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Heredar una casa entre varios hermanos puede acabar en conflicto: el problema que conviene prever en el testamento

Las diferencias sobre vender, conservar o utilizar una vivienda pueden bloquear el patrimonio durante años, por lo que la planificación sucesoria adaptada a cada familia permite anticipar desacuerdos

Un hombre firma su testamento ante una notaria. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Heredar una vivienda entre varios hermanos puede convertirse en una fuente de conflictos cuando cada uno tiene intereses distintos sobre el inmueble. Mientras uno quiere conservar la casa familiar, otro prefiere venderla y recibir su parte del dinero. Si no hay acuerdo, el patrimonio puede quedar bloqueado y las diferencias económicas terminar agravando las relaciones familiares. Anticipar estas situaciones es una de las razones por las que conviene revisar el testamento y adaptar el reparto a las circunstancias de cada familia.

El abogado Abel Marín, socio fundador de Marín Mateo Abogados y especialista en herencias, defiende que las últimas voluntades no deben considerarse un documento inamovible debido a que la familia y el patrimonio evolucionan con el tiempo y que las decisiones sucesorias deben ajustarse a esos cambios.

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“En la vida hay que hacer tantos testamentos como la vida nos vaya cambiando”, sostiene Marín. Tener hijos, iniciar una nueva relación, adquirir una vivienda o atravesar un cambio económico son algunas de las circunstancias que pueden hacer necesario revisar el documento para que siga respondiendo a la realidad personal y familiar.

Una vivienda no siempre se puede repartir como el dinero

La dificultad de repartir una herencia aumenta cuando una parte importante del patrimonio está formada por inmuebles. La casa familiar, una vivienda en el pueblo o un apartamento de vacaciones pueden tener valores distintos y una carga emocional que complique las decisiones. A diferencia del dinero, una propiedad no siempre puede dividirse de forma sencilla entre varios herederos.

Uno de los errores más frecuentes que se cometen en la herencia.

Las discrepancias aparecen cuando los intereses no coinciden. Uno de los hermanos puede querer conservar la vivienda, otro necesitar liquidez y un tercero considerar que el inmueble está infravalorado. La situación se complica si alguno ya reside allí, si existen limitaciones urbanísticas o si ninguno dispone de recursos suficientes para compensar económicamente a los demás.

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Marín resume una de las tensiones habituales durante estos repartos: “Lo que yo me quiero quedar lo valoro más barato y lo que los demás se quieren adjudicar lo valoro más caro”. Prever estas diferencias puede ayudar a reducir la incertidumbre, aunque no garantiza que todos los herederos estén de acuerdo.

Dejar todos los bienes a partes iguales puede no ser la solución

Repartir el patrimonio por igual entre los hijos puede parecer la fórmula más justa y sencilla. Sin embargo, también puede convertirlos en copropietarios de varias viviendas y obligarlos a ponerse de acuerdo sobre su uso, mantenimiento, gastos y posible venta. Lo que funciona al principio puede dejar de hacerlo con el paso de los años, cuando cambian las necesidades y prioridades de cada hermano.

“Pasan diez años y algunos ya no van porque no pueden, otros porque no quieren, otros van demasiado y otros se apropian del espacio. Hay gastos que pagar y esas cosas suceden”, explica el abogado. Las propiedades compartidas pueden convertirse así en un foco de desacuerdo, especialmente cuando unos herederos utilizan los inmuebles más que otros o discrepan sobre quién debe asumir los gastos.

Por eso, la planificación sucesoria no debería limitarse a decidir quién recibe cada bien. También conviene anticipar cómo se gestionarán las propiedades compartidas y qué ocurrirá si uno de los herederos quiere vender mientras otro desea conservarlas. Prever estos escenarios puede evitar que la falta de consenso prolongue los problemas durante años.

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El testamento debe adaptarse a los cambios familiares

La compra o venta de una vivienda no es el único motivo para revisar las últimas voluntades. El nacimiento de hijos o nietos, un divorcio, una nueva pareja o la formación de una familia reconstituida pueden modificar las necesidades de quienes participan en la herencia. Si el testamento sigue reflejando una situación familiar del pasado, el reparto previsto podría dejar de responder a las prioridades actuales.

“No es lo mismo tener treinta años, cuarenta, cincuenta, sesenta u ochenta”, a juicio de Marín. “Los hijos pueden ser pequeños o puede no haber hijos, puede haber obligaciones financieras o pueden aparecer deudas en algún momento”.

Las segundas parejas y las familias con hijos de relaciones anteriores también pueden añadir complejidad a la sucesión. En estos casos, conviene analizar si la planificación tiene en cuenta a todos los implicados y si el reparto previsto puede generar tensiones entre los distintos miembros de la familia.

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