frío. Otra alternativa consiste en recurrir a un secador de pelo con aire frío y una intensidad alta. Al dirigirlo hacia el espacio entre el radiador y la pared, el polvo suelto cae hacia abajo, donde la toalla lo recoge. Este método resulta útil en los puntos donde no cabe la boquilla de la aspiradora.
  • Paso 3: repasar el exterior. Una vez limpio el interior, la superficie externa puede repasarse con una bayeta suave ligeramente humedecida con agua templada y jabón neutro, bien escurrida para evitar que el agua llegue a juntas o conexiones. No se recomienda usar estropajos abrasivos ni echar agua directamente por las rendijas, porque puede quedar retenida en puntos difíciles de secar.

Diferencia entre limpiar y purgar un radiador

Para limpiar mejor, debes saber estos trucos

La limpieza y el purgado resuelven problemas distintos. La primera retira el polvo acumulado en el exterior y en los huecos internos del aparato. El purgado, en cambio, elimina el aire atrapado en el circuito de agua de la calefacción, un problema que ninguna limpieza, por completa que sea, puede solucionar.

Ambas tareas son complementarias. Un radiador puede estar limpio por fuera y, al mismo tiempo, calentar de forma irregular porque el circuito contiene aire. Algunas señales permiten identificar cuándo hace falta purgar: ruidos de burbujeo al encender la calefacción o una parte superior del radiador que permanece fría mientras la inferior sí alcanza temperatura.

Por qué purgar el radiador antes de encender la calefacción

El aire acumulado en el circuito, más ligero que el agua, tiende a situarse en la parte alta del radiador y bloquea la circulación del agua caliente. El resultado es un radiador que calienta de forma desigual, con la zona superior fría.

Radiador. (Adobe Stock)
Radiador. (Adobe Stock)

Según las recomendaciones del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (Idae), el aire contenido en el interior de los radiadores dificulta la transmisión de calor desde el agua hacia el exterior, por lo que conviene purgarlos al menos una vez al año, al iniciar la temporada de calefacción. El organismo señala que este tipo de medidas de bajo coste, junto con otras como la instalación de válvulas termostáticas, pueden reducir el gasto energético del hogar entre el 10% y el 40 por ciento.

El procedimiento debe realizarse con la caldera apagada y los radiadores fríos. Localizada la válvula de purga, en uno de los laterales superiores, se coloca un recipiente debajo y se afloja con una llave específica en sentido contrario a las agujas del reloj. Un silbido indica que sale el aire; cuando el agua fluye de manera continua y sin burbujas, se cierra la válvula. Después conviene revisar la presión del circuito en el manómetro de la caldera, que suele bajar durante la operación, y ajustarla según las indicaciones del fabricante, generalmente entre 1,5 y 2 bares.

Si tras purgar los radiadores persisten los ruidos o las zonas frías, conviene consultar con un técnico, ya que el problema puede estar en la bomba de circulación o en otro punto del sistema de calefacción.

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