Mark Zuckerberg y Priscilla Chan han encontrado un nuevo refugio lejos de Silicon Valley. El matrimonio acaba de hacerse con Strancally Castle, una histórica propiedad situada en Waterford, en el sureste de Irlanda, que reúne todos los ingredientes de una residencia de película: un edificio neogótico, cientos de hectáreas de naturaleza y acceso directo al río Blackwater.
La operación se ha realizado discretamente y sin que haya trascendido el precio definitivo. Las estimaciones publicadas por medios como The Irish Times apuntan, sin embargo, a una cantidad situada entre 20 y 30 millones de euros. Una cifra acorde con las dimensiones y la singularidad de una finca que ahora pasa a formar parte del gigantesco patrimonio inmobiliario de una de las mayores fortunas tecnológicas del mundo.
Zuckerberg no ha comprado esta propiedad para trasladar allí su residencia habitual. Estados Unidos seguirá siendo el hogar de la familia, mientras que Strancally tendrá una función mucho más concreta: convertirse en su alojamiento cuando viajen a Irlanda. Y existe una razón empresarial detrás de esta elección.
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Y es que, para el fundador de Facebook, Irlanda no es únicamente un destino europeo. Es también un territorio estrechamente relacionado con su imperio empresarial. Meta mantiene en el país su sede internacional, además de una importante estructura de trabajadores y operaciones.
De esta forma, la nueva adquisición permite combinar negocios y privacidad. Tras una jornada de trabajo, el matrimonio podrá retirarse a una finca alejada del bullicio urbano, rodeada de naturaleza y con un río como parte del paisaje.
El escenario resulta especialmente llamativo. Strancally Castle ocupa unas 178 hectáreas, en las que se alternan zonas de bosque, pastos y espacios ajardinados. La propiedad también dispone de un embarcadero particular sobre el Blackwater, uno de los grandes atractivos naturales de la zona.
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Una mansión construida hace casi 200 años
Aunque la imagen pueda recordar a una fortaleza medieval, el edificio que ahora pertenece a Zuckerberg es mucho más reciente. Su construcción comenzó en la década de 1820 y quedó terminada hacia 1830, cuando fue levantado para John Keily, antiguo diputado británico.
El proyecto fue diseñado por los hermanos James y George Richard Pain, responsables de algunas construcciones destacadas de la arquitectura irlandesa. Su propuesta para Strancally apostó por el Gothic Revival, una corriente que recuperaba elementos propios de la arquitectura medieval.
El resultado es una residencia de grandes dimensiones, con aproximadamente 1.486 metros cuadrados, en la que destacan sus torres y otros elementos arquitectónicos propios de los castillos europeos. El aspecto exterior es precisamente uno de los principales atractivos de la propiedad.
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No obstante, el interior no deslumbra mucho menos y la grandeza de sus habitaciones suele dejar a los invitados impresionados. Sus pasillos albergan metros y metros y el citado medio irlandés explica que en transitar desde el gran comedor principal hasta la cocina se suele tardar unos cuatro minutos y medio.
Pero si algo diferencia a esta finca de una mansión convencional es el espacio que la rodea. Aquí el jardín no termina en una valla: el territorio se extiende durante kilómetros entre árboles, praderas y el cauce del río.
Una propiedad que necesitó décadas de trabajo
Los Zuckerberg reciben además una finca que no ha permanecido intacta durante generaciones, sino que ha sido objeto de un largo proceso de recuperación.
Michael y Giancarla Alen-Buckley adquirieron Strancally en 2001 y durante aproximadamente un cuarto de siglo se encargaron de restaurar tanto el edificio como sus terrenos. El trabajo permitió recuperar una propiedad que requería una importante inversión y devolver protagonismo a su entorno natural. Los antiguos propietarios han expresado su satisfacción por que la finca continúe en manos de una familia con capacidad para mantener ese esfuerzo de conservación.
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La historia del lugar, además, tiene un capítulo bastante más antiguo. Cerca del actual edificio se conservan los restos de otro Strancally Castle, una fortificación medieval vinculada a la familia Desmond. Alrededor de esas ruinas nació una de las leyendas más oscuras de la zona: la existencia de un supuesto pasadizo utilizado para arrojar a visitantes al río después de atraerlos hasta la fortaleza. No obstante, esa historia forma parte de la tradición local y no existen evidencias que demuestren que los asesinatos llegaran a producirse.
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