Hace ya una década, una pequeña rana de no más de cinco centímetros consiguió lo que en muchos otros puntos de España no se ha logrado: frenar un proyecto medioambientalmente perjudicial al que los vecinos se oponían. Ocurrió en la parroquia de Lesta, en el municipio gallego de Ordes (A Coruña), donde estaba prevista la construcción de un vertedero.
La corporación municipal de la localidad rechazaba el proyecto, asegurando que dicha instalación tendría un serio impacto ambiental y social en la zona. Pese a esta reticencia, parecía que finalmente se llevaría a cabo, hasta que los biólogos pusieron el foco sobre la ranita de San Antón o San Antonio (Hyla molleri).
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Esta especie de anfibio, protegida en España por el declive de su población, habitaba la zona, al igual que otras como la rana patilarga (Rana iberica), la rana bermeja (Rana temporaria) o la salamandra rabilarga (Chioglossa lusitanica), todas ellas incluidas en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial, elaborado por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO).
Tanto los biólogos como el Ayuntamiento destacaron la importancia de proteger la población existente de la ranita de San Antón y el arroyo asociado a su hábitat. Gracias a esto, se consiguió salvar el enclave y, por este motivo, los vecinos del municipio decidieron hacer una fiesta en su honor: la Festa da Ra de Santo Antón de Lesta, que refuerza la identidad del lugar y homenajea la fauna que contribuyó a frenar la construcción del vertedero.
Solo habita en Francia, Portugal y España
La ranita de San Antón se distribuye por amplias zonas de España y Portugal, así como por el suroeste de Francia, aunque es en nuestro país donde cuenta con su mayor amplitud, al ocupar 12 comunidades autónomas. Sin embargo, su población ha sufrido un severo declive.
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Según explicó la doctora Eva Graciá, presidenta de la Asociación Herpetológica Española (AHE), durante la presentación de la Lista Roja Nacional de España el pasado mes de mayo, en los últimos 10 años se estima que se ha perdido un 45% de la población de esta especie en nuestro país.
Estos datos se enmarcan en un contexto de descenso de las poblaciones de anfibios en España, pues se estima que el 25% de estos están amenazados. La ranita de San Antón, de hecho, se enmarcaría en la categoría de “vulnerable” según los datos de la AHE, aunque, por el momento, la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) continúa describiéndola como “de preocupación menor” (aunque con una tendencia poblacional decreciente), sin actualizaciones desde 2024.
Enfermedades, especies invasoras o el cambio climático
Entre las amenazas a las que se enfrenta este anfibio, destaca especialmente la pérdida y degradación de sus hábitats, tanto el terrestre como el acuático. Los cultivos intensivos o las carreteras, entre otros, hacen que las ranas no puedan cruzar, interrumpen las charcas y dificultan el intercambio genético.
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La expansión del cangrejo rojo americano, una de las especies exóticas invasoras más difíciles de erradicar en España, también influye, al igual que el cambio climático, que cambia el régimen de precipitaciones; la contaminación y las enfermedades infecciosas emergentes, como los hongos quitridios o el ranavirus.
Como acciones de conservación para evitar la extinción de esta especie, Graciá propone, por ejemplo, la creación de charcas artificiales que favorezcan la conexión de los ejemplares. También acciones de educación ambiental o el control de las poblaciones del cangrejo rojo americano y de otros peces invasores.
La directora de la AHE pone el foco, además, en la plantación de refugios arbustivos alrededor de estos puntos de agua, en torno a los que también serían necesarios vallados o semivallados si hay presencia cercana de ganado doméstico o ungulados silvestres, que pueden entrar en las charcas.
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“Si no conservamos los hábitats, va a ser imposible conservar a las especies. Haciendo esto, vamos a favorecer a otras especies y a los servicios ecosistémicos que nos prestan esos hábitats”, explica la experta, que señala que, al final, los beneficios se retroalimentan si se llevan a cabo medidas de conservación.
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