Craftsman Chris —Chris el Manitas— ha utilizado un aire acondicionado que encontró en la basura para montar en casa un sistema de refrigeración que transporta hacia tuberías enterradas el calor extraído del interior de la vivienda. Así lo cuenta en un vídeo reciente en su canal de Youtube.
Se entiende que de ahí viene lo de ‘el manitas’. Al aparato le hacía falta una limpieza y algo de mantenimiento, pero cuatro de sus componentes esenciales estaban intactos a pesar de haber sido ya carne de punto limpio cuando lo encontró Chris.
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Un aire acondicionado que disipa el calor en el subsuelo
Un aire acondicionado no genera frío: extrae calor y parte de la humedad del aire interior. El equipo aspira el aire de la habitación y lo hace pasar por el evaporador, donde un refrigerante a baja temperatura absorbe ese calor. Un ventilador devuelve después el aire, más frío y seco, a la vivienda.
El calor recogido viaja con el refrigerante hasta el condensador, instalado habitualmente en la unidad exterior. Allí se libera al ambiente, razón por la cual esa unidad expulsa aire caliente. Chris modificó ese último tramo: en vez de transferir el calor al aire de la calle, rodeó el condensador con agua y la hizo circular por un sistema de tuberías que ya tenía enterrado en el jardín.
Para conseguirlo, construyó un depósito metálico artesanal alrededor del condensador y lo llenó con el agua que circula por esas tuberías. De esta forma, el condensador queda rodeado de agua en lugar de aire, y es el agua la que absorbe el calor y lo transporta hasta las tuberías del jardín.
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Las tuberías están enterradas a entre 1,8 y 2,4 metros de profundidad y suman 610 metros repartidos en cuatro tramos de unos 152 metros. A esa profundidad, la temperatura del terreno se mantiene estable durante todo el año, sin las variaciones que sufre el aire exterior entre el día y la noche o entre estaciones.
Ese circuito de tuberías existía antes de este proyecto y tenía otro propósito: hacer circular agua directamente por él para refrescar la vivienda sin usar ningún aparato, aprovechando solo la temperatura fresca de la tierra. El terreno, sin embargo, no absorbía por sí solo todo el calor que la vivienda necesitaba eliminar. Chris incorporó el aire acondicionado al circuito para aumentar la cantidad de calor que se transfiere hacia la tierra.
El circuito por el que viaja el gas refrigerante permaneció cerrado durante toda la modificación. Solo se cambió la posición del condensador y se construyó el depósito de agua a su alrededor; las tuberías internas del gas no se abrieron. Esto evita liberar refrigerante a la atmósfera, algo relevante porque muchos aparatos antiguos usan gases con un potencial de calentamiento global muy superior al del CO₂.
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El aire que salía del aparato hacia la vivienda tenía una temperatura de entre 9,4 y 12,2 grados Celsius. En el circuito enterrado, el agua salía entre 1,7 y 2,8 grados más caliente de lo que entraba, lo que confirma que el calor llegaba hasta la tierra y esta lo absorbía.
No se ha medido el consumo eléctrico del compresor ni de la bomba que mueve el agua, datos necesarios para saber si el sistema es más o menos eficiente que un aire acondicionado convencional. Tampoco se sabe cómo se comportará el terreno durante una temporada completa: si absorbe calor de forma continua sin que su temperatura suba, o si con el tiempo se satura y reduce la capacidad del sistema para seguir cediéndole calor. De momento es más un experimento que un sistema infalible. Pero parece que funciona.
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