Tamara Falcó siempre ha tenido una relación especial con las casas. Ha vivido en muchas, las ha transformado, las ha decorado y ha sabido convertir cada una en un hogar temporal que reflejaba su personalidad. Sin embargo, durante buena parte de su vida adulta, la marquesa de Griñón no sintió la necesidad de comprar una vivienda. Se movía con naturalidad entre alquileres, disfrutando de la libertad de cambiar de barrio, de estilo y de etapa sin ataduras. Hasta que una conversación con su hermana Chábeli lo cambió todo.
En una entrevista con Arquitectura y Diseño, Tamara recordó aquel momento decisivo. Su hermana Chábeli Iglesias, que vive en Miami y es conocida por su pasión por comprar, decorar y vender casas, llevaba tiempo insistiendo en que debía dar el paso. “Mi hermana Chábeli, que adora comprar casas, vestirlas, vivirlas y luego venderlas, siempre me recomendó comprarme una porque llevo toda la vida rentando”, confesó Tamara. Y el consejo terminó calando.
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La marquesa reconoce que, más allá del aspecto emocional, había un motivo práctico que la empujó a escuchar a su hermana: necesitaba una forma de ahorrar que realmente funcionara para ella. “Según ella, la mejor forma de ahorrar es comprar una vivienda, así que dicho y hecho”, cuenta en las páginas. Con la sinceridad que la caracteriza, Tamara admite que si el dinero se queda en su cuenta, tiende a gastarlo en caprichos. Comprar una casa era, en cierto modo, una manera de protegerse de sí misma.
La decisión llegó en un momento vital importante: su vida en pareja con Íñigo Onieva. Ambos vivían en el centro de Madrid y disfrutaban de esa zona, por lo que encontrar una casa que reuniera todas sus condiciones no fue sencillo. Uno de los requisitos indispensables era disponer de garaje en el mismo edificio, algo que limitaba mucho las opciones. Llegaron a visitar un piso en la calle Velázquez que, sobre el papel, parecía perfecto. Pero Tamara lo tuvo claro desde el primer instante: “Fue llegar allí y sentí que aquel no era el lugar”.
La búsqueda continuó hasta que encontraron la vivienda que finalmente se convirtió en su primera casa en propiedad. “Más tarde vinimos aquí y, la verdad, nos quedamos en shock por lo bonito y acogedor que era”, recuerda. La propiedad, situada en el residencial The Collection by Kronos Homes, cuenta con unos 190 metros cuadrados, terraza y piscina. Para Tamara, no era solo una inversión: era el lugar donde comenzaría una nueva etapa junto a Íñigo.
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Tamara guarda recuerdos de todas las viviendas que han marcado su vida. Desde su etapa como estudiante en Estados Unidos, donde pasó de una habitación compartida a un diminuto dormitorio conocido como “suicide singles”, hasta sus pisos en Madrid: Ópera, Salamanca, Salesas. En cada uno dejó su huella. Pintó, reorganizó, limpió, decoró. Siempre supo hacer suyo el espacio, aunque no fuera suyo.
Ahora, su relación con la vivienda ha cambiado. Tiene su casa propia y también su parte del palacio de El Rincón, la propiedad familiar que heredó junto a sus hermanos y que hoy se utiliza para rodajes. Aun así, no reniega de su etapa de alquiler. “El centro me encanta, pero todo tiene su momento”, afirma. Una filosofía que aplica a casi todo en su vida: confiar en que cada oportunidad llega cuando debe llegar.
“Hay que lanzarse a la aventura y confiar en que todo va a salir bien”, sentencia Tamara. En su caso, aquella aventura empezó con un consejo de Chábeli y terminó con la primera casa que decidió comprar.
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