“Esto es asqueroso, pero a veces toca”, asegura Juan José Ebenezer, mecánico y creador de contenido en redes sociales, en una publicación reciente en la que muestra el desmontaje de un motor. “Muchas veces pensáis que los mecánicos trabajamos de limpio. Dependiendo de la faena, sí que es un trabajo muy bonito. Pero hay veces que el trabajo es sumamente asqueroso”, añade.
El fogueo de los inyectores termina por afectar a todos los motores de este tipo
El mecánico explica la reparación a la que se enfrenta: “Este motor mil seiscientos, la verdad, es que da muy buen resultado, pero siempre todos los inyectores en todos los coches acaban fogueando, nos guste o no nos guste”, afirma.
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El inconveniente, señala, no está tanto en la avería en sí misma como en la suciedad que puede generar si se tarda en detectarla: “En función del tiempo que tardemos en darnos cuenta de ese fogueo, nos va a manchar todo esto, porque se va a poner el coche guarrísimo y después tendremos que limpiarlo, porque magia no hacemos”, explica el mecánico. Esa suciedad, explica, se origina por la mezcla de barro, hollín y grasa que libera el propio motor durante su funcionamiento.
El fogueo al que se refiere el mecánico tiene una explicación técnica conocida en el sector. Entre el cuerpo del inyector y la culata se instala una arandela de cobre diseñada para sellar los gases que se generan dentro de la cámara de combustión. Cuando esa arandela pierde estanqueidad, por desgaste o por un par de apriete incorrecto en los tornillos que sujetan el inyector, los gases de combustión escapan hacia la parte alta del motor y forman una masa de carbón pegajoso que termina por bloquear la pieza en su alojamiento, según detalla un informe técnico publicado por la plataforma de recambios Partauto.
El resultado, de acuerdo con la misma fuente, es la acumulación de depósitos carbonizados que pueden llegar a mezclarse con el aceite del motor y afectar a otros componentes, como los conductos de lubricación del turbocompresor. Por ese motivo, el propio informe recomienda revisar las arandelas de cobre de los inyectores y sustituirlas si se encuentran fogueadas o en mal estado, además de cambiar los retenes y los tornillos de las bridas de sujeción.
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Una pieza clave se desprende junto al inyector durante el desmontaje
Durante el proceso, el mecánico muestra el motivo técnico concreto de esta avería: un pequeño cilindro que debería permanecer alojado dentro del inyector y que, en este caso, salió pegado a la pieza. “Es un cilindro que va dentro del inyector y aquí está y aquí no está”, explica, mientras señala el hueco vacío donde debería encontrarse.
La pieza, según detalla, quedó gripada y se desprendió junto con el inyector en lugar de mantenerse en su ubicación original dentro del motor. Este tipo de incidencia coincide con lo que describe el portal especializado Autodoc, que señala que la acumulación de hollín en la punta del inyector puede obstruir los microorificios de salida, de un diámetro inferior al de un cabello humano, y deformar el abanico de pulverización del combustible.
El propio portal detalla que, cuando el problema se limita a la acumulación de residuos sin desgaste mecánico interno, suele recurrirse a una limpieza por ultrasonidos en una cuba con solventes descarbonizantes, el mismo procedimiento que Ebenezer aplica en el video para intentar recuperar la pieza antes de descartarla.
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El mecánico recomienda evitar los retornos alternativos
Ebenezer también ofrece una recomendación basada en su experiencia con los retornos de los inyectores, piezas que suelen romperse al desmontarlas. “Mi consejo es que no pongáis alternativos con los retornos, poned los originales”, dice.
El motivo, explica, tiene que ver con fallos detectados en reparaciones anteriores: “Muchísimas ocasiones ya me he pasado de ponerlos alternativos y que se acaben soltando o que acaben partiéndose antes de tiempo”.
Esta recomendación coincide con lo que señalan otras fuentes del sector sobre el desgaste de los inyectores diésel. Según el portal especializado Diariomotor, cuando las piezas internas de un inyector pierden hermeticidad, el combustible vuelve por el circuito en lugar de salir correctamente pulverizado, lo que provoca pérdidas de presión, mayor consumo y más generación de hollín, un ciclo que puede agravar el mismo problema que Ebenezer intenta resolver en su taller.
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Aunque reconoce que las piezas originales tienen un coste algo mayor, el mecánico considera que la diferencia compensa frente al riesgo de quedarse averiado en carretera. “Lo que un cliente no quiere es ir por la autovía y llamarte un viernes a las seis de la tarde, que se ha quedado tirado con el coche oliendo a gasoil y un charco en el suelo”, concluye.
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