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La huella molecular que deja la menopausia puede ayudar a predecir el riesgo de Alzheimer: hasta 16 proteínas se alteran

El cambio de ciertas proteínas durante la menopausia se relacionan con un mayor riesgo de sufrir demencia años después

Una mujer mira por la ventana mientras sostiene una tablet (Magnific)

Una extracción de sangre realizada durante la mediana edad podría contener información clave sobre cómo está envejeciendo el organismo y, en particular, sobre determinados procesos relacionados con la salud cerebral. Así lo indica un estudio de la UC San Francisco (Estados Unidos) tras observar que el cambio de ciertas proteínas durante la menopausia se relacionan con el envejecimiento biológico y con un mayor riesgo de desarrollar demencia tipo Alzheimer años después.

La investigación, publicada en Nature Medicine, en la que participaron científicos de varias instituciones, analizó datos de diferentes grupos de mujeres para estudiar qué sucede a nivel molecular durante la transición menopáusica. El trabajo reúne información de casi 15.000 mujeres y apunta a que los cambios observados en la sangre están relacionados más con las modificaciones hormonales propias de esta etapa que con la edad cronológica.

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Los resultados no significan que una analítica pueda diagnosticar el Alzheimer décadas antes de que aparezcan los síntomas, puesto que se trata de asociaciones estadísticas que todavía deben confirmarse. Sin embargo, el estudio aporta nuevas pistas sobre la relación entre menopausia, envejecimiento y salud cerebral.

Las proteínas que cambian durante la menopausia

Para identificar estas modificaciones, los investigadores comenzaron estudiando a 80 mujeres de entre 43 y 58 años, clasificadas según se encontraran en la premenopausia, perimenopausia o posmenopausia. Mediante una técnica de proteómica de alta sensibilidad analizaron 118 proteínas relacionadas con el sistema nervioso central.

El análisis permitió identificar 16 proteínas cuyos niveles eran diferentes en las mujeres posmenopáusicas respecto a las premenopáusicas. Estas moléculas estaban relacionadas con distintos procesos, entre ellos la inflamación, la actividad neuronal, el metabolismo y mecanismos vinculados con la enfermedad de Alzheimer.

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Entre las proteínas identificadas aparecieron CCL13, CCL11 y CCL2, relacionadas con procesos inflamatorios, además de CNTN2, ACHE, SNAP25 y BDNF, vinculadas con funciones neuronales. También se detectaron BACE1 y p-tau231, proteínas relacionadas con la biología del Alzheimer.

Uno de los hallazgos más llamativos es que el perfil de proteínas parecía estar más relacionado con el estado hormonal que con la edad. Los investigadores analizaron el comportamiento del estradiol, la progesterona y la hormona foliculoestimulante, conocida como FSH.

La huella molecular de la menopausia

Para resumir la información de las 16 proteínas, los investigadores desarrollaron una puntuación capaz de representar el perfil molecular asociado a la menopausia. Esta puntuación aumentaba progresivamente desde la premenopausia hasta la perimenopausia y la posmenopausia.

El equipo también utilizó datos del Biobanco del Reino Unido para estudiar el envejecimiento biológico de diferentes órganos. Las mujeres posmenopáusicas presentaban una mayor edad biológica de la esperada para su edad cronológica en numerosos órganos y tipos celulares, incluidos el cerebro y las células precursoras de oligodendrocitos, relacionadas con la producción y mantenimiento de la mielina.

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La investigación fue un paso más allá y analizó si esta huella molecular podía relacionarse con la evolución cognitiva. Para ello, los investigadores recurrieron a varias cohortes independientes de mujeres de mayor edad.

Los resultados mostraron asociaciones entre una puntuación más posmenopáusica y un mayor deterioro cognitivo en diferentes grupos. En el Biobanco del Reino Unido, donde miles de mujeres fueron seguidas durante años, cada incremento de la puntuación se relacionó con un aumento aproximado del 15% en el riesgo de desarrollar demencia tipo Alzheimer.

El resultado debe interpretarse con cautela, ya que no demuestra que estos cambios proteicos provoquen la enfermedad ni permite utilizar actualmente esta puntuación como una prueba diagnóstica. La asociación observada indica que existe una relación que merece seguir investigándose.

Aun así, el trabajo ofrece una perspectiva diferente sobre la menopausia, una etapa no solo implica cambios reproductivos, sino también profundas modificaciones hormonales y biológicas que pueden afectar a distintos órganos. Comprender cómo se reflejan esos cambios en la sangre podría ayudar en el futuro a identificar mecanismos relacionados con el envejecimiento cerebral y a estudiar nuevas estrategias para proteger la salud cognitiva a largo plazo.

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