La desclasificación de los documentos de inteligencia de la crisis de Ceuta ha causado controversia entre analistas. Ante las diferencias entre versiones de Interior y Defensa, el Gobierno optó por publicar todos los informes y que todos los ciudadanos puedan consultarlos. Sin embargo, al existir tanto un procedimiento judicial como una tensa situación diplomática, surge la pregunta sobre qué pesa más en el debate entre transparencia y protección de las capacidades del Estado.
El catedrático experto en inteligencia José Luis González Cussac explica a Infobae cuál es el principal riesgo de la difusión de información de servicios de Inteligencia. El especialista admite la importancia de la transparencia, aunque advierte de que puede “derivar en ciertos riesgos para la seguridad” si deja al descubierto cómo se producen las comunicaciones entre organismos españoles. También explica que la información que comunican el CNI y otros servicios no son una certeza sobre hechos futuros y aborda cómo se avisó a Marruecos previamente.
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La lógica que explica González Cussac se conoce como el “mosaico”. Un dato aislado puede parecer irrelevante, aunque cobra otra dimensión al vincularse con otros fragmentos. “Otros países pueden completar el mosaico”, resume el planteamiento sobre los efectos de revelar documentos clasificados. En una crisis con Marruecos, mostrar alertas o comunicaciones puede tener consecuencias que van más allá del contenido de un documento. También puede mostrar cómo circula la información dentro de la Administración, qué organismos intervienen y cuál es el nivel de colaboración con servicios de otros Estados.
Los servicios mantienen contacto incluso en guerra
Para Cussac, el intercambio de información entre España y Marruecos ante una amenaza compartida responde a la lógica habitual de los servicios de inteligencia. Aunque las relaciones diplomáticas atraviesen periodos de tensión, los canales entre organismos de seguridad se mantienen abiertos. “Incluso en una guerra los servicios nunca rompen la comunicación”, afirma.
El experto sitúa esa cooperación en la prevención de riesgos vinculados al control de los movimientos de personas y a posibles amenazas terroristas. Marruecos es, a su juicio, “un aliado en muchos aspectos” y la comunicación con sus servicios resulta esperable cuando hay datos que pueden afectar a ambos lados de la frontera. La existencia de un aviso, sin embargo, no equivale a la certeza de que vaya a producirse una entrada masiva ni permite anticipar qué personas cruzarán el perímetro fronterizo. “Un informe de inteligencia no es una bola de cristal”, explica González Cussac. Los servicios pueden identificar indicios, movimientos o concentraciones de personas, pero su función consiste en determinar escenarios probables, no en decidir cómo actuar.
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Problema en la cadena de información
En el caso de Ceuta, González Cussac considera poco probable que una concentración al otro lado de la frontera no fuera detectada por los dispositivos desplegados. La cuestión, apunta, reside en cómo se trasladó el dato dentro de la Administración y qué respuesta recibió en cada escalón. “La cosa es si se transmite bien y se comunica bien en toda la cadena”, señala.
Cada organismo cuenta con una estructura jerárquica. El CNI, las Fuerzas Armadas y la Guardia Civil pueden aportar información desde sus ámbitos de competencia, que después debe llegar a los responsables políticos y operativos. No existe una norma pública que detalle la diferencia entre una nota informativa y una alerta formal. “No debemos saberlo”, sostiene el experto, en referencia a que hay procedimientos que deben ser reservados. El especialista también remarca que lo ocurrido es una “sorpresa estratégica”, en la que había señales previas, pero donde la reacción pudo no ajustarse a la rapidez o la dimensión de hechos nunca antes vistos.
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